Pestañas

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junio 13, 2016

De exploraciones y magia [Expuesto en Sociedad Utopía Concepción]



Me gustan los besos, las caricias, los mordiscos, las palabras crudamente eróticas al oído, me gustan las miradas cómplices, el calor del abrazo que comienza un encuentro sexual, un palmetazo en el poto, lo eróticamente gracioso que es aguantarse un poquito los gemidos por no aguantarse las ganas y tener sexo donde toque, me gusta encontrarme con gente que no conozco, me gusta explorar con mis amigos y amigas formas nuevas de amarse, me gusta el riesgo, la posibilidad de que me vean, me gusta ver… Hay algo que sucede cuando dos cuerpos se acercan, cuando se tocan.

Y ese algo nunca es lo mismo.

Cuando saludo a una persona desconocida suelo tener ciertas precauciones fundadas en experiencias anteriores, y eso se transmite. Pensar que, corporalmente, el resguardo no es visible es ser ingenuo. Sé que sucede, veo que sucede, siento que sucede; y esa comunicación kinésica entrega un mensaje, el cual es recibido e interpretado de forma probablemente muy distinta a la que yo pretendía, con una intención diferente, interpretación que también estará fundada en experiencias anteriores. Este proceso puede resultar en un apretón que da confianza, que tranquiliza, incluso que contiene. O puede ser que la otra mano se muestre lánguida.

Y ese algo nunca es lo mismo.

Abrazar a alguien que quiero puedes ser una experiencia desbordante, o a veces conciliadora. Dependiendo de la conversación, de si ando receptivo o molesto, de si tengo hambre o estoy apurado, de si es un saludo o estamos arreglándonos después de una discusión; siempre me encontraré comunicando algo distinto. Sin embargo, siempre habrá una proximidad mucho más cercana, mucho más vulnerable que otros acercamientos. Aún si es un abrazo que se sabe “último”, ese que se da antes de no volverse a ver, es un abrazo que lleva consigo un mensaje más cargado de emocionalidad que otros gestos y que excede la capacidad comunicativa de las palabras.

Y ese algo nunca es lo mismo.

No hay dos apretones de manos iguales. No hay dos abrazos iguales. Tampoco dos besos iguales.
El beso que le doy a quien amo al despedirme no es el mismo que le doy al saludar. Fácilmente se podría pensar que la mecánica es idéntica, pero el acto no está constituído sólo de movimientos, ninguna práctica humana es unidimensional. Siempre estamos generando conexiones y desconexiones. La vida parece ser un flujo, una marea de magnetismos y gravedades y tantas otras cosas. Los actos acarrean mensajes que constantemente obviamos, pero que ocurren bajo esa obviedad. No invisibles ni imperceptibles, sino simplemente no procesados, no conscientes.

A veces, cuando el influjo de la luna probablemente está haciendo su mejor aparición en mi existencia, las conexiones se incrementan, profundizan, engrosan. Me encuentro creativo, extrovertido, imaginando, moviéndome, escribiendo, cantando. Me veo queriendo abrazar, queriendo ser abrazado.
A veces, cuando el influjo de sustancias sublimes probablemente está haciéndose sentir con toda su magia en mi sangre, una caricia es un universo entero. Una mirada me puede desacoplar o volverme a armar. Todo me produce algo.

Y ese algo nunca es lo mismo.

De a poco me he ido dando cuenta de lo difícil que es describir sensaciones, lo complicado que es conversar de percepciones. Mientras escribo esto recuerdo una conversación que tuvimos un grupo de hombres luego de una sesión de biodanza, a propósito de los gritos enérgicos y cómo algunos lo encontraban apropiado y otros no. La diferencia la hacía sólo la percepción de lo correcto o incorrecto, y fue complejo centrarnos en lo que se discutía en serio: Qué tan cómodos nos sentimos con la energía voluptuosa y revoltosa de nuestra primigeneidad. Concluímos que intentar poner en palabras algo que se trabajaba precisamente sin ellas podía obstaculizar un proceso e inscribirlo en una dimensión comparativa que no tenía necesariamente un fin nutritivo o transformador. Nos deshicimos de lo problemático que era discutirlo y quedamos con la intención de explorar esa región de nuestra expresión en la medida en que nos sintiéramos cómodos, así como también se destacó lo diferente que puede ser un acto que evoque lo primitivo, ya que puede ser de forma enérgica y ruidosa o suavemente decidida.

Cuando era un poco más chico, tuve un compañero sexual que estaba constantemente haciéndose preguntas sobre lo que le rodeaba, lo cual me pareció un ejercicio interesante de hacer propio. Es más, cuando era aún más pequeño, recuerdo que miraba con cierta pena a les adultes, quienes parecían ya no cuestionarse nada. Esas dos experiencias determinan mi capacidad de intrusear en mi propia experiencia y descubrir cosas, lugares, lunares y gemidos.
Esto, sumado a otros momentos en mi vida, me han hecho comprender que las perspectivas son múltiples, y esto me fascina. Escuchar, intentar comprender, explorar; me apasiona conocer cosas nuevas, probarlas, descubrirme en ellas. Una amiga me dijo que cuando me dedico a algo, me tiro de cabeza. Muy probablemente es cierto, aunque en un principio lo había entendido como algo ofensivo o denigrante. Ahora lo veo diferente, y es que constantemente me encuentro amando lo que hago.
Me apasiona, por ejemplo, explorar. Por eso, cuando voy a comer a lugares bacanes, pido cosas nuevas. Tengo hambre de cosas nuevas. Tengo hambre de besos, de caricias, de encontrar nuevas formas de sentir placer.
Me apasiona disfrutar el sexo. Disfrutarlo en una cama con alguien, solo, de a tres o cinco; disfrutarlo en una conversación, hablar de las cosas que me dan placer y escuchar las formas que consideran placenteras el resto; disfrutarlo como observador por medio de una pantalla o tocando a quienes tienen sexo delante mío. O detrás, o a un lado. Ver cómo la magia de esas conexiones calienta la piel, cómo hace aparecer lo húmedo entre lo seco, la manera en que acelera la respiración. Es magia, y la encuentro en lo apasionante de la exploración.

Y ese algo nunca es lo mismo

Me gustaría saber más de magia. Me gustaría explorar lo diferente que puede sentirse una experiencia tan mágica como lo sería pintar con una venda en los ojos, teniendo como inspiración nada más que el roce de una mano, o el sonido de un suspiro, el calor o frío del aliento de un alguien que juega a ser musa. Sólo pensarlo me dan ganas de tantas cosas…
Me gustaría saber más de magia. Me gustaría explorar mil y una veces esas sesiones de encuentros sexuales donde los ojos se encuentran y no se quieren separar más; explorar esas miradas eternas que redondean todo el proceso, que terminan por unir a un nivel casi divino el vaivén del cuerpo con el hilo más profundo e íntimo que existe, el que quizás se refleja en su iris, o en mi retina.
Me gustaría inventar formas nuevas de tocarnos, de comunicarnos, de encontrarnos, de fusionarnos, de amarnos. Puede que las formas de vivir el amor sean, sino infinitas, indeterminadas. Y así mi intención es buscar con ahínco rincones nuevos, tensionar mi existencia y buscar los límites, desanudar restricciones y liberar. Prefigurar relaciones fundadas en el idealismo amoroso no romántico, sino libertario. Que no se enmarca en el tener, sino en el siendo. Que no se atrapa con la propiedad privada, sino que se libera de ésta. Que no se entrampe con las diferencias en intensidad, sino que acepte lo distinto y eso genere amor incondicional, presente, dedicado. Mi intención es descubrir, ojalá con más personas, lo que significa el amor en su completitud.

¿Es posible amarnos de más de a dos? ¿Es posible enamorarse así? ¿Se puede vivir amando a dos personas a la vez? Y hablo de amor, no de sexo esta vez. Porque el sexo se ha permitido más exploración que el amor. Es evidente que el 2 no es el número límite: He vivido el sexo solo conmigo, con otra persona, de a tres, de a cinco, en persona, virtualmente, en un poema, con suavidad y de forma animal, pensando en quien me besa, pensando en quien me dejó de besar hace un tiempo, pensando en quien me gustaría besar; de muchas otras maneras se ha tenido sexo.

Hay muchas cosas que me dan placer. Constantemente lo busco en todos los espacios que transito y, de hecho, creo que la pulsión por darle un beso a todas las personas que conozco es algo que he vivido más o menos intensamente. Creo firmemente en otra forma de relacionarnos, donde los límites se difuminen de a poco hasta que darse cariño sea cotidiano, y el ser ariscos, toscas y crudos entre nosotras sea lo extraño.

Y ese algo nunca es lo mismo.


En el amor hay territorios inexplorados, oscuros, muy iluminados, mágicos. Quiero vivirlos todos. Vivirlos todos y sentirme amado el doble. Vivirlos todos y amar el doble. Vivirlos todos y sentir el doble de manos. O el triple. Manos que me estén amando y permitan llenar todos mis vacíos, alcanzar todos mis rincones, desnudarme hasta que no haya nada más que develar. Entregarme completo, el triple, el cuádruple. Y no deja de asustarme, suena a que ese sería un estado increíblemente vulnerable, expuesto y explorando mágicamente todas mis posibilidades, y las tuyas, y las nuestras. ¿Pero acaso no se trata de eso?

marzo 14, 2012

Educación sexual: Un tema país pendiente


No había pensado en escribir una entrada aún. La verdad es que estaba esperando ese momento de inspiración para contarles sobre mi viaje a Bolivia... Pero ya llegará el día. Por ahora necesito hacer esta entrada por un tema que ha estado en boga durante todo este día: El cuerpo.Sip. Ese mismo cuerpo que según "la designada" prestan las mujeres, cual envase desechable, durante 9 meses al estar embarazadas. Y qué podemos decir, si son desafortunados los dichos de Doña Ena, pues. Desafortunados, por lo bajo. No creo que merezca más tecleo el análisis de esta persona, porque ya sabemos cómo entienden la sexualidad a ese lado del rio. Por favor, si el ala derecha de la política chilena está llena de contradicciones ridículas: "gay homofobicos, mujeres machistas, senadoras designadas, pobres fachos" (@Fabroo). Insisto: No vale la pena seguir hablando de aquellos.

Lo que sí me merece la pena es el cuerpo mismo, ya que es un tema que no exploramos todos los días. Creo que aún no tengo claro si el cuerpo es mio propio, si importa tanto, si es expresión de algo divino o no. Por un lado está toda esta tradición asceta y estoica de que el cuerpo no debe recibir mayor atención para así poder trascender y encontrar los miles de nirvanas ofrecidos por tanta cultura en relación con lo sagrado... No sé. No lo tengo bien claro, pero creo que el cuerpo es un elemento constitutivo de nuestra existencia y no estar en contacto con él puede ser menos favorable que conocerlo, aprenderlo y aceptarlo.

¿Cuánta gente se niega a mastubarse? Un acto tan simple de autoexploración. Debe ser genial descubrirse junto a otra persona, pero supongo que debe ser aún mejor compartir orgasmos. ¿Y cómo los comparto si aún no sé bien cómo tener uno? Lo peor es que aún revolotea este tabú añejo de que las mujeres no tienen apetito sexual y que solo responden al del hombre. No, no, no; peor aún es que muchas mujeres se lo creen y aprenden a tener orgasmos con la Cosmopolitan... Digo, tampoco es una obligación masturbarse, pero me parece extraño. Si yo, por un día, fuese mujer, lo primero que haría sería masturbarme. Fue lo primero que hice cuando estuve consciente de mi pirula, y tengo muy buenas experiencias con ello.

Qué onda con la ropa, que de repente hace un calor infernal y aún merodea dentro de nosotros la ridícula idea de que mucha piel es peligrosa en la calle, que las niñas deben andar abotonadas hasta el cogote porque si no las violan, ¡de que las mujeres embarazadas no pueden tener sexo! El sexo, ¿por qué negarselo? ¿por qué no explorar también?. Hace unos días hablaba con mi abuela y me decía que quienes no entendían el amor entre dos hombres y dos mujeres era porque nunca habían estado enamorados. Le encontré mucha razón. Y divago, porque es que hay demasiadas cosas que no entiendo cuando hablamos de sexualidad. Y precisamente ese es mi punto: Hablar de sexualidad.

En Chile la educación sexual es un chiste. Repartir condones y manuales de sexualidad heterocéntricos nunca fue suficiente. Yo me eduqué en distintos tipos de colegio -subvencionado y privado- y en ninguno fueron capaces de enseñarme qué era la masturbación, qué significaba eyacular, qué era el clítoris y para qué servía, qué implicaba ser gay, si existía la bisexualidad, etc. Todo lo que tenga que ver con el placer está absolutamente censurado para un niño o una niña. Más allá del debate sobre la pastilla o el aborto, la educación sexual en Chile es deficiente por donde se le mire, si es que se ve, porque bien podríamos decir que es inexistente. Tengo un amigo muy cercano que estudia psicología, y me contó hace un tiempo que tuvo que hacer talleres de sexualidad en un colegio de Concepción. Tocó varios temas, hizo sus talleres y pasó los contenidos propuestos sin problemas hasta que tocó la unidad de orientaciones sexuales. Mi amigo clarificó bien el tema y explicó qué significaba cada categoría. El único ejemplo gráfico era un beso. Un beso. Al otro día, o días después, no recuerdo bien, los papás y mamás del centro de estudios pusieron el grito en el cielo por un beso. Claro que eran dos hombres (o dos mujeres, da igual a estas alturas), pero era un beso. Es educación sexual, es trabajar mostrando, no ocultando. Es criar a gente tolerante, no fomentar la homofobia por omisión (siempre se teme lo desconocido) o por negación, que es peor. Un simple taller...

Después dicen que Chile no está preparado para ciertos avances en la "democracia sexual" como el matrimonio igualitario o la adopción para todxs, y es que yo creo que si lo está. Lo está porque la mayoría de los y las chilenas somos jóvenes, y somos precisamente nosotros y nosotras quienes tenemos más clara la película y nos deshacemos de los prejuicios que nuestros padres nos han inculcado. Estamos preparados para la igualdad, para vivir una democracia inclusiva y real. Con añejos y añejas (etarea y mentalmente) en el congreso se hace todo más dificil, pero es que lamentablemente nunca han sido buenos para escuchar y observar que la ciudadanía está a años luz de ellos y ellas.

¿Recuerdan la última campaña de "prevención" del SIDA? Una ridiculez.

Y es que en este caso la senadora designada es representante de temores sostenidos en el aire, a base de nada, de prejuicios sin asidero justificado, de temores irracionales. Es lamentable, pero si ni siquiera entiende -ni ella ni su coalición- que una madre no es un receptáculo, que la discriminación homófoba lo sigue siendo aunque sea por motivos religiosos, que las mujeres y los hombres pueden vestirse igual y no tiene nada de malo, que la educación sexual no es sólo obligación de las familias sino que también de las instituciones educacionales... Si no entiende eso, habrá que hacérselo entender.

Lo necesario no es que nos burlemos de ella por las redes sociales -bueno, un poquito, si se lo merece por pava; lo que realmente urge es que exijamos una educación sexual a la altura de las necesidades de los pequeños de esta sociedad, la nuestra, la chilena, ya que muchos y muchas llegan a los 18 sin siquiera conocer bien los métodos de anticoncepción. Qué digo, si es cosa de mirar el índice de embarazo adolescente. Hace unos días nada más golpearon gravemente a Daniel por ser gay; aún no podemos reconocer a las personas trans con todos sus derechos; qué decir de las enfermedades venéreas y la increíble tasa de contagio... Esto no puede seguir, y depende mucho de nosotros, de que exijamos lo que corresponde. Las instituciones educacionales deben hacerse cargo de estos temas e incluir a las familias en las discusiones, ya que de otra forma, repetiremos los errores que hemos venido cometiendo como sociedad. Y es este último punto uno muy importante, puesto que se ha dicho una y otra vez por parte de conservadores con representación política que son las familias las responsables de inculcar valores y hacerse cargo del tema de la sexualidad, cuando está demostrado que es mucho más eficiente si el colegio junto a la familia son partícipes de la educación sexual del o de la menor.

Por todo lo anterior ¡Educación sexual ahora! ¡Educación sexual ya!

noviembre 26, 2011

El ideal del pene grande y el cuerpo escultural

Luego de los cuerpos pintados hubieron muchos comentarios que me llamaron la atención. Mi muro estaba lleno de felicitaciones, de aplausos y vitoreos. Me alegró mucho saber que una manifestación así podía remover las conciencias de esa gente, que realmente haya podido entregar una pizca de esperanza, de energía y fuerza. Y es que todxs sabemos que las marchas no remecen a ninguna autoridad: El presidente sigue sentado en La Moneda entreteniéndose con los muñecos gigantes, con las performances creativas y los colores vertidos en esas cuadras de caminata fulgurante. Con un par de cuerpos pintados -eramos veinte- no se va a levantar de la silla a cambiar la educación chilena. Lo que sí pasa, es que entre nosotrxs mismxs nos alentamos, y ese siempre fue mi objetivo.

Más allá de todo lo que significó para mi, me encontré con un par de comentarios que me sorprendieron por su baja sensibilidad y minúscula capacidad de interpretación de una manifestación arriesgada y controvertida como son los cuerpos desnudos.

Yo puedo entender si produce risa mi cuerpo, o dan ganas de hacer un chiste de él. Realmente no me aproblema porque yo me quiero más que la cresta y me acepto tal cual soy. No necesito más. De hecho puedo bromear acerca de mis kilos de más o de cómo mi tula se ve muy chica cuando no está erecta. No me causa una baja en mi autoestima ni me produce tristeza saberlo y que lo declaren. Es así, y soy lo que soy y si a alguien le causa gracia, ¡riámonos juntos!

Lo que no puedo tolerar son comentarios simplemente de mal gusto. Que me escriban "chikitito" puede sonar de varias formas: Tierna o irónicamente, aludiendo a mi estatura o a mi miembro viril. Es un poco más elaborado que "hacía frio", por ejemplo. Es por eso mismo que lo paso y respondo "pero rendidor", porque me parece interesante el juego semántico que implica; no así el segundo comentario. Ese cae bajo, ya que evidencia cero sensibilidad artística, cero análisis, cero intento por tirar una talla un poco más interesante. Evidencia también estereotipos marcados, ideales de cuerpo que si no se cumplen generan demasiado ruido como para no comentarlo. Y es preocupante.

Otro comentario parecido fue algo asi como "baja de peso para la otra", y esto ya es lisa y llanamente un descaro. Realmente no hay preocupación por la otra persona, es un comentario tajante y desubicado. Lo peor es que viene de la misma persona que comentó al principio, lo que indica que realmente le dio siquiera una vuelta más a las imágenes de la manifestación y no pudo sacar ninguna otra conclusión (como que el diseño estaba interesante, o el hecho de que estuviéramos de blanco significaba alguna otra cosa o que la frase de Galeano que ocupamos quizás podría haber sido otra...), sólo se dedicó a remarcar la idea de que mi cuerpo está quizás enfermo, desviado y necesita enderezarse. Necesito estar más flaco.

Todo lo anterior no me deja más que escribir lo siguiente: Sobre los ideales del cuerpo en la sociedad actual.

¿Por qué es tan necesario que todos seamos flacos, con tulas grandes, altos y ojalá caucásicos? ¿Realmente estamos tan decididos a que seamos todos una copia del de al lado? ¿De verdad queremos homogeneizar la experiencia humana, sobretodo en términos corporales? Me parece una aberración. La relación que tenemos con el cuerpo es demasiado masoquista para mi gusto: Nos esforzamos de sobremanera por alcanzar a ser estilizados, nos preocupamos en demasía por cumplir estándares que ni siquiera fijamos nosotrxs mismxs, sino una empresa de marketing. Y estoy hablando solamente desde un cuerpo masculino, porque si comienzo a hablar del cuerpo femenino esto se va a la chucha.
Vincular el tamaño del pene a la virilidad o a la "cantidad de masculinidad" que uno tiene en el cuerpo es un vicio. No una costumbre rutinaria, sino una obsesión enfermiza. De raíz la cosa anda mal, partiendo porque denuevo nos encontramos con un ideal, el ideal del hombre viril y masculino que no ha sido planteado por nadie más que por instituciones que necesitan que así sea para que seamos el sostén, el proveedor y el trabajólico.
Estas estructuras de género están completamente obsoletas en mi. No me interesa tener una verga de 25 centímetros, porque ello no me hará más hombre. No me interesa ser un raquítico marcado para satisfacer a otros; cuando decido bajar de peso y preocuparme de mi cuerpo es por un afán de ser más saludable y estar más cómodo en mi propia piel. Cuando decido quejarme sobre mi estatura es por un deseo propio de ver las cosas desde unos centímetros más. Pero todos mis deseos respecto de mi cuerpo parten por necesidades que yo identifico en mi mismo, no en exigencias que encuentro esparcidas por la tele, las revistas y aquellos y aquellas que están embetunados de necesidades sistémicas.

Me cago en los ideales del sistema, y me molesta de sobremanera que, sin haberlo siquiera pensado, la gente vomite y vomite que uno necesita esto y aquello. Lo siento, pero tengo claro lo que necesito y no es precisamente tener un físico escultural: Necesito ser consecuente con mi lucha, que empieza en mi y se arma por medio de mi.

noviembre 25, 2011

El cuerpo canta, gime y lucha

Chequear el tiempo nunca estuvo demás antes de una marcha, sobre todo si peligraba la estabilidad del acrílico en mi cuerpo. Menos mal, se venía un día exquisito. Mi cuerpo, sus cuerpos y el de Latinoamérica completa lo recibió con alegría, consignas gritadas al viento con los pulmones de la amazonía, con la fuerza del mar y con el tridente sonar de los vientos cordilleranos. Éramos un solo cuerpo y el sol nos invitaba a utilizarlo, a recordar que es en él donde se inscriben las desigualdades y es desde él que podemos responder a ellas.

La cita comenzó mucho antes de la reunión. Comenzó en nuestros corazones. Comenzó mucho antes de la toma, de las manifestaciones: Comenzó en nuestro cuerpo. En la reunión se hizo efectivo nuestro sentir… utilizar la primer arma para luchar se hizo un imperativo por nuestro fervor, nuestras convicciones, nuestro amor por la causa, nuestra hirviente pasión por una sociedad distinta, mejor.

Durante la mañana, mientras afinábamos detalles, conocerse se nos hizo fácil. Conversar sobre el diseño, lo que significó investigar sobre el país designado, reencontrarse con compañeros y compañeras de otras versiones de cuerpos pintados, reírse, compartir la timidez, el pudor, la vergüenza, todos esos elementos impuestos por el sistema represor de los placeres, del erotismo y del cuerpo mismo. Ese sistema que le quita la posibilidad de una vivienda digna a tantas personas que, antes y después del terremoto, esperaban y siguen haciéndolo. Que le quita el conocimiento a tanto productor y productora para industrializar todo y contaminar frutas, verduras, el aire, el agua y todo lo que puede si es que de aquello cae algún suculento cheque. Ese sistema que día a día aplasta a miles de personas, que se hace el ciego ante el gran aporte de la música y las artes en la formación integral de los seres humanos. Ese sistema que, aunque cruel y despiadado, tiene grietas por todos lados; que encuentra fuerte oposición en cada cuerpo resistente, en cada ocupación, en cada marcha, en cada capucha, en cada grito, en cada bomba de pintura, en cada lienzo, en cada pancarta, en cada pie hinchado de tanto caminar: En nuestra vida. Más le vale no creerse el cuento, porque no somos ciegxs ni sordxs, no somos tontxs, no somos simples corderos que caminan hacia el matadero. Somos seres concientes y no tenemos miedo.

"Esclavo puede ser el cuerpo, pero libre tenéis el alma para volar un día a la libre mansión de los escogidos”.

Parafraseando a Galeano, y con representaciones de América Latina en la carne, salimos a tomarnos las calles junto a miles de manifestantes que en todo Chile y en todo el continente se unían declarando fuerte que la ciudadanía tiene las cosas claras y no se achuncha con el rugido del depredador. Nosotrxs rugimos más fuerte. Fue en Perú, en México, en Ecuador, en Costa Rica, en Paraguay, en El Salvador, en Argentina, en Bolivia, en Uruguay, en Guatemala, en Brasil, hasta en Canadá, Francia y Alemania que se unieron las manos, las voces y cantamos todxs la canción del despertar. De un despertar que no significa el final de un sueño, sino el progresivo avance hacia él.

Aplausos, risas, caras sorprendidas y reencuentros con emociones de antaño se sintieron al caminar. Nos encontramos con la manifestación en la Plaza de la Independencia, donde secundarios, universitarios, trabajadores y hasta familiares fueron público y artistas del escenario que colectivamente se formaba junto a nosotrxs. Somos parte del mismo ímpetu; somos juntos un mismo espíritu.
En definitiva, el cuerpo está activo ya sea marchando, gritando, sujetando un lienzo o cubierto con pintura. El cuerpo de América Latina se movía completo y tuvimos el honor de representarlo.

El cuerpo es un espacio político, así como todo en nuestra vida. Lo que hagamos o dejemos de hacer con él siempre será un discurso sobre nuestras convicciones. En nuestro cuerpo se inscriben valores, normas, esperanzas, castigos, represiones y liberaciones. Desde aquí es que se lucha pues por medio de él nos comunicamos. Liberarse de códigos añejos y opresores puede ser un paso hacia una sociedad, esa sociedad que queremos. Una mejor.

Agradezco a las 21 personas que caminaron hoy conmigo. Agradezco a lxs pintorxs, a lxs espectadores, a lxs fotógrafxs, a quienes aplaudieron y a quienes se sintieron ofendidxs. Agradezco a todxs quienes marchan, a todxs quienes veo siempre los jueves, a todxs quienes han perdido el miedo. Agradezco a todxs mis amigxs, esos que han estado ahí para alentarme, con lxs que me encuentro en cada marcha. Les agradezco, porque es en ese lugar y es con ellxs con quien sueño un mundo distinto. Y es con ellxs con quien lo construyo.

ARRIBA LXS QUE LUCHAN

Versión con imágenes en Metiendo Ruido.

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