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septiembre 13, 2013

Chile, ¿Chile lindo?

 A propósito de la fatídica fecha que acaba de pasar y la "gloriosa" fecha que se avecina, me dieron ganas de escribir, cosa que he dejado de hacer por pura falta de motivación. Me he dado cuenta de que hartos proyectos que tengo no pueden surgir si no me hago de aliados. Siempre uno está necesitando a su próximo.

Y en general es así, uno siempre necesita a los demás, diga lo que diga. Por muy independientes que nos creamos no somos nada sin la oreja escuchadora, el hombro apoyador o la mano apañadora del de al lado. Incluso a veces los necesitamos para que nos escupan en la cara verdades que estábamos pasando por alto. Yo creo que, como a mi, a varies les falta un escupitajo bien dado, porque defienden una patria a punta de cuentos de hadas que construyen una realidad más virtual que cualquier fanfic. No es que me crea el prometeo de la nueva era, pero por favor, hay datos, hay muchos datos.

Yo vivo tranquilo, sin tantas preocupaciones, sin grandes necesidades, pero eso no tiene que ver con que Chile sea un país justo y esté lleno de oportunidades, sino con que mis padres hicieron esfuerzos sobrehumanos trabajando y estudiando en el caso de mi papá, y trabajando y viendo la casa en el caso de mi mamá. Esta es la malparida “doble jornada”, atrocidad que encuentro terriblemente injusta pues no considero una verdad eso de que uno viva para trabajar. Ese no es nuestro fin último como seres humanos. Pueden tacharme de new age o lo que quieran, pero de verdad creo que nuestra misión en la vida es ser felices, alcanzar el nirvana y hacernos uno con la pacha mama... O algo así.
Más allá de esto, que yo pueda vivir tranquilo -la mayoría de los días- no significa que el país viva tranquilo igual que yo.

Algunos datos que hacen de Chile un país derechamente injusto son los siguientes:
  • El quintil más rico gana 14 veces lo del quintil más pobre, lo que es una desigualdad que duplica la de los países de la OCDE (Joseph Ramos, Economista UChile)
  • Casi un tercio (31,1%) del ingreso de Chile llegó al 1% más acaudalado de la población, mientras que sólo algo más de los dos tercios (68,9%) restantes se distribuyó entre el 99% de los demás chilenos (Paulina Henoch, LyD)
  • Es realmente en el 1% más rico y sobretodo en el 0,1% y 0,01% más rico donde se concentra el ingreso (López, Figueroa y Gutiérrez, UChile)

Seguir sería deprimente.

¿Qué queda para el resto? ¿En qué están los legisladores de este país que, con todos estos datos, siguen en acordando sus acuerdos, aprobando leyes piñufla y apenándose por la realidad chilena sin tomar acciones reales? Más aún, ¿en qué está la gente, les chilenes, que no se toman todo y paralizan medio Chile exigiendo lo que les corresponde? ¿Hasta cuándo soportamos que nos basureen y nos digan "estamos trabajando para Ud."? Cuando me sale algo así en una tapa de bebida yo la tiro lejos, y a estos ridículos que más encima trabajan para mi, que les pago el sueldo con mis impuestos, ¿no les puedo alegar?

