Pestañas

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diciembre 15, 2011

Testimonio de una detención ilegal

Ayer, en la Plaza de la Independencia de Concepción, los 'amigos' de verde protagonizaron una vez más violentos y traicionaros ataques contra manifestantes que repudiamos la instalación arbitraria y arreglada de una maquinaria de polución y contaminación a base de carbón. Este es un testimonio de la detención bestial que sufrí.

Cerca de las 20 hrs. nos encontrábamos en la Plaza Perú con alrededor de 100 personas esperando convocatoria. La verdad estaba un poco cansado y tenía que llegar a mi casa a terminar un ensayo que entregaba al otro día. El plan era manifestar nuestro descontento quizás alcanzar a ver el partido y luego partir a mi casa para resolver problemas académicos. Una tarde como cualquier otra.

Partimos por la diagonal, la gente respondía de diversas maneras pero yo noté muchas sonrisas y buena vibra, mal que mal uno de los temas más sensibles es la salud, y creo que en algún punto todos y todas estamos de acuerdo con que la matriz energética de Chile vale callampa, que hay miles de opciones más que por muy caras que sean en términos iniciales, a largo plazo es la cumbia. Pero bueno, eso a los políticos  les da lo mismo, porque no me vengan a decir que no lo entienden...
Resulta, entonces, que llegamos a la Plaza de la Independencia, donde nos colocamos frente a las oficinas municipales donde todos estos ladrones y coimeros se encuentra sentados descansando su gran culo y su enorme panza mientras hacen quizás que plan para aprovecharse un poco más de su cargo político institucional. Les gritamos de todo, puras verdades, los tratamos como se merecen: como lacras. 
- ¡Den la Cara!
- Laraquete no se vende conchasdesumadre
- ¡A ver si les gusta tener carbón en los pulmones!
Simbólicamente llenamos su entrada con carbón, cenizas y polvo. Un par de bombas de humo realzaron la imagen de rabia, porque es eso precisamente lo que sentimos. Ventanas, Pascualama, HidroAysen, Castilla, Isla Riesco, Laraquete, y un sin fin de localidades más afectadas por estos monstruos escupe mierda... ¿Cómo no tener rabia?

Pero a los cafiches sacoe'weas les incomodó nuestra protesta. Ofender a sus jefes es tocarles las bolas, no pueden entender que le vengan a ensuciar la entrada a la Doña, eso no se hace,  esa no es la forma... Y digo yo, ¿cuál chucha es la forma entonces paco culiao'? Y es que ahí se les desfiguró la cara, salieron tras del gentío a pescar a quien alcanzara la mano. Una compañera no alcanzó ni a darse cuenta que la habían agarrado. A otros los tiraron al suelo...

A mi me agarraron entre 87. Yo no estaba ni ahí con irme con ellos, asi que patalié con todas mis fuerzas, le saqué el gorro a uno y lo tiré lejos y ahí fue cuando, cobarde y disimuladamente, me empezaron a sacar la chucha. Uno de ellos me agarro de las bolas, otro me rompió el pantalón, otro me pegaba en la cara (léase frente, nariz, mandíbula), alguno me habrá rasguñado o algo así pero me tenían hecho bolsa. Mientras eso pasaba yo gritaba ¡Me están pegando! y uno de los más nuevitos intentó taparme la boca pero se alcanzó a dar cuenta que si lo hacía le sacaba el pedazo de un mordisco.
Me subieron al bus y no me pude ni parar. Estaba mareado de tanto coscacho. Me sentaron y uno de los tantos aweonaos me trajo agua.
- ¡¿Qué chucha?! No quiero agua, ¿pa' qué?
- Pa que te relaje weon oh
- ¡Saca esta wea de aquí!
Agua. Eso se les ocurrió. De repente tenía sed, no estaba mareado, ni golpeado, ni con el labio hinchado... No, tenía sed. Imbéciles.

Sin pensarlo dos veces, y ya que la última vez había sido un pollo, saqué mi cuaderno y un lapiz y anoté todos los datos que pude. Le preguntaba directamente al cabo de mierda que, asustadísimo, me respondió todo. No están acostumbrado a que la gente conozca sus derechos, esos derechos que no nos enseñan en ningún lado. Que a los alumnos de derecho solo les dicen cuando están en 4to año, nunca antes.

Nos tomaron a las 20:45 en la Plaza de la Independencia de Concepción. Quien me respondía era el Cabo Martinez, pero no me dijo de qué compañía era, porque según él andaban pacos de todas las compañías. La identificación de la micro era B277. Desde ahí, nos llevaron a la 1ra comisaría. Entre que nos detuvieron y que fuimos a constatar lesiones pasó una hora: a las 21:45 estábamos en el Hospital Regional dando cuenta de las golpizas, las cuales se anotan por un doctor (cuando el procedimiento se hace bien) que decide si colocar "lesiones leves" o "policontusiones", antecedente que luego queda en manos de la misma policía. Quizás pa' prender alguna estufa o algo así.

Mientras íbamos hacia el Hospital un paco se puso a preguntarnos que qué hacíamos, si estudiábamos y qué estudiábamos. Cuando me preguntó a mi fui claro:
- ¿Qué estudias tú? - me preguntó
- Disculpe, ¿Y Ud. qué estudió?
- No, si yo soy el que hace las preguntas aquí
- No le voy a responder nada porque Ud. no tiene un informe que esté llenando, por lo demás no puedo declarar nada si no hay un abogado aquí y Ud. no me puede estar preguntando cosas que no tiene por qué preguntar. Lo que está haciendo es ilegal y es un abuso de poder.
- Pero si estamos conversando
- Si estuviéramos conversando Ud. me respondería lo que yo pregunto. Ud. no quiere conversar, entonces lo que pasa es que está abusando. Y eso es ilegal.
Calladito se quedó.

Luego de eso nos llevaron de vuelta a la comisaría, donde nos tuvieron más de 2 horas esperando que terminara el proceso, sin dejarnos siquiera ir al baño.
En total eramos 12 personas, 10 imputados e imputadas por desordenes en la vía pública y 2 por maltrato de obra a carabineros, uno de ellos menor de edad, al que dejaron libre según un citado artículo 26. Al otro, un compa de la U, lo hicieron pasar la noche porque el fiscal que debía decidir si podía o no irse estaba durmiendo o quizás le había dado una embolia por lo guatón que debía haber sido. Lo soltaron al otro día si, cerca del mediodía.

Entre otras cosas, mientras íbamos a constatar lesiones al Hospital, un paco le agarró el pico a un compañero, el cual se puso a reclamar por tal abuso de poder a lo que lo empezaron a grabar ilegalmente. Cuando pregunté por el nombre y el cargo de un paco no me quiso decir nada. Finalmente supe que su nombre era Oscar Garrido, pero el rango me lo perdí. Y por último, mientras estábamos en la comisaría esperando firmar nuestra salida, uno de los imbéciles se puso a fumar dentro del recinto, más encima habiendo un compañero asmático entre nosotros. En todo el proceso, fui testigo de 4 ilegalidades en el proceso, sin contar que mi detención también lo fue, lo que eleva el número a 5. Y eso fue solo lo que vi.

A fin de cuentas, estos datos los dejo libres para que quien quiera se pueda informar y para que quede rastro de la mierda que son estos traidores, porque según informes de Resumen y MetiendoRuido, el oficial a cargo de la operación era un hijo de Laraquete. Traidor con todas sus letras.

Esta wea no se puede quedar así, hay que estudiar nuestros derechos, porque una de las cosas con las que cuentan estos weones es con la ignorancia de la gente. Si no conoces tus derechos, pueden pasar por encima tuyo cuando quieran. Hay que estar más vivos, y hay que denunciar.

Gracias a todos y todas quienes estuvieron ahí con sus SMS, con las llamadas, con las preguntas. Lxs quiero cabrxs, son la cumbia. De verdad.

Y fuerza, que venceremos...

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Más info en: Laraquete Limpio

octubre 08, 2011

Fluir como el sándalo, transmutar como el agua

"Hay una hermosa historia sufí contada por primera vez en el siglo IX acerca del enfrentamiento del agua con la arena. Las aguas del Río, que fluían alegremente hacia su destino final, de pronto se vieron enfrentadas con las arenas del Desierto. Al ver que el mar de arena absorbía sus aguas, el Río se preguntó desesperado:

    –¿Cómo he de cruzar estas arenas? ¿Qué me ocurrirá? ¿Me convertiré acaso en un pantano de agua muerta?

    Fue entonces cuando el Río escuchó un susurro, la voz del Desierto:

    –Amigo mío, ¿a qué viene este desespero?

    –Pues tengo toda esta agua y debo llegar a tu otro costado –respondió el Río–, y si no lo hago, desapareceré.

    –Te preocupas demasiado. ¿Cuál crees que es la esencia del agua?

    –Pues fluir hasta su destino. ¿Cómo lograré llevar mis aguas a través del desierto?

    –Pero no hay razón alguna por la que no puedas llegar hasta tu destino, amigo mío –dijo el Desierto.

    –No es verdad –protestó el Río–. Tan pronto como mis aguas fluyan sobre tus arenas, desaparecerán.

    –Sí –arguyó el Desierto–, eso es verdad. ¿Pero acaso no es también verdad que hay mucho más que el fluir del agua? Ella se puede evaporar sobre mis arenas y ser llevada al cielo. Allí el agua puede formar nubes, y las nubes podrán ser empujadas por el viento hacia el otro costado de mis arenas. La lluvia puede caer en aquel lugar y el agua fluirá de nuevo.

    –Pero yo no soy así –se quejó el Río–. Yo sólo sé fluir. No sé nada de nubes, vientos o lluvia. Las nubes, el viento y la lluvia no son de mi naturaleza esencial.
–Pues entonces, amigo mío –concluyó el Desierto–, si continúas siendo tal como eres, en efecto, has de desaparecer. O puedes aceptar una manera más amplia de ver las cosas, y dejar que las aguas encuentren su camino hacia las tierras más allá de mi arena, donde han de caer y fluir una vez más." (Shah, 1993 citado en Stoller, 2009)

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Referencia: Revista de Antropología y arqueología "Antípoda" n.8, Enero/Junio 2009, Bogotá

abril 13, 2011

Me caí del mundo y no sé por dónde se entra

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!



¡Es más!

¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.



¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.



El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano

septiembre 09, 2008

Reciclaje en casa [versión revisada]



Quizás reciclar no sea una actividad que detenga el cambio climático global, pero en este artículo lo que se pretende no es necesariamente construir respuesta a esto, sino entender que nuestra relación con la naturaleza debe cambiar hacia prácticas más sustentables, ya que nuestro vínculo con la naturaleza es fuerte, aunque lo desconozcamos. Encontrar un equilibrio entre la satisfacción de nuestras necesidades y lo que se requiere para el cuidado del planeta es una condición para avanzar hacia una nueva conciencia de nuestra realidad.


A pesar de lo que se pueda pensar, actualmente el cambio climático es una realidad. Al menos en Chile, el clima cambió abruptamente y lo que una vez fueron veranos calurosos y sofocantes ya no lo son tanto; y los inviernos torrenciales se acabaron, dejando tenues lluvias que no arrazan con ningún paraguas. Aunque lo queramos desconocer, el cambio climático sucedió y se sigue sucediendo. Está aquí y no es mucho lo que, a estas alturas, podemos hacer. Por esto este artículo busca ayudar a construir prácticas nuevas o, más bien, a rescatar viejas prácticas que nos ayudarán a entendernos como parte de la naturaleza, no ajenos a ella.

Uno de los elementos más importantes para una nueva relación con la naturaleza y la humanidad son los residuos.

No creo que sea necesario extendernos en este punto, ya que todos y todas sabemos que mucha de la basura que acumulamos aún es utilizable, sobretodo para nuestro patio. Varias historias de varios amigos han nutrido mi conocimiento sobre esta materia, y la más memorable es la de Claudio, mi mejor amigo, quien me contó que su madre guardaba todas las heces de su perro y las colocaba en la pequeña huerta que tenía atrás de su casa. A él le sorprendió el hecho de que, meses después, las mejores plantas habían germinado con el abono que su madre había utilizado en base a las fecas de su mascota. Y es que no solo la caquita de perro sirve, sino que todo desecho orgánico es nutriente para la tierra, cualquier tipo de tierra. Acá donde vivo la arcilla es lo que nos tocó. Con paciencia y mucha dedicación, logramos cambiar la tierra y ahora es perfecta para plantar casi cualquier cosa.

Pero detengámonos aquí. ¿Qué es un desecho orgánico? Para la mayoría de las familias, la basura es basura y no hay nada más que discutir. Resulta que, en estricto rigor, no es tan así. Los desechos orgánicos son todos aquellos desechos que pertenecieron a frutas, vegetales, hortalizas, árboles o cualquier otro elemento que sea estrictamente natural y no haya sido -o casi no haya sido- procesado. Es así que desde las cáscaras de plátano, de palta, las corontas de manzana, el papel, el cartón, las ramas secas de nuestros arbustos del patio, la ceniza de la estufa, las bolsas de té o los restos de café son desechos orgánicos y sirven para alimentar a nuestra tierra y, a la larga, mejorarla y hacerla apta para cualquier plantación.

Tengo separada mi basura.
¿Qué sigue?

Por favor, nunca dejen que la basura se pudra encima de la tierra. La forma correcta de deshacernos de los desechos orgánicos de una manera sustentable es hacer un hoyo (ojalá profundo, para no tener que estar haciendolo cada un mes o menos) para ir dejando los desechos dentro. Cada vez que tiremos una pila de basura orgánica, iremos tapandola con la tierra que restó. Así no molestamos a los vecinos con el olor ni con las moscas. Pero, ¿Y qué sucede luego? Pues aquí es donde comenzamos a conectarnos con el entorno, ya que en la tierra viven distintos y variados organismos que buscan y rebuscan como sobrevivir. Hacernos parte de su proceso de supervivencia nos conecta de inmediato con todo aquello que nos rodea. ¿No es abrumante la sensación de que todo está conectado? ¿De que podemos y somos parte de otras vidas? Y sí, lo somos, porque al enterrar la basura estaremos invitando a hongos, lombrices y otros microorganismos a un festín de descomposición.

Este festín para ellos es total y completamente útil para nuestros propósitos, pues a medida que vayan descomponiendo lo orgánico, irá quedando tras de ellos lo que llamamos compost, un excelente abono orgánico para las plantas que es abundante en nutrientes y que mejorará nuestra tierra para un próximo ser vivo verde y turgente. Este material aparece luego de un par de meses de iniciado el proceso, por lo cual el hoyo que cavamos en la tierra no tendría que ser pequeño. Es así que una vez iniciado el proceso de reciclaje y entrega de los residuos orgánicos a la tierra, debemos ser constantes para poder ver resultados satisfactorios.

Ahora, si quieres acelerar un poco el proceso, lo que puedes hacer es ir a la feria más cercana y, una vez terminada la jornada, pedirle a los y las feriantes que te regales sus residuos -que probablemente serán cáscaras de choclo, frutas y hortalizas no vendidas, etc- para poder llevarlos a tu casa y utilizarlos para el proceso de compostaje. De esta forma los hecharás en el hoyo, siempre hechándo material seco como ramas o papel, lo volverás a tapar y lo regaras constantemente (si la lluvia no lo hace por ti).

Es así que, prontamente y si es tu caso, de un suelo arcilloso, demasiado seco o infértil podrás pasar a tener un suelo nutrido, vivo y listo para que te dediques a él y quien sabe, hasta poder tener tu propia huerta y no depender de las grandes cadenas del comercio que nos han quitado el saber productivo y han depositado en sus gavetas todos los alimentos que nuestros abuelos se cosechaban para ellos mismos. Por eso es importante saber cómo hacerse de un espacio para el cultivo, pues entrega autonomía, cultiva la paciencia y nutre nuestro espíritu en tanto fomenta una nueva relación, más sostenible y amable, con el medio ambiente. La satisfacción de sentirse parte de algo es inigualable. Lo recomiendo.

¿En mi casa no me toman en cuenta con la idea del reciclaje.
¿Qué más puedo hacer?

1) Reducir la emisión de desechos
Las bolsas de supermercado son uno de los principales desechos que usamos muy constantemente y que sólo acumulamos y acumulamos. La próxima vez que vayas al negocio de la esquina a comprar, lleva tu bolsa del pan. Si vas a comprar algo que puedes llevar en la mano, no pidas bolsa. ¡Inténtalo!
Muchas veces preferimos comprar barato en vez de gastar unos pesos más y preferir lo sustentable. Intenta hacerte del té en bolsa grande de papel, pues las bolsitas pequeñas lo único que hacen es emitir más desechos -ya que el cartón en el que vienen y el papel en que las envuelven son totalmente innecesarios.
Aparte de esto, reciclar reduce muchas veces los desechos domésticos, ya que más de la mitad de lo que botas son desechos orgánicos reciclables. Hazlo y te darás cuenta de que ya no habrá mal olor en tu casa y las bolsas se llenarán menos.

2) Reutilizar material
Los envases individuales y los utensilios desechables pueden servirle a tu primo pequeño o al jardín del frente. Usando la creatividad inherente de nuestra especie podemos crear espléndidos regalos de cumpleaños, de san valentín, del día de la madre o el padre o cualquier otra fiesta que se avecine, ¡y así no tenemos que comprar en los retails y el regalo será mucho más significativo!
Por otro lado, botar a la calle o incluso a la basura los envoltorios de los envases de papitas fritas, snack mix o lo que sea que compres finalmente termina siendo soplado por el viento (estén en basurales o no) y llegan a ríos que desembocan en el mar, generando la muerte de muchos animales que se confunden con el brillo de los envoltorios e intentan comerlos. ¡Aléjate de ellos!
Por último, esa ropa vieja, si no la puedes donar ¡úsala de trapos! Evitas comprar uno nuevo y le das un nuevo uso a tu basura.

3) Insistir
No hay mejor manera de generar cambios que ser constante. A veces parecerá que nadie entiende y a nadie le importa, pero la forma de compartir el conocimiento y hacer que se reproduzca una conducta saludable es ser constante y dar el ejemplo. ¡No te rindas! Somos muchos y muchas los que estamos por una nueva concepción de la realidad.
¡Idea otras formas! ¡Y eso es todo! Claro que podemos hacer otras cosas también, pero en nuestra casa podemos empezar por eso. No es muy difícil, y si aprendemos y nos habituamos a hacerlo mejoraremos un poco nuestra vida. De la tierra venimos y a la tierra volveremos, qué mejor que darle gracias así.

Y tú, ¿qué haces por la naturaleza?

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