Pestañas

agosto 23, 2008

Sobre el cuestionamiento y la fuerza de voluntad

De repente me voy dando cuenta que cada vez que uno se hace más viejo se va cuestionando menos, que esas preguntas que uno cree tontas (como contar cuantas personas estarán pensando estupideces, como uno) no se las hace más, que uno termina discutiendo las cosas importantes con la familia y amigos en vez de aportar esas geniales ideas al gobierno de turno o la autoridad correspondiente. Supongo que, generalmente, será por la falta de autoestima, por creer que nuestras propuestas ya fueron presentadas o porque más de alguien tendrá algo mejor que decir que lo que uno pueda ofrecer. Claro que muy pocas veces, muy pocas, sería por la comodidad que se tiene ante alguna situación que desfavorece a otros pero que a uno no desequilibra, simplemente apela a ese sentido de justicia que sacas cada vez que ves a un pobre mendigar, a una familia pedir socorro ante el anegamiento o cosas por el estilo. Me voy dando cuenta de que los niños y adolescentes tienen una capacidad enorme que desaprovechan, al igual que su tiempo, y que los adultos ansían esa capacidad de hacer y soñar o de “poder hacer” que abunda en la boca de esos aletargados púberes.. La vida se vive una vez, y ¿Quién no desaprovechó esas energías? ¿Quién no dejó pasar esas oportunidades? Sé que mal de muchos es consuelo de tontos, pero este “mal” es totalmente razonable esta vez. Supongo. El tema del cuestionamiento es extraño. Quizás a medida que uno crece (no quizás, me doy toda la razón) se va respondiendo varias dudas, unas más complejas e interesantes que otras. Pero a medida que uno sabe más, ¿No deberían aparecer más de estas enemigas del ocio? ¿No debería uno, como cientista social, estar en constante investigación? Dar por sentado o por obvias las situaciones cotidianas es algo que hacemos constantemente: vivimos en medio de comodidades, inmersos en un sistema que realmente nos absorbe. Somos parte de él, necesariamente. Y digo necesariamente porque a pesar de nuestro afán de repartidores de esperanzas y anhelos, el sistema siempre nos llama diciendo “Disculpa, ¿Quieres levantar y ayudar a los necesitados? ¿Y de qué recursos dispones si te enfrentas a mi, el omnipotente (y egoísta, destructivo y asesino) sistema?”. Ahí es donde compruebo mi punto: no vale la pena criticar un modelo, ya sea económico, cultural, social, o político si no se conoce desde dentro. De ahí sale la mejor crítica, y de ahí se pueden hacer muchas mas cosas. Ahora, ¿parches? Claro que pueden desarrollarse, como también las mejores reformas. Aunque la revolución francesa y sus innovaciones no dependieron de la instrucción cívica de los campesinos, ellos simplemente estaban descontentos con el teje-maneje político contingente y se abalanzaron contra Bastilla con lo que encontraron (hachas, picos, palas, lo que fuese). Pero seamos utópicos un rato. El pensamiento rupturista no tiene porque desaparecer. La ideología se lleva dentro y no tiene porque venderse por una vida dentro del sistema. La problemática principal viene dada por el cause que se le da a ésta (la vida dentro del sistema), por cómo se hacen las cosas, qué caminos se toman. Para esto tengo un término muy específico, y debo confesar que pronto levantaré una iglesia con el argumento: La Fuerza de Voluntad. Inmiscuirse en un matadero de animales no es una tarea fácil para nadie. Sobretodo si perteneces al afamado -pero desconocido por esos viejos conservadurachos- grupo de Personas por la Ética en el Trato de los Animales (PETA). Trabajar unos meses recopilando información sobre cómo golpean, extorsionan, masacran y hasta sacan provecho sexual de esas pobres especies denigradas por el animal más débil del planeta no debe ser algo entretenido de hacer. Es ahí cuando, estando dentro del sistema putrefacto, debes recurrir a todo el auto-apoyo que puedes darte, inflar tus pulmones de Fuerza de Voluntad y archivar y archivar puñetazos de todos los tipos en tu retina, por el bien de tu objetivo. Piénsalo, ¿En qué situación debes usar ésta herramienta? Verás que no son pocas veces. Y es ahí donde debe centrarse nuestra atención. Basta colocarse en lugar del otro y jugar sus piezas. Ganarle en su juego. Tener la capacidad de mutar sin involucrarse demasiado, para, finalmente; llevar a cabo el objetivo principal con el que se comenzó la idea del cambio situacional determinado. Quebrar esquemas. Establecer nuestra idea de ‘bien’, de ‘felicidad’. Si se quiere, también de ‘libertad’, ‘amor’ y ‘fraternidad’. Exiliar al ‘individualismo’, al ‘egoísmo’. Promover la unión para finalmente concientizar a la masa y llevarla hacia lo que, en conjunto, estiman como la meta.

3 comentarios:

  1. no lo sé. difiero en algunas cosas como apoyo mucho otras, pero aún así el sentido de libertad se ve muy disminuido porque has tomado el término en base a la estrucura política y social, pero la verdad, NADIE es libre en esta sociedad, hasta el que lo sienta y lo piense, no lo es, nadie lo es, pero aún así podemos divagar en la utopisidad de nuestros pensamientos y querer que sea así.

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  2. pues no, NUNCA seremos libres, TODO nos controla querido amigo, y sí, algunas de tus cosas son DEMASIADO simples para que queden como respuesta a algo, ni por la teorìa de parsimonia.

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  3. es que somos seres sociales, lo sabes, y es disfuncional una persona que no sea parte de una sociedad pues es completamente necesario pertenecer primero que nada a la sociedad, y luego a un grupo específico para así adecuar nuestras conductas, pensamientos y demases. ¿en donde podremos ser libres? en ningún lado, pues aunque estemos aislados de una sociedad, seguimos atados a las condciones naturales del planeta, regidos por fuerzas y/o maneras de vivir y estar, es algo muy utópico la libertad completa. (:

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