Pestañas

Mostrando las entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas

enero 01, 2012

Si las moscas supieran cantar

¿Sentirán las moscas algo? ¿Sabrán que hace calor, que la basura huele y los corazones rotos se funden con más rapidez? ¿Sabrán ellas que hoy hay alguien demanda una helada o, al menos, espera que el día se convierta en un eterno invierno que responda a lo que sucede al interior de esos callejones sin salida, sin entrada, de vidrio ennegrecido por el paso del tiempo? ¿Sabrán?

Son palabras grandes, demasiado enormemente mucho. No dicen nada, pero son estupideces que todo el mundo entiende. Y son fáciles de articular, no exigen demasiado esfuerzo. Las faltas de ortografía son recurrentes, la sintaxis y la sinapsis no siempre suelen trabajar juntas. Los dedos duelen de tanto enterrarse en el plástico, ese que -por más fuerte que golpees- no transmite tu deseo de romperlo todo... DE GRITARLO TODO.

Un día sacaré una canción de esto. Eso dije, y lo pretendo cumplir. Usualmente mis promesas no valen mucho, no soy un hombre de palabra, pero esta vez de veras me gustaría que existiera una canción que entendiera. Y no es que mis promesas sean volátiles, es que lo que prometo suele no serme de importancia. Y al mismo tiempo las canciones no son algo que maneje bien. Soy cursi, soy un cursi. Soy un romántico que habla de almas, corazones y sentimientos. Habla de miedos, de ti, de ellos, de lo que pasa cuando el color del mar se vuelve gris, de cuando las nubes rosadas de la tarde solo reflejan gotas perdidas, deseos que nunca llegaron a concretarse... De amores. De amores no correspondidos que se evaporaron y llegaron a ser lo que son hoy: Nubes, que cada cierto tiempo llueven esperanza, que por los ríos corren desesperadas hasta encontrarse en el camino con salmones que intentan nadar contra la corriente, que intentan tener amor, poseerlo. Son esos mismos salmones que un día, cuando se piensen en el amor, morirán dejando atrás gente con la misma creencia: Que el amor se ostenta.
De eso canto.

Ahora, si las moscas supieran cantar...

Soy fuerte, soy egocéntrico, hablo de mi todo el tiempo. Soy exigente. No quiero nada menos de lo que me merezco... Pero quien sabe si hasta merezco la soledad. Y es que soy un idiota por pensarme merecedor de tanta penuria, si nadie se lo merece realmente. No se trata de vivir la emocionalidad en cada centímetro de sábana que te acurruca en la noche, no se trata de conmoverse por un video que trata tus experiencias vívidamente. No se trata de verte en cada personaje sufriente de cada película que cada viernes miras con un helado en la mano y un chocolate en la otra. No se trata de eso, se trata de que soy un egocéntrico. Se trata de que el sol pretende derretirme -como el chocolate en mi mano- para que un día deje de existir. Para que un día...

Pero ¡Epa!, que no soy sensible y no quiero serlo. Aunque si lo soy, pero no muchos lo ven. Nadie tiene por qué enterarse de lo que pasa dentro, eso es mio, es lo que al final del día es solo para mi. Soy yo y yo mismo, porque nadie me ha movido, nadie me ha invitado, nadie se ha aparecido. Nadie lo ha propuesto, porque mi tiempo no alcanza, porque no quiero notarlo, o quizás porque esas moscas que deambulan en mi pieza intentan decirme que mi compañía no es necesaria, o que el sol no calienta para mi, o que su visita solo alcanza para un saludo rápido... Porque, ¿Qué saben ellas de la vida? ¿Qué alcanzan a vivir en esos dos minutos que me ven los ojos, llenitos de qué se yo qué cosa¡ ¿Qué creen que ven cuando mi cuerpo yace en mi cama, tendido mirando el techo como si no existiera y hubiera un gran más allá que no termina?

Finalmente creo que lo único que alcanza en este momento es un pensamiento. Solo uno, no hay para más. A veces creo que realmente ni eso cabe. A veces soy yo, y mi cama, y las moscas, y el calor. A veces ni eso. A veces...
Siempre...
Estoy solo otra vez.

diciembre 20, 2011

Lo sorpresivo de un texto virtual en una tarde virtual

"Don Osvaldo

Perdón por no haberle respondido antes. La carta esta bien ya la entregue y no me pusieron ningún problema" 
---
Eso decía un word que apareció frente a mi una tarde de espera, una tarde virtual. Me pregunto, ¿habrá recibido la información Don Osvaldo? ¿Qué será de quién la escribió? ¿Le habrá pesado dejar aquel word abierto? ¿Se acordará de aquella frase que dejó tirada en esta pantalla? ...

noviembre 25, 2011

El cuerpo canta, gime y lucha

Chequear el tiempo nunca estuvo demás antes de una marcha, sobre todo si peligraba la estabilidad del acrílico en mi cuerpo. Menos mal, se venía un día exquisito. Mi cuerpo, sus cuerpos y el de Latinoamérica completa lo recibió con alegría, consignas gritadas al viento con los pulmones de la amazonía, con la fuerza del mar y con el tridente sonar de los vientos cordilleranos. Éramos un solo cuerpo y el sol nos invitaba a utilizarlo, a recordar que es en él donde se inscriben las desigualdades y es desde él que podemos responder a ellas.

La cita comenzó mucho antes de la reunión. Comenzó en nuestros corazones. Comenzó mucho antes de la toma, de las manifestaciones: Comenzó en nuestro cuerpo. En la reunión se hizo efectivo nuestro sentir… utilizar la primer arma para luchar se hizo un imperativo por nuestro fervor, nuestras convicciones, nuestro amor por la causa, nuestra hirviente pasión por una sociedad distinta, mejor.

Durante la mañana, mientras afinábamos detalles, conocerse se nos hizo fácil. Conversar sobre el diseño, lo que significó investigar sobre el país designado, reencontrarse con compañeros y compañeras de otras versiones de cuerpos pintados, reírse, compartir la timidez, el pudor, la vergüenza, todos esos elementos impuestos por el sistema represor de los placeres, del erotismo y del cuerpo mismo. Ese sistema que le quita la posibilidad de una vivienda digna a tantas personas que, antes y después del terremoto, esperaban y siguen haciéndolo. Que le quita el conocimiento a tanto productor y productora para industrializar todo y contaminar frutas, verduras, el aire, el agua y todo lo que puede si es que de aquello cae algún suculento cheque. Ese sistema que día a día aplasta a miles de personas, que se hace el ciego ante el gran aporte de la música y las artes en la formación integral de los seres humanos. Ese sistema que, aunque cruel y despiadado, tiene grietas por todos lados; que encuentra fuerte oposición en cada cuerpo resistente, en cada ocupación, en cada marcha, en cada capucha, en cada grito, en cada bomba de pintura, en cada lienzo, en cada pancarta, en cada pie hinchado de tanto caminar: En nuestra vida. Más le vale no creerse el cuento, porque no somos ciegxs ni sordxs, no somos tontxs, no somos simples corderos que caminan hacia el matadero. Somos seres concientes y no tenemos miedo.

"Esclavo puede ser el cuerpo, pero libre tenéis el alma para volar un día a la libre mansión de los escogidos”.

Parafraseando a Galeano, y con representaciones de América Latina en la carne, salimos a tomarnos las calles junto a miles de manifestantes que en todo Chile y en todo el continente se unían declarando fuerte que la ciudadanía tiene las cosas claras y no se achuncha con el rugido del depredador. Nosotrxs rugimos más fuerte. Fue en Perú, en México, en Ecuador, en Costa Rica, en Paraguay, en El Salvador, en Argentina, en Bolivia, en Uruguay, en Guatemala, en Brasil, hasta en Canadá, Francia y Alemania que se unieron las manos, las voces y cantamos todxs la canción del despertar. De un despertar que no significa el final de un sueño, sino el progresivo avance hacia él.

Aplausos, risas, caras sorprendidas y reencuentros con emociones de antaño se sintieron al caminar. Nos encontramos con la manifestación en la Plaza de la Independencia, donde secundarios, universitarios, trabajadores y hasta familiares fueron público y artistas del escenario que colectivamente se formaba junto a nosotrxs. Somos parte del mismo ímpetu; somos juntos un mismo espíritu.
En definitiva, el cuerpo está activo ya sea marchando, gritando, sujetando un lienzo o cubierto con pintura. El cuerpo de América Latina se movía completo y tuvimos el honor de representarlo.

El cuerpo es un espacio político, así como todo en nuestra vida. Lo que hagamos o dejemos de hacer con él siempre será un discurso sobre nuestras convicciones. En nuestro cuerpo se inscriben valores, normas, esperanzas, castigos, represiones y liberaciones. Desde aquí es que se lucha pues por medio de él nos comunicamos. Liberarse de códigos añejos y opresores puede ser un paso hacia una sociedad, esa sociedad que queremos. Una mejor.

Agradezco a las 21 personas que caminaron hoy conmigo. Agradezco a lxs pintorxs, a lxs espectadores, a lxs fotógrafxs, a quienes aplaudieron y a quienes se sintieron ofendidxs. Agradezco a todxs quienes marchan, a todxs quienes veo siempre los jueves, a todxs quienes han perdido el miedo. Agradezco a todxs mis amigxs, esos que han estado ahí para alentarme, con lxs que me encuentro en cada marcha. Les agradezco, porque es en ese lugar y es con ellxs con quien sueño un mundo distinto. Y es con ellxs con quien lo construyo.

ARRIBA LXS QUE LUCHAN

Versión con imágenes en Metiendo Ruido.

noviembre 20, 2011

Un manojo de vividez

He guardado casi todas las cosas que me parecían necesarias de guardar. Está todo respaldado, claro que en cientos de partes diferentes: Unas en un compu de una amiga, otras en alguna tarjeta de memoria, otras en un sitio en internet... Pero ya está casi listo. Estoy preparado para el formateo, y creo que será una buena parte de mi vida virtual. Y es que es increíble lo que, en este momento, significa para mi un formateo. Es algo bastante trivial, algo que muchos y muchas hacen constantemente por un tema de responsabilidad electrónica, pero en el camino hacia ello me he encontrado con muchas cosas viejas, con recuerdos y escritos que me llevan a lugares que me entregan ternura e inocencia. El pasado, mi pasado aparece frente a mi en un intento por reagrupar mis experiencias -virtuales- y darles un nuevo curso.

Me parece increíble que nadie haya pensado en esto antes. Más bien, que no lo haya comentado yo mismo. El formateo realmente me está sucediendo al mismo tiempo que recurro a viejas amistades y rearmo mi vida. Estoy soltero hace unos meses, este año ha sido especial en varios sentidos y queda poco para que se acabe. Los ciclos se van cerrando y estoy agarrando todas mis vivencias para reanalizarlas y evaluar dónde cresta estoy parado, hacia dónde voy y cómo quiero llegar allá. Menos mal tenía ya una idea de lo que quiero ser, asi que mucho trabajo no queda de aquí en adelante. Le agradezco a todas las personas que se han cruzado conmigo todas sus críticas, porque me han ayudado a ser más asertivo y tenerme más en cuenta. En serio gracias por decirme que pare, que siga, que estoy puro webiando o que realmente lo hago bien. Sólo no hubiera podido.

Hace unos minutos leía entradas antiguas. Viejas ya, del 2008, y me llamaba la atención mi forma de escribir. Mi forma, incluso, de pensar. Vaya que he crecido en estos años. ¡Y aún sigo sintiéndome un pendejo! Pero qué, si las ansias de vivir y equivocarme no creo que se me acaben. Es parte del cómo disfruto mi vida, y es algo que no quiero abandonar. Eso sí, he abandonado progresivamente este adoctrinamiento rancio que el sistema -por medio de todos sus entes socializadores- se encargó de meterme en la cabeza. Dogmas estúpidos que realmente me alejaban de todo lo que es bueno de la vida. Y he tenido que sumergirme en ellos, en esas pautas rígidas e inamovibles, para poder sentir el exceso de ellas. Para aborrecerlas, para realmente entender no sólo desde fuera lo que son, sino desde dentro, en mi cuerpo.

¡Cuánta gente ha quedado atrás! Recién miraba la lista de conectados en facebook y me sorprendía sabr que, a pesar de que publicaré esta entrada en mi perfil, no me gustaría discutirla con mucha gente. Y hay varias personas que fueron importantes para mi, muchas que me escucharon con atención, otras que me criticaron cuando era necesario... Un día alguien me dijo que mis relaciones amistosas son inestables, que luego de un tiempo me aburro de alguna característica en específico y simplemente boto a la gente. Me parece que fue un análisis muy superficial, pues las amistades que forjo sé que son para toda la vida. Porque alguna vez me dijeron "no importa cuánto tiempo pases con alguien, lo que importa es que la relación que se construyó tuvo cimientos fuertes". Y es precisamnte eso lo que intento sostener: una relación fuerte desde la base, pues todos y todas necesitamos nuestro espacio -me gusta la soledad, pero eso no significa que abandono a nadie. Es sano darse un tiempo para descansar del mundo, y eso implica también esas relaciones que, en mi caso, son increíblemente intensas, y eso también agota.

Queda caleta por avanzar, por crecer. Me quedan pelos por salir, así que de aquí a allá tengo que estar más atento. Espero que el formateo cumpla su función, cualquiera que sea (aún estoy tratando de descubrirla), porque dejaré muchas fotos, textos y programas atrás. Estoy seguro que me reencontraré con varios, y espero que nuestra relación se nutra con sus actualizaciones y las mías. 

Viene una nueva etapa y, como siempre, estoy ansioso de lo nuevo.

octubre 31, 2011

Qué importa si hay marcha

todo mi cuerpo puede ser tuyo
para que lo recorras,
que al mismo tiempo recorreré el tuyo
de las maneras más obscenas que puedan existir.
si me dejas, no demoro ni un segundo en desvestirte,
en desnudarte hasta conocer tus más profundas intimidades.
en fundirme, en besarte, en lamerte hasta que dejes de aparecer frente a mi como un dios,
un olimpo que me niega su acceso y que me envenena
con su imposibilidad.

pero qué, solo eso me basta.
solo una imagen,
tu expresion virtual y totalmente falsa bastan
para que yo sea lo suficientemente satisfecho.

tus ojos, tus labios, tu cuerpo entero me fascinan.
si algun dia me tocaras
me deshago,
me derrito,
exploto en un orgasmo infinito que solo me llevará a morir en paz,
tranquilo luego de nuestro encuentro en la frontera de lo real.

qué importa si hay marcha, si nuestros cuerpos pueden manifestar
con rabia su deseo,
con ardor sus petitorios,
con pasión sus exigencias.
podemos embestirnos hasta que no haya más que pedir,
hasta que no quede aire para gritar.
 es que tus labios...

si pudieras posarlos sobre mi ser por solo un momento
no tendría opción más que arrancártelos,
más que hacerlos mios en un egoismo barato y asqueroso.
pero qué me queda si nunca me pertenecerás.
nunca sabrás todo lo que escribo por ti.

solo me queda mi excitacion,
mi más profundo deseo,
mi propia carne palpitante imaginandote.
al menos eso puedes darme,
al menos eso me dejas.

eres cómplice de mi imaginación y te aborrezco por eso.
y te quiero mio por eso.

octubre 28, 2011

"Papá, no quiero estudiar..."


"Un muchacho termina el colegio y no quiere estudiar nada. Como el padre es un político muy importante, lo amenaza:

- ¿Ah? ¿No quieres estudiar huevón? Bueno, pues yo no mantengo vagos, así que vas a trabajar. ¿Entendiste?

El padre, que es un hombre con mucho dinero y metido en la política tiene amigos en ese ambiente, por lo que trata de conseguirle un empleo y habla con uno de sus compañeros de partido que está en el gabinete y le dice:

- Rodríguez, ¿Te acuerdas de mi hijo? Bueno, fíjate que terminó el colegio y no quiere estudiar el muy huevón. Si puedes, necesitaría que le consiguieras un puesto para que empiece a trabajar, mientras decide si va a seguir o no una carrera… El asunto es que haga algo y no ande de vago, a ver si se compone y hace algo de provecho ¿me entiendes?

A los tres días llama Rodríguez:
- Toño, ya está el trabajo para tu hijo. Asesor del Presidente de la República. Unos $5.500.000 al mes.¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿Que belleza verdad?????!!!!!!

- ‘No, no jodas Rodríguez! ¡Es una locura!, Tiene que comenzar desde abajo, además con mucho dinero, se va a poner peor.

A los dos días, de nuevo llama Rodríguez:
- Toño, ya lo tengo. Le conseguí un cargo de Asistente Privado de un Diputado. El sueldo es más modesto,$3.000.000 al mes…

- ¡Noooo Rodríguez!, ¡Recién terminó el colegio! No quiero que la vida se le haga tan fácil de entrada. Quiero que sienta la necesidad de estudiar, ¿me entiendes?

Al otro día:
- ‘ Toño, ahora sí ya está’… le conseguí el puesto de Jefe de Compras en la Secretaría de Comunicaciones, claro que el sueldo es bien bajo… Serán $1.500.000, mensuales nada más.
- Pero Rodríguez, ¡por favor! Consígueme algo más modesto. Recién empieza… Algo de unos $350.000 ó $400.000.

- Nooo, eso es imposible, Toño, no huevís.
- ¿Por qué ????

- Porque esos cargos son por concurso, necesita: currículum, inglés, título universitario, haber hecho por lo menos una maestría o un post-grado en el extranjero… disponibilidad de horario y por supuesto experiencia previa. Estas fregado Toño, trabajos así no se consiguen tan fácil….

¡Y Viva Chile mierda!"
(Posteo en el grupo Movilizadxs UdeC 2011, Facebook)

octubre 08, 2011

Fluir como el sándalo, transmutar como el agua

"Hay una hermosa historia sufí contada por primera vez en el siglo IX acerca del enfrentamiento del agua con la arena. Las aguas del Río, que fluían alegremente hacia su destino final, de pronto se vieron enfrentadas con las arenas del Desierto. Al ver que el mar de arena absorbía sus aguas, el Río se preguntó desesperado:

    –¿Cómo he de cruzar estas arenas? ¿Qué me ocurrirá? ¿Me convertiré acaso en un pantano de agua muerta?

    Fue entonces cuando el Río escuchó un susurro, la voz del Desierto:

    –Amigo mío, ¿a qué viene este desespero?

    –Pues tengo toda esta agua y debo llegar a tu otro costado –respondió el Río–, y si no lo hago, desapareceré.

    –Te preocupas demasiado. ¿Cuál crees que es la esencia del agua?

    –Pues fluir hasta su destino. ¿Cómo lograré llevar mis aguas a través del desierto?

    –Pero no hay razón alguna por la que no puedas llegar hasta tu destino, amigo mío –dijo el Desierto.

    –No es verdad –protestó el Río–. Tan pronto como mis aguas fluyan sobre tus arenas, desaparecerán.

    –Sí –arguyó el Desierto–, eso es verdad. ¿Pero acaso no es también verdad que hay mucho más que el fluir del agua? Ella se puede evaporar sobre mis arenas y ser llevada al cielo. Allí el agua puede formar nubes, y las nubes podrán ser empujadas por el viento hacia el otro costado de mis arenas. La lluvia puede caer en aquel lugar y el agua fluirá de nuevo.

    –Pero yo no soy así –se quejó el Río–. Yo sólo sé fluir. No sé nada de nubes, vientos o lluvia. Las nubes, el viento y la lluvia no son de mi naturaleza esencial.
–Pues entonces, amigo mío –concluyó el Desierto–, si continúas siendo tal como eres, en efecto, has de desaparecer. O puedes aceptar una manera más amplia de ver las cosas, y dejar que las aguas encuentren su camino hacia las tierras más allá de mi arena, donde han de caer y fluir una vez más." (Shah, 1993 citado en Stoller, 2009)

--

Referencia: Revista de Antropología y arqueología "Antípoda" n.8, Enero/Junio 2009, Bogotá

julio 24, 2011

Ellas, expresión de la divinidad

Ayer viví una experiencia que dificilmente podré olvidar.

Luego de anoche, en una de las incontables vueltas que le doy a todo, me di cuenta de que había algo que acaba de entender y me alegraba de hacerlo, porque en alguna medida forma parte de la caja donde se guarda el secreto de mi cosmovisión; y todo a partir de la diferencia entre cómo se toca a una mujer y cómo se toca a un hombre.

Puedo estar generalizando, y lo más probable es que así sea, pero creo que hay diferencias bien marcadas en cómo se abordan los cuerpos con los cuales uno suele entrar en contacto. Y es cosa de referirse a uno mismo, por ejemplo.

¿Qué habrá en los hombres que preferimos un poco más la brusquedad? ¿Qué hace que un apretón, un mordisco o incluso un juego violento nos excite tanto? Puedo estar loco y terminar pareciendo más freak de lo que ya parezco, pero suelo empalmarme con aquellas situaciones. Es fácil para mi hacerlo, de hecho. Mi erotismo es rápido, hacia afuera, expulsor y extravertido. Basta con que mi cuerpo contacte a otro, lo sienta cerca para comenzar a sentir esas típicas ansias contenidas que en cualquier momento se dejan escapar y terminan girando en universos paralelos convertidas en remolinos vortiginosos. Es así de simple. Eso me basta.

Muy, muy ljos de ello, anoche una mujer me enseñaba como tocarla. Es precisamente esta parte de la noche la que me motiva a escribir esto, porque la diferencia que hay entre cómo despierto yo y como despertaba ella es sutilmente abismal.

Por mucho que le gustaba jugar conmigo bruscamente, no tenía mucha relación con su propia excitación. Le divertía, era claro; pero su deseo no se hacía expreso en ello. Más bien se aprovechó del mio, sin que yo pusiera resistencia real. Fue luego de varias horas de entremeses y conversaciones descontextualizadas que accedió a enseñarme, a ser mi tutora de su cuerpo. Nada de apretones, rasguños, palmadas ni posesión. Su cuerpo no era mio. Simplemente tenía un permiso limitado, el cual debía aprovechar para aprender que lo único permitido eran roces. Y se retorcía.

No había que confundir roces con suavidades aburridas, porque a la hora de acercarme, las cosas cambiaban y eran un poco más igualitarias: la pasión se hacía manifiesta en mi mano, en su cuerpo y los dos disfrutábamos de lo exquisito del placer dado y recibido. Me sorprendía saber que no todo estaba donde yo pensé que estaba, que su cuerpo no tenía nada de superficial, y que era hermoso tocarla así.

Esos recreos fueron decidores: nos pudimos decir mucho. No fue solo aprender a tocarla, sino aprenderla entera. Saberla, conocerla. Me estaba dejando entrar, adentrarme en ella y ya no tenía ninguna verguenza. Yo daba gracias a los dioses.

De a poco, y no sé en qué momento, decidimos que era bueno dejarnos llevar.

Lo que siguió fue indescriptible.

Fue horas después que comprendí que aprender a tocar a una mujer es un requisito para compenetrarse con la divinidad. Que el sexo es un culto a una diosa que no conozco, pero que siento en mi propio cuerpo cuando estoy con ellas. Que lo diferente es escencialmente de otra dimensión, pues yo soy tan terrenal como la tierra y ellas tan superiores como la semilla. ¿Que qué tiene que ver? Pues una semilla no simplemente se planta, sino que se cuida. Se hace necesario, para que germine, que ciertas condiciones estén dadas. Cuando crece, es imperante establecer una relación con ella, y si ésta es fructífera nos regalará sus pétalos al final de su período, cuando ya no sea semilla sino planta.

No me interesa más que conocerlas, aprehenderlas, porque me llevan a un lugar que no conocía y del cual no quiero volver.

abril 13, 2011

Me caí del mundo y no sé por dónde se entra

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!



¡Es más!

¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.



¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.



El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano

RELACIONACIONES