Un amigo posteaba en Facebook un artículo que enfatizaba lo injusto que Chile sigue siendo incluso hoy, cómo el legado de la dictadura militar de Augusto Pinochet nos sigue afectando en la actualidad, y cuáles son los grupos económicos que nos tienen agarrados de las bolas y ovarios. Si, leyó bien: De las bolas y ovarios. Ya se estarán preguntando, ¿qué tiene de importante este hecho? Pues que su tía comenzó a discutirle que por qué basureaba tanto a Chile si era un país tan bello, tan hermoso y tranquilo. Literalmente le dijo "no seas mal agradecido y pegate una piedra en el pecho en el pais que vives y tener la capacidad despertar tranquilo cada dia".
Esta primera oración me dejó colgado. Ahora resulta que somos una tropa de mal agradecidos todos los que tenemos una visión crítica sobre nuestra patria y cómo se llevan las cosas acá. Y bueno, hay que pegarse con una piedra en el pecho. Así nomás. Pero no bastó con esto, sino que la tía de mi amigo consideró que el viaje que éste hizo por Europa hace unos meses distorsionó sus valores. Aquí es que quedé estupefacto.
A mi juicio, si de algo sirve ver otras realidades, viajar a otros países, imbuirse de otras culturas es para ser crítico con la propia. En mi caso, viajar a Bolivia me hizo apreciar la diversidad cultural que aquí en Chile se tiene tan a mal traer. Personalmente cultivé un espacio espiritual que tenía muy dejado en mi. Pero, por sobre todo, entendí que la pobreza usualmente no tiene nada que ver con lo material, sino con elementos mucho más intangibles, actitudinales, de perspectiva.

Mi amigo fue a Europa y trajo consigo muchas críticas al sistema económico y cultural chileno. Asuntos estructurales como la residistribución, el sistema tributario, educacional, de salud y de representación política son -literalmente- un mal chiste. En términos culturales, al parecer, no estamos tan empoderados de nuestros espacios públicos, de nuestro territorio, etc. Viendo a Chile desde fuera, el panorama no fue tan lindo. Con ello, volvió al país con ganas de ser más crítico y se planteó el difundir información... Como ya entenderán, su tía lo lapidó.

A mi parecer, esto demuestra dos cosas:
  1. Su tía, como muches en Chile, vive en una burbuja donde en el territorio nacional no se cometen atrocidades de ningún tipo y para la población vivir es algo que sale tan natural como respirar. No hay problemas, no hay nada que intoxique el diario vivir de les chilenes. A mi juicio, esto demuestra mucha ignorancia.
  2. A raíz de lo anterior, y como decía al principio de esta columna, la burbuja en la que viven muches chilenes huele bonito, se ve bien, hasta quizás se viva bien: Es un cuento de hadas. Por una u otra razón es claro que NO conocen de verdad el Chile que tanto aman.

En mi humilde opinión, difundir artículos críticos, poner temas en la mesa, conversar en la micro, discutir con el vecino o compartir información por las redes sociales sirve, y mucho. No considero fructífero que todes estemos en la calle vitoreando consignas reivindicativas, pero tampoco creo que desde internet se cambiará al mundo. Eso si, las dos actividades son complementarias porque varies queremos saber más, enterarnos más, preparanos más; así como también hay muches que viven en estas burbujas dentro de las cuales simplemente no circula información, y ponerla ahí, a la vista de todes genera opciones, en este caso la opción de informarse o no hacerlo.
En lo personal, cosidero que para hacerle frente a estos monstruos financieros de alguna manera, por pequeña que sea, hay que SABER. Saber es poder, decía Foucault. Por último, sirve hablar, levantar la voz. Ya sabemos que el silencio ha sido uno de nuestros peores aliados históricos.

septiembre 27, 2012

Lady Gaga: transacción de identidades en la sociedad actual [extracto]

(Extracto)

2. El capitalismo tardío: la música como bien de consumo y la aparición histórica del pop.
Al hacer una visión retrospectiva en términos musicales, nos enfrentamos al hecho de que cada una de las últimas décadas lleva consigo una etiqueta, un estilo que predominó durante cada decenio. Sin embargo, la música no sólo varió en sus estilos y ritmos con el pasar de los años, su función principal de entretención y reunión poco a poco fue avasallada por un nuevo objetivo: ser un bien de consumo y una gran fuente de obtención de riquezas, en tanto fuese exitosa.

Theodor Adorno (1941) vislumbra este antes y después de la música, dividiéndola tajantemente (y arbitrariamente) en dos estilos: la música seria y la música popular. En su opinión, lo que separa a estos dos tipos de música es lo que él denomina estandarización. Cada hit musical está también estandarizado, “no sólo los tipos de baile (…), sino también los ‘personajes’, como canciones dedicadas a la madre, canciones sobre el hogar, canciones sin sentido o canciones de “novela”, rimas pseudo – infantiles, lamentos por una mujer perdida” (Adorno, 194:[3]).

La posibilidad de que ciertos estilos de música y ciertos artistas en particular lograran el éxito dependía totalmente de la cantidad de seguidores que acarrearan consigo. En la interpretación de Adorno, aquellas canciones que eran más cercanas a la cotidianeidad de las personas eran más exitosas. Es indiscutible que la música no sólo representa el discurso de quien canta, ni siquiera alcanza para ser sólo la expresión de un temperamento, sino más bien es la expresión de una sociedad o al menos de una parte de ella.
Evidentemente, tras la música popular estandarizada de la que nos habla Adorno, subyace una ideología. La metamorfosis de la música hacia un bien de consumo no fue un accidente. Con la caída del muro de Berlín y la imposición de un modelo económico global, el capitalismo terminó por imponerse en todos los ámbitos de la vida de las personas. La Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt llamará este período como “capitalismo tardío”. Por supuesto, el arte y con este la música, no fueron la excepción:

“Si antes el arte respondía a una representación (…) ahora pasa a ser un medio invadido por la racionalidad instrumental que lo cosifica: hay un intento deliberado de la industria cultural de evitar el momento arcaico en el arte, reemplazando procesos artesanales por procesos de pura racionalidad instrumental que convertirían al arte en mera mercancía”.
(Moench, 2011:4)
Una ideología que prefiere el silencio y llenar los espacios para la reflexión, es capaz de fabricar un arte que ya no es posible desde la imaginación propia del artista: el arte se establece como una “producción para otros”, se inserta en el mercado y se masifica. En el contexto de un arte producido en masa y bajo la lógica del mercado, la música deja de ser sencillamente una entretención y se instala detrás de una vitrina, se impone sobre grandes pancartas propagandísticas, en la televisión, en la radio, en centros comerciales, en supermercados y también de grandes empresas. La única posibilidad de acceder a la música es a través del consumo.
Ahora bien, en el devenir de la economía mundial hacia su globalización, donde la transacción de mercancías es cada vez más compleja, que prescinde de fronteras territoriales, ¿cómo es que la música llega a convertirse en producto? Como todo producto, la música se vuelve muchas veces desechable, y entra en el juego de tendencias y recambio con el paso de los años. Los grandes sellos discográficos se proponen representar a sus consumidores, vale decir, la música logra ser un bien abstracto de consumo, donde lo que se consume es la identidad.
Es así como nos aproximamos netamente al fenómeno de la música pop: la figura del artista deja de ser la de un mero ejecutor de notas musicales (incluso muchas veces su trabajo como intérprete es muy pequeño), y pasa a ser fundamental la explotación, por todos los medios, de una imagen para generar íconos que representen a los consumidores en un mundo de consumo generalizado. De esta manera, el grupo musical o el solista pasa a ser significante, en el mundo pop, de marcas de ropa, perfumes, de autos, etc. De esta manera, el ciclo está completo y una vez que la figura se desgasta, está lista para ser desechada.
Por ende, cabe preguntarse cómo es posible que la música pop le haga honor a su nombre y se masifique tan rápidamente. Podríamos pensar que basta con una cara bonita, un buen cuerpo, una buena puesta en escena y un estilo impecable para hacer gritar a las masas. Sin embargo, la década de los ‘90 estuvo marcada por un desinterés colectivo, una sociedad herida por la Guerra Fría y las dictaduras en Latinoamérica, una juventud en el limbo. Aparece entonces el Grunge, que llena esos inexplicables vacíos, los jóvenes se identifican con el aspecto roñoso y depresivo de Kurt Cobain y la desesperanza de un mundo que no pretende cambiar.
El caso de Lady Gaga, en particular, es bastante interesante: su puesta en escena, su extravagancia y su estilo son perfectos para una sociedad que despertó y que pide a gritos abrir las puertas a la diversidad. Además, corrobora esta idea de una producción de arte para “otros”, como así también el uso de la música como un bien comercializable además de exitoso, en tanto incorpora elementos con los que las personas pueden identificarse.
3. Consecuencias sociales del capitalismo tardío: Caracterización de la sociedad posmoderna

La posmodernidad se articula desde una modernidad que se auto-observa, que se sabe modernidad y que se cuestiona a sí misma. Es en éste análisis en el que la modernidad queda atrás y al mismo tiempo se supera: Sus intenciones (la iluminación, la cientificidad, la rigurosidad, la objetividad, etc.) quedan totalmente resquebrajadas para dar paso a lo que “realmente” sucede, lo cual es, en general, una consecuencia no prevista del esmero moderno de conocerlo y clasificarlo todo para poder entender, definir y conceptualizar la realidad social inalterable e independiente de los actores y actoras sociales. Es así que la posmodernidad se convierte en un “modernismo liberado de la falsa conciencia (...) un tipo nuevo de condición social que destaca por su manifiesta institucionalización de aquellas particularidades que la modernidad intentaba eliminar de sus proyectos (...)” (Bauman, Z., 1996:82). ¿Cuáles son esas particularidades?. Pues el pluralismo, la diversidad, la casualidad, las ambivalencias, lo ambiguo, etc. Hoy en día las significaciones modernas han mutado, se han cuestionado instituciones apernadas por siglos en la estructura social, se han desintegrado las polarizaciones ideológicas, desconocido clases sociales, y un sin fín de fenómenos que la modernidad no contempló en su intento por perseguir el universalismo, la unidad y la claridad.

Es a raíz de esas diferencias que la posmodernidad deviene eminentemente relativista. No existe un principio unificador de la sociedad, pues los grandes esquemas no han resultado nada satisfactorios, sino que han terminado siendo motor de guerras y polarizaciones políticas. En el ámbito musical no es muy diferente, dando paso a distintos tipos de estilos e interpretes fugaces, de fama pasajera. Como se ha dicho anteriormente, la aparición de la industria musical aprovecha cada recoveco para convertirlos en una oferta, en una transacción. Es este propósito el que construye formas, patrones, signos y símbolos recurrentes en la escena musical actual, recurriendo a estrategias que algunos autores han conceptualizado pertinentemente. A lo largo de su obra, Baudrillard, utiliza el concepto de simulacro artístico para referirse a la producción estética que caracteriza al arte actual, concepto que remite al proceso de creación de una obra que recurre a un conglomerado de saberes técnicos que permiten su reproducción en masa. Un ejemplo de esto pueden ser las “32 latas de Sopa Campbell” de Andy Warhol.

Este fenómeno tendría tres etapas, las que se articularían como tal desde la ilustación moderna hasta nuestros días, la cuales son:

  1. Falsificación: Simplemente se copia, lo más fidedignamente posible, a la naturaleza. Se pretende imitar, reconstruir y tener como producto lo que un espejo reflejaría de la realidad.

  1. Producción: “El orden de la falsificación ha sido tomado por el de la producción serial, liberado de cualquier analogía con lo real” (Vaskes, 2008:4). La tecnificación de los procesos de creación da paso a esta etapa.

  1. Simulación: Ya no se toma en cuenta al referente, no existe el relato sobre el origen, la realidad pierde importancia y aparece lo hiperreal.

Sería, entonces, este último tipo de simulacro el que predominaría tanto en la música como en la cultura, encontrando su expresión en la industria del pop mainstream actual, en donde el producto no solo lo constituye la canción, sino también el material visual y las presentaciones (giras, entrevistas, etc.). Hay comités, directores, diseñadores y encargados de vestuario, lo que finalmente termina construyendo una suerte de línea editorial con ciertos códigos que la diferencian de otros productos. Este engendro “artístico” se erige como toda una máquina productora de signos y símbolos, siempre teniendo en cuenta generar una distancia con otros artistas levantando una idiosincracia particular que sólo aplica en el universo que se elabora para el consumo musical: el tour.

Ahora, ¿qué es lo que permite que los artistas actuales sobreexploten las posibilidades visuales y musicales, elaborando así un conglomerado de sensaciones que se consumen con interesante celeridad?. Pues otro concepto de Baudrillad, la hiperrealidad puede explicar esta pregunta, ya que lo real no es lo que alcanzamos a percibir, sino todo lo que podemos imaginar. Lo real ha muerto bajo lo hiperreal, la construcción virtual de un mundo que responde a la imagen, a la televisión, al diario, a la radio. Lo real no es sólo aquello que alcanzamos a percibir, sino aquello de lo que podemos saber, aquello de lo que se habla. Al mismo tiempo, explotar esta condición (el poder mostrarlo) es un recurso estético que caracteriza a la era posmoderna, ya que en un mundo lleno de rapidez, de acelerada urgencia como es el mundo capitalista de los años 2000, lo que queda en la retina no es la profundidad de las letras, sino lo pegajoso de las canciones o lo estrafalario de los videos. Más aún, algunos artistas optan por vivir siendo un personaje. Y es que por mucho que los estudios sobre el arte arrojen conclusiones del tipo “para comprender es necesario un alto capital cultural, pues a diferencia del simple goce, entender es tal o cual cosa”, el objetivo del pop mainstream es simplemente estimular los sentidos. No hay coherencia en su discurso, porque su discurso es simplemente “lo posible”. Si es posible y llamativo, se imprime. Si no lo es, resulta poco atractivo, por tanto no se ejecuta.

Luego, si la música se ha transformado en un bien de consumo abstracto y la globalización, internet, la industria discográfica y el nuevo espíritu posmoderno han sido partícipes del proceso que ha vivido la música en este último siglo, ¿qué es lo que la constituye como bien transable? ¿son sólo sus ritmos, acordes y letras, videos, posters y entrevistas lo que llama la atención? ¿qué es lo que hace perdurar a la música pop, y en específico a Lady Gaga, como una de las más grandes vendedoras actualmente?

4. Transacción de identidades y pertenencias
La aparición de las boy bands, a finales de la década de los ‘90 y el nacimiento de un sinnúmero de solistas femeninas como Britney Spears o Christina Aguilera, ofrecen una alternativa al suicidio de Kurt Cobain y a la autoflagelación histórica del Grunge, para dar paso al festejo de todos los nuevos elementos que nos ofrece la sociedad del consumo, siendo la negociación de identidades una de las alternativas más tentadoras para los jóvenes de los noventas.

Las productoras, sellos discográficos y disqueras, ponen sus ojos en la juventud, precisamente porque son ellos quienes se encuentran en una ansiosa búsqueda de elementos identitarios que les permitan definirse en el camino por alcanzar la adultez. María del Carmen Fernández (2006) grafica bien esta idea, mencionando que son jóvenes los principales consumidores de música:

“(...) [Los jóvenes] están todavía formándose en sus valores y pueden ser muy influenciados por los mensajes de las canciones (...), estos fenómenos no son ignorados por las compañías discográficas que aprovechan la vulnerabilidad de los adolescentes, creando ídolos, formas de vida, ideales (...)”
(Fernández, 2006:5)

Además de una imagen, existe también una idea tras las figuras de la música pop, una idea que se sostiene de diversas características que forman el personaje completo tras las estrellas musicales: El aspecto virginal y a la vez coqueto de las solistas femeninas menores de edad se convierte en el motor de su propaganda, para luego, con la mayoría de edad, mutar hacia la sensualidad, rebelándose al panorama anterior y proyectando su influencia en el tiempo.

Con el pop y la masficación de los estilos como el grunge, el punk, etc., lo que sucede es que se construyen identidades, las cuales son un bien de consumo abstracto. Así, diez años después de Britney, lo que se consume (y compulsivamente) en Lady Gaga es la posibilidad de identificarse en un mundo -postmoderno- en el que el sincretismo lo es todo y las categorías no son nada, es decir permite el consumo de identidad, en una época de identidad en crisis y ebullición. Así, paradójicamente, las miles de etiquetas que caben en el concepto de Lady Gaga suplen al mismo tiempo la necesidad -en términos de la construcción de identidades en nuestra época y sociedad- de:

1) producir mas identidades, generar espacios para que la gente se identifique con “algo” y
2) al mismo tiempo, ambiguar las identidades o la identidad como necesidad, abriendo espacio a una identidad freak, no categorizada, no definida, no delimitada, difusa en términos sexuales, estéticos, donde se confunde lo bello con lo terrorífico, lo sano con lo enfermo, lo tierno con lo agresivo, etc., donde todo es posible.

¿Qué constituye identidad en la era posmoderna?. Hasta la primera mitad del siglo XIX la identidad estaba ligada más bien a la condición socioeconómica al nacer, ya que existía una estructura social bastante rígida y las creencias y rituales solían ser guardados con ahinco. Pero en la era posmoderna la identidad gira en torno a otros ejes, los cuales tienen más que ver con lo que propone Dunn (1998), pues la sociedad posmoderna construiría identidad a partir de los bienes materiales, productos desechables, imágenes, técnicas, las cuales estarían seleccionadas y descartadas a voluntad dada la vasta oferta de ellas en la cultura del consumismo.

Entonces el producto (según la reflexión anterior) musical y estético de Lady Gaga es, en el fondo, un bien abstracto de consumo (con una altísima demanda), porque juega en doble linea con la necesidad pujante de identidades difusas en un mundo postmoderno colapsado de imágenes, conceptos, formas e información; y, al mismo tiempo, ofrece el efecto tranquilizante de ser un gagaísta ("little monster"), es decir, caer en una categoría o simplemente ser parte de un grupo social. Pero no sólo responde a la lógica posmoderna de atraer público, sino que su encanto radica en que el discurso que ella rescata es un discurso underground, el discurso de los y las rechazadas, los outcast, las underdogs. Estos grupos que hasta ayer eran simplemente marginados, hoy tienen un símbolo patrio que los reúne y les dice “It doesn’t matter, You were born this way”.

(continúa)

-- Referencias

ADORNO, T. (1941). On Popular Music, en Studies in Philosophy and Social Sciences, Vol. IX (New York: Institute of Social Research).

BAUMAN, ZYGMUNT (1996) Teoría sociológica de la posmodernidad, Espiral, vol.2 n.5, pp. 81 - 102, Universidad de Guadalajara, Mexico

BERGER, P. Y LUCKMANN, T (1968) La construcción social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires. Capítulo I, pp. 36-65.

CABELLO, ANTONIO MARIN y HORMIGOS RUIZ, JAIME (2004) El sonido de la cultura posmoderna: Una aproximación desde la sociología, SABERES vol. 2, Universidad Alfonso X El Sabio, Facultad de Estudios Sociales, Villanueva de la Cañada, España

DUNN, ROBERT G. (1998) Identity Crises: A Social Critique of Posmodernity, University of Minessota Press, Minneapolis, USA

FERNÁNDEZ, M. (2006). El papel de la música en la sociedad y en la educación. Revista Digital Investigación y Educación No. 23, Julio.

MOENCH, E. (2011). Música y Sociedad en el Capitalismo Tardío. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas.

ROBLES, F (1999). El sujeto y la cotidianidad. Segundo capítulo: Cuando los sujetos construyen las estructuras. La antigua y la nueva sociología de la comprensión.Edic. Sociedad Hoy.
RODRIGUEZ, M. LUISA (1965). La Sociología de la Música en Max Weber: Aportes para su Difusión. Revