junio 19, 2017

Cavilaciones sobre inteligencia emocional

Para resolver conflictos, construir lenguajes emocionales que permitan nutrir nuestras relaciones humanas siempre será un desafío. Si es que nos importa resolver estos conflictos y convertir estas relaciones en espacios trascendentales de desarrollo, este desafío será ineludible.
En cada amistad, en cada relación familiar o amorosa habrá que construir significados y objetivos comunes si es que se quiere superar un conflicto, desacuerdo o desentendimiento. Es frente a la posibilidad de construir ese lenguaje común, frente a la posibilidad de encontrarse en el desencuentro, que uno podrá decidir si horizontalizar el proceso y construir juntos, o generar asimetrías donde lo que termina ocurriendo es una superposición de necesidades en donde las de uno son satisfechas por la disposición emocional del otro, producto de este vago entendimiento de la situación problemática, todo a raíz de la diferencia de significaciones no ajustada inicialmente.
Sin ofrecer la posibilidad de confirmar, aclarar, ajustar o corregir, la vaguedad es la que opera y de ahí la asimetría. En suma, si esta asimetría se mantiene en el tiempo, inevitablemente se convierte en una relación de abuso. Con todas sus letras. Y si pensamos que esto es posible dentro de una relación familiar, amorosa o amistosa, invito a revisarnos. Personalmente tengo cero tolerancia para ello.

junio 12, 2017

No voy a ser de esas personas

Cuando estaba en la universidad yo era un pollo. Quizás lo sigo siendo aún, pero recuerdo que antes mi nivel de compromiso con los espacios a los que asistía era tambaleante. Esto igual se debía a que no entendía mucho lo que sucedía en esos espacios, cómo se proyectaban, cómo repercutían las cosas que hacíamos en la vida de quienes participaban, etc. Todo ese conocimiento, cuando tuvo que ser aplicado, me sirvió para encontrar el motor para la dedicación, encontré fácilmente el nicho del compromiso y me movilizó la voluntad nutrida de estos dos elementos.
En un mundo como este, encontrar cosas apasionantes es difícil. Una vida llena de obligaciones se nos impone desde que nacemos: Obligaciones en torno a lo estético, lo sexual, lo pedagógico, lo familiar, luego en lo académico, lo laboral, y el ciclo vuelve a repetirse y entrecruzarse una y otra vez incansablemente hasta que, si tenemos suerte, podemos disfrutar de lo que la mísera pensión nos permite disfrutar. Quizás en ese momento podamos dedicarnos a lo que nos apasiona, porque el mundo no nos deja tiempo y nos consume de a poco. Al menos así es para la mayoría.
Cada vez que voy sumando números a mi torta de cumpleaños voy teniendo menos tiempo para hacer cosas entretenidas. Si antes no sabía qué era lo que me apasionaba, ahora, de saberlo, el tiempo se me hace poco. Pero quiero aprovechar cada momento libre para hacer lo que me apasiona, o buscarlo en caso de que no lo tenga claro. Hacer las cosas sin pasión es triste, lamentable y la verdad es que prefiero no hacerlo si es que realmente no me mueve las entrañas.
Así, hoy, en cada espacio en el que estoy lo doy todo o, al menos, lo intento con todo. Tengo ganas de funcionar así porque lo que estoy haciendo me apasiona. Entiendo que no es una obligación ocupar mi tiempo en organizarme, en traer al presente aquello que quiero que ocurra en un futuro, discutir y alimentarme de los conocimientos y habilidades de quienes me rodean, crear y construir otros nuevos espacios donde puedan darse todas estas cosas y más. A veces tengo mucho tiempo, otras veces no, pero el que me apasione lo que hago hace que me obligue a cumplir porque el compromiso que construyo para mi con esos espacios es así de fuerte, así de trascendental. No quiero llegar a viejo y arrepentirme de no haberlo dado todo en todos los aspectos de mi vida. No voy a ser de esas personas.

junio 07, 2017

Dos hombres caminan bajo la lluvia y se ríen


Parece que el mundo se contagió de ellos.
De repente, en todo el planeta,
la gente baila, se sacude, se abraza de alegría.
Otras personas miran a gente abrazarse.
Dos hombres caminan bajo la lluvia y se ríen.
En un pestañeo, y hacia donde mires,
suenan tambores, claveles, sartenes,
bailan niños con niñas, abuelas y vecinos,
o por último se saludan sonrientes las gentes al pasar.
Dos hombres caminan bajo la lluvia y se ríen,
disfrutando impunes la expansión de no limitarse,
compartiendo sin miedos lo que el cuerpo hace aparecer.
Es de noche, y todas las esquinas son arte.
Dentro y fuera de las casas se grita, salta,
cocina, besa, ordena, prende, comparte,
y quienes se miran se contagian con el pálpito de las sonrisas.
Parecieran hacer cosas maravillosas, los dos hombres.
¿Acaso el mundo no dijo que era inusual
hacer danza contacto con las manos,
caminar abrazados conversando la vida,
escuchar una canción fuerte en la calle?
Dos hombres caminan bajo la lluvia y se ríen.
Nadie hace caso ya de esas reglas.
El globo se puso reset, apagar equipo, reiniciar.
No queda nadie que no se crea este nuevo estado,
no quedan dudas, no quedan románticos,
es que lo que pasa, pasa de verdad.
Dos hombres están caminando bajo la lluvia,
y se ríen.
Y aunque la utopía del carnaval eterno es eso, un ideal,
cuando una señora los mira caminar bajo la lluvia y sonreír,
por un momento, en un saludo, en un gesto,
se siente como si el mundo
caminara
bajo la lluvia
y riera con nosotros.

junio 05, 2017

Feministas queman bandera chilena

Hoy termino el día preguntándome qué representa para mi la bandera chilena. Y es que cuando la veo, no despierta en mi ningún sentimiento patriótico, nada de felicidad ni orgullo. Muchos me tildarán de muchas cosas, pero lo cierto es que el símbolo patrio está, para mi, asociado a sensaciones que no necesariamente me son agradables en la guata.
Primero que nada pienso en que representa a un país. Pienso en fronteras, en límites, en barreras, en xenofobia.
Luego pienso que este país, como muchos, opera en base a una constitución. En nuestro caso, documento conservado desde la dictadura (una hazaña la wea).
Varias de esas leyes están en constante antagonismo con la voluntad popular e impiden, vez tras vez, que la libertad aletee en nuestro cotidiano. Leyes opresoras que limitan o, de plano, prohíben la capacidad de decidir sobre nuestros cuerpos.

Pienso en que vivo en un cuerpo de hombre, el cual me hace heredero de una tradición reproductora del patriarcado con la cual quiero luchar día a día, en todos los espacios que se me hagan posibles. Es por esto que me organizo en torno a esta opresión específica, ya que hoy, como nunca antes, soy un poco más consciente de cómo funciona el aparataje patriarcal. Y es por eso mismo que puedo darme cuenta de algunos de mis privilegios.
Todo esto deviene de un proceso largo de aprendizaje, de ajustes, de errores igual. He trabajado mi capacidad de respetar a quienes me preceden en las luchas a las cuales me pliego, principalmente porque sé que aún hoy tengo mucho que aprender. Si, tengo energías y ganas, pero dejarme llevar por la ansiedad de querer transformar el mundo me ha jugado malas pasadas antes.
A un evento como el que tuvo lugar hoy en Concepción, organizado por la Coordinadora 8 de Marzo, fui con respeto. Respeto porque comprendo que si bien el patriarcado está presente en mi existencia oprimiendo y constriñendo, es algo de lo que me he llegado a dar cuenta luego de relacionarme con los feminismos. Hay toda una lucha que me precede la cual ha construído para sí una simbología, una mística, toda una ritualidad. Nominarme "compañero" de aquellas que trabajan de forma autónoma es algo que no puedo llegar y hacer sólo porque me siento cercano a su lucha. No es un calificativo que recae como por arte de magia una vez que me declaro no-heterosexual, no se me tatúa en el espíritu porque lea autoras feministas, no me brilla en la frente porque use falda, me pinte los labios o explore mi ano. Si voy a un evento como el de hoy, voy con la claridad de que si bien plegarme suma, recién comienzo a organizarme en torno a mi realidad como hombre en vías de ser antipatriarcal.
Desde aquí es que me pregunto, con todo lo que entiendo que me sucede como hombre frente a la bandera chilena, ¿acaso no es hasta ofensivo blandirla en medio de una manifestación feminista? ¿acaso no es pasao pal pico querer que flamee una representación concreta de la opresión de los cuerpos de las mujeres que marchan? ¿acaso no estoy llamando a recordar lo horrible de las leyes laborales, de las cárceles por abortar, de lo mierda que ha sido y es el estado chileno para con las mujeres? ¿acaso no es demostrar mi ignorancia pretender que todos los movimientos operan bajo los mismos códigos? ¿acaso no es una falta de respeto? Y cuando me lo hacen saber, ¿acaso me hace tanto ruido una respuesta agresiva frente a un símbolo así de violento? ¿tanto me incomoda? ¿tanto me ofende?
Al menos yo creo que falta mucho para que podamos sacarla en todas las manifestaciones y que todes entendamos que propugnamos unión y solidaridad, siquiera resistencia.

junio 02, 2017

Entiérrame en Roma


Déjame entender qué me inmoviliza.
Borrar tu sonrisa es volver a caer.
No encuentro la forma de anclar el sentir sin querer morir.
Entiérrame en Roma.
Que a veces me toma, me ciega el sabor,
tu dulce sudor, se muda tu aroma,
se fuga la idea, se pierde el deseo.
Sin dejar mapeo se apaga el sentir.
Involuntarios intentos.
Caminos bloqueados, violentos.
Incontrolables momentos sin señas, sin guías, sin ti.
Enreda mi lengua en la tuya sin que los clavos nos duelan, entrando al revés.
Nunca fue extraño, no iba a suceder.
No quedan preguntas que hacer.
Solución trascendente no tengo.
Cuesta imaginar y yo no pretendo dar con respuestas sin tiempo
y tirar mis monedas al viento.
Que a veces me suelta, no brilla, no intenta ser nada más que una perdida, sin vuelta,
acurrucada en papel celofán,
esperando el momento en que todos se van.
Enreda mi lengua en la tuya y sabrás de sabores amargos, fulgor otoñal,
recuerdos con formas de ave inmortal.
No quedan preguntas que hacer.

mayo 14, 2017

Breve reflexión sobre el rol de madre

Ahora que se acaba del día de la madre, me llama la atención una forma que tenemos de conmemorar su rol. Una forma que, si bien tiene buenas intenciones, reproduce y celebra una forma opresiva de entender su papel en nuestras vidas.
La retórica que se plantea en estas conmemoraciones pop ya no es como la de antes, donde nos mostraban a una madre que nos atendía con jugo, o poniendo la mesa, sirviéndonos comida. Ahora es una mujer independiente que cumple infinitos roles: jardinera, artista, cocinera, pediatra, economista, peluquera y he leído que hasta reloj despertador. Sobre todo, para el día de las madres, este rol multifacético se resalta y celebra, nos conmovemos por todo lo que nuestra madre es para con nosotros, la abrazamos porque en efecto cumple todas esas tareas y es una súper mamá, una súper mujer. Pero, ¿qué se esconde detrás de esta celebración?
Imaginen lo que yo: Esta super madre se levanta a las 5am para hacerle desayuno a su familia, mientras se cepilla los dientes e intenta que no se le queme el pan. Mientras esto ocurre, está intentando por primera vez despertar a sus hijos y, probablemente, a su marido. Cuando está todo listo, revisa los uniformes, las camisas e intenta por segunda o quizás tercera vez levantarlos a todos. Viste a los niños, sirve el café, y probablemente maneja a dejar a sus hijos a la escuela. Trabaja todo el día, recibe llamadas de la profesora jefe, pasa a comprar pan y algunas otras cosas al supermercado cuidando el presupuesto familiar, va a recoger a sus hijos al colegio y los ayuda con sus tareas en casa mientras sirve once y cocina la cena, lava los platos, limpia la casa, besa a su marido al llegar, le sirve la comida, acuesta a sus niños, trabaja en sus informes y a dormir, si es que ya planchó camisas y preparó materiales para la tarea de mañana. Para empezar de nuevo una rutina similar, o peor que la del día anterior.
¿De verdad estamos entendiendo que esto es algo alegre, tierno e idealizable? Es bastante terrorífico que pensemos que es súper lindo que nuestras mamás -y todas las que vienen- tengan que cumplir con ser estas súper mujeres y que pensemos que esto en efecto es "liberador". Porque a ratos parece que esto es lo que celebramos. Esto nos conmueve. Esto nos parece que es el retrato de una mujer independiente, feliz, libre. ¿Esto es? ¿En serio? Y lo vemos en los comerciales pop que conmemoran a la super mujer que tenemos como cuidadora. Y promueven un regalito con descuento. Y lloramos con el video de youtube que nos muestra lo que nuestra madre hizo y hace por nosotros. Y el lunes volvemos a esperar todo esto y más de ella. Porque así son las madres. Bueno, no todas. Hay algunas que no hacen ni la mitad, y no recordamos a esas cuando vemos estas propagandas. A esas las miramos un poquito mal por ser malas madres. Malas mujeres.
¿Súper mamás? Suena opresivo. A cagar.

abril 16, 2017

No he olvidado


Aunque la caligrafía se haya dejado de lado
y las máquinas se apoderen de estas letras frías,
de mis nubes, mis lluvias, todos mis temporales,
yo no he olvidado.
No he olvidado cómo se siente el sol en la guata,
las mariposas en los intestinos,
ese sube y baja de la plaza cuando era chico que me hacía el estómago reír.
No he olvidado el apretón de garganta,
las mejillas adoloridas de tanto mirar tus margaritas,
las ganas de escribirte, dibujarte, cantarte.
Ay, es que cantarte,
hacer como que sigo la letra de la canción sin más,
cuando en realidad estoy vibrando con los versos
y esperando, casi rezando, que vibres conmigo también.
No he olvidado cómo se siente, no he olvidado cómo lo siento,
no he olvidado y no quiero. No tengo ganas.
Porque me pasa cuando como papas con arroz,
cuando me río solo viendo alguna tontera en alguna pantalla,
cuando me tomo un té con cáscaras de limón en invierno,
cuando justo en el carrete ponen esa canción,
canción de mierda que me recuerda todo.
Porque no he olvidado.
No he olvidado y no quiero hacerlo.
Y así, cuando vengas tú con tu sol, tus mariposas,
tu sube y baja, tu apretón de garganta, tus margaritas,
tu cara de público en la palestra cuando canto,
cuando vengas, cuando decidas venir,
no habré olvidado todo lo que me provoca.
Y estaré aquí, listo,
como si nunca hubiesen construído tanto centro comercial,
dispuesto a vivirnos y ser todo eso que dicen que uno puede ser
cuando no ha olvidado como amar.

abril 11, 2017

Apuntes sobre el cuerpo y la política

He escuchado decir que uno no puede transformarse "bailando", que la transformación real se hace desde otras trincheras, que por mover un poco el cuerpo no se va a caer el patriarcado, por ejemplo. Y puede que sea cierto. Pero me pregunto yo si los talleres que hacemos hace mucho más, si es que la entrega de conceptos abstractos y la discusión realmente genera el efecto que pensamos que genera.
Hay todo un campo por explorar cuando se trata del cuerpo: La piel es el órgano más grande de nuestro organismo; el sistema entérico es capaz de actuar independientemente del encéfalo, de recordar, aprender; el lenguaje no verbal (gestos, posturas, mirada, movimiento, respiración, entre otros) compone más de la mitad de la información en una convrsación, etcétera. Esto, al menos, me hace cuestionar si realmente sólo discutir, sólo compartir abstracciones, sólo conceptualizar es suficiente.
Me parece que, evidentemente, no lo es.
Y aquí es que aparece biodanza. Porque si bien no necesariamente puede ser una práctica anclada en la política, genera transformaciones en la vida de las personas que les permiten adquirir herramientas para desenvolverse mejor en sus contextos. Lo he visto, y lo he estudiado. Incluso cambios en el discurso se suceden a partir de las conversaciones grupales que biodanza facilita. Entre muchos otros cambios, que no vale la pena describir aquí.
Espero compartirles un documento muy pronto, el cual discute todos estos elementos. Me gustaría que los defensores de los talleres de conversación infinita o, incluso, quienes me han dicho que nada cambia por un poco de baile, lo lean y comprendan que en el cuerpo también se inscriben aprendizajes, memoria, traumas y disposiciones. Que comprendan que el cuerpo es diagnóstico y mesa de trabajo. Que no es solo "bailar", es transformarse. Políticamente hablando.

junio 30, 2016

El amor en tiempos de hambre y frío



El peso de la realidad ha vuelto a la gente maniática,
como esperando un orden que no llega,
como cuidando del polvo reliquias que no existen,
como limpiando esquinas desempolvadas.
Hacerle frente a esta imagen, a veces, implica mirar con otros lentes,
ver rosados en vez de púrpuras, ver naranjos en vez de azules grisáceos,
ver cachorros en vez de perros callejeros.

Sí.

Las cosas sí son más crudas y primitivas de lo que creía.
Y por más frío que haga, por más perros callejeros con hambre,
por más azules grisáceos, púrpuras y negros,
no me permito escapar de la crudeza.
No me permito no sentir la urgencia.
No me permito hacerme el weon con lo que hay que hacer.
Porque hay que hacerlo.

Y en ese tránsito vamos recorriendo el mismo camino,
encontrándonos en el desencuentro,
volviendo esperanzadora la desesperanza,
transformando la soledad en compañía,
la pena de vivir en alegría de luchar,
la tristeza del hambre en el motor de nuestra carrera.
Y amamos.
Y besamos.
Y culiamos.

Y en medio de toda la podredumbre que es la realidad,
esa, en serio, cruel, cruda, que carcome lo vital,
hay amor. Yo me enamoro.
No me enamoro rosado, ni naranjo.
Me enamoro como cachorro callejero, como gato de campo,
me enamoro como loro tricahue, como zorro culpeo,
me enamoro libre, sin amarras, con hambre y estertores.

Si.

Me enamoro con miedo de que no sea suficiente amar,
porque pa pasar el hambre no es suficiente.
Porque, entonces, me pongo yo maniático,
a esperar un orden que no llega,
a cuidar del polvo reliquias que no existen,
a limpiar esquinas desempolvadas,
a mirar la realidad sentado en el parque, con frío, sin tener donde llegar,
recordando que no soy un cachorro,
soy un perro callejero.

junio 13, 2016

De exploraciones y magia [Expuesto en Sociedad Utopía Concepción]



Me gustan los besos, las caricias, los mordiscos, las palabras crudamente eróticas al oído, me gustan las miradas cómplices, el calor del abrazo que comienza un encuentro sexual, un palmetazo en el poto, lo eróticamente gracioso que es aguantarse un poquito los gemidos por no aguantarse las ganas y tener sexo donde toque, me gusta encontrarme con gente que no conozco, me gusta explorar con mis amigos y amigas formas nuevas de amarse, me gusta el riesgo, la posibilidad de que me vean, me gusta ver… Hay algo que sucede cuando dos cuerpos se acercan, cuando se tocan.

Y ese algo nunca es lo mismo.

Cuando saludo a una persona desconocida suelo tener ciertas precauciones fundadas en experiencias anteriores, y eso se transmite. Pensar que, corporalmente, el resguardo no es visible es ser ingenuo. Sé que sucede, veo que sucede, siento que sucede; y esa comunicación kinésica entrega un mensaje, el cual es recibido e interpretado de forma probablemente muy distinta a la que yo pretendía, con una intención diferente, interpretación que también estará fundada en experiencias anteriores. Este proceso puede resultar en un apretón que da confianza, que tranquiliza, incluso que contiene. O puede ser que la otra mano se muestre lánguida.

Y ese algo nunca es lo mismo.

Abrazar a alguien que quiero puedes ser una experiencia desbordante, o a veces conciliadora. Dependiendo de la conversación, de si ando receptivo o molesto, de si tengo hambre o estoy apurado, de si es un saludo o estamos arreglándonos después de una discusión; siempre me encontraré comunicando algo distinto. Sin embargo, siempre habrá una proximidad mucho más cercana, mucho más vulnerable que otros acercamientos. Aún si es un abrazo que se sabe “último”, ese que se da antes de no volverse a ver, es un abrazo que lleva consigo un mensaje más cargado de emocionalidad que otros gestos y que excede la capacidad comunicativa de las palabras.

Y ese algo nunca es lo mismo.

No hay dos apretones de manos iguales. No hay dos abrazos iguales. Tampoco dos besos iguales.
El beso que le doy a quien amo al despedirme no es el mismo que le doy al saludar. Fácilmente se podría pensar que la mecánica es idéntica, pero el acto no está constituído sólo de movimientos, ninguna práctica humana es unidimensional. Siempre estamos generando conexiones y desconexiones. La vida parece ser un flujo, una marea de magnetismos y gravedades y tantas otras cosas. Los actos acarrean mensajes que constantemente obviamos, pero que ocurren bajo esa obviedad. No invisibles ni imperceptibles, sino simplemente no procesados, no conscientes.

A veces, cuando el influjo de la luna probablemente está haciendo su mejor aparición en mi existencia, las conexiones se incrementan, profundizan, engrosan. Me encuentro creativo, extrovertido, imaginando, moviéndome, escribiendo, cantando. Me veo queriendo abrazar, queriendo ser abrazado.
A veces, cuando el influjo de sustancias sublimes probablemente está haciéndose sentir con toda su magia en mi sangre, una caricia es un universo entero. Una mirada me puede desacoplar o volverme a armar. Todo me produce algo.

Y ese algo nunca es lo mismo.

De a poco me he ido dando cuenta de lo difícil que es describir sensaciones, lo complicado que es conversar de percepciones. Mientras escribo esto recuerdo una conversación que tuvimos un grupo de hombres luego de una sesión de biodanza, a propósito de los gritos enérgicos y cómo algunos lo encontraban apropiado y otros no. La diferencia la hacía sólo la percepción de lo correcto o incorrecto, y fue complejo centrarnos en lo que se discutía en serio: Qué tan cómodos nos sentimos con la energía voluptuosa y revoltosa de nuestra primigeneidad. Concluímos que intentar poner en palabras algo que se trabajaba precisamente sin ellas podía obstaculizar un proceso e inscribirlo en una dimensión comparativa que no tenía necesariamente un fin nutritivo o transformador. Nos deshicimos de lo problemático que era discutirlo y quedamos con la intención de explorar esa región de nuestra expresión en la medida en que nos sintiéramos cómodos, así como también se destacó lo diferente que puede ser un acto que evoque lo primitivo, ya que puede ser de forma enérgica y ruidosa o suavemente decidida.

Cuando era un poco más chico, tuve un compañero sexual que estaba constantemente haciéndose preguntas sobre lo que le rodeaba, lo cual me pareció un ejercicio interesante de hacer propio. Es más, cuando era aún más pequeño, recuerdo que miraba con cierta pena a les adultes, quienes parecían ya no cuestionarse nada. Esas dos experiencias determinan mi capacidad de intrusear en mi propia experiencia y descubrir cosas, lugares, lunares y gemidos.
Esto, sumado a otros momentos en mi vida, me han hecho comprender que las perspectivas son múltiples, y esto me fascina. Escuchar, intentar comprender, explorar; me apasiona conocer cosas nuevas, probarlas, descubrirme en ellas. Una amiga me dijo que cuando me dedico a algo, me tiro de cabeza. Muy probablemente es cierto, aunque en un principio lo había entendido como algo ofensivo o denigrante. Ahora lo veo diferente, y es que constantemente me encuentro amando lo que hago.
Me apasiona, por ejemplo, explorar. Por eso, cuando voy a comer a lugares bacanes, pido cosas nuevas. Tengo hambre de cosas nuevas. Tengo hambre de besos, de caricias, de encontrar nuevas formas de sentir placer.
Me apasiona disfrutar el sexo. Disfrutarlo en una cama con alguien, solo, de a tres o cinco; disfrutarlo en una conversación, hablar de las cosas que me dan placer y escuchar las formas que consideran placenteras el resto; disfrutarlo como observador por medio de una pantalla o tocando a quienes tienen sexo delante mío. O detrás, o a un lado. Ver cómo la magia de esas conexiones calienta la piel, cómo hace aparecer lo húmedo entre lo seco, la manera en que acelera la respiración. Es magia, y la encuentro en lo apasionante de la exploración.

Y ese algo nunca es lo mismo

Me gustaría saber más de magia. Me gustaría explorar lo diferente que puede sentirse una experiencia tan mágica como lo sería pintar con una venda en los ojos, teniendo como inspiración nada más que el roce de una mano, o el sonido de un suspiro, el calor o frío del aliento de un alguien que juega a ser musa. Sólo pensarlo me dan ganas de tantas cosas…
Me gustaría saber más de magia. Me gustaría explorar mil y una veces esas sesiones de encuentros sexuales donde los ojos se encuentran y no se quieren separar más; explorar esas miradas eternas que redondean todo el proceso, que terminan por unir a un nivel casi divino el vaivén del cuerpo con el hilo más profundo e íntimo que existe, el que quizás se refleja en su iris, o en mi retina.
Me gustaría inventar formas nuevas de tocarnos, de comunicarnos, de encontrarnos, de fusionarnos, de amarnos. Puede que las formas de vivir el amor sean, sino infinitas, indeterminadas. Y así mi intención es buscar con ahínco rincones nuevos, tensionar mi existencia y buscar los límites, desanudar restricciones y liberar. Prefigurar relaciones fundadas en el idealismo amoroso no romántico, sino libertario. Que no se enmarca en el tener, sino en el siendo. Que no se atrapa con la propiedad privada, sino que se libera de ésta. Que no se entrampe con las diferencias en intensidad, sino que acepte lo distinto y eso genere amor incondicional, presente, dedicado. Mi intención es descubrir, ojalá con más personas, lo que significa el amor en su completitud.

¿Es posible amarnos de más de a dos? ¿Es posible enamorarse así? ¿Se puede vivir amando a dos personas a la vez? Y hablo de amor, no de sexo esta vez. Porque el sexo se ha permitido más exploración que el amor. Es evidente que el 2 no es el número límite: He vivido el sexo solo conmigo, con otra persona, de a tres, de a cinco, en persona, virtualmente, en un poema, con suavidad y de forma animal, pensando en quien me besa, pensando en quien me dejó de besar hace un tiempo, pensando en quien me gustaría besar; de muchas otras maneras se ha tenido sexo.

Hay muchas cosas que me dan placer. Constantemente lo busco en todos los espacios que transito y, de hecho, creo que la pulsión por darle un beso a todas las personas que conozco es algo que he vivido más o menos intensamente. Creo firmemente en otra forma de relacionarnos, donde los límites se difuminen de a poco hasta que darse cariño sea cotidiano, y el ser ariscos, toscas y crudos entre nosotras sea lo extraño.

Y ese algo nunca es lo mismo.


En el amor hay territorios inexplorados, oscuros, muy iluminados, mágicos. Quiero vivirlos todos. Vivirlos todos y sentirme amado el doble. Vivirlos todos y amar el doble. Vivirlos todos y sentir el doble de manos. O el triple. Manos que me estén amando y permitan llenar todos mis vacíos, alcanzar todos mis rincones, desnudarme hasta que no haya nada más que develar. Entregarme completo, el triple, el cuádruple. Y no deja de asustarme, suena a que ese sería un estado increíblemente vulnerable, expuesto y explorando mágicamente todas mis posibilidades, y las tuyas, y las nuestras. ¿Pero acaso no se trata de eso?

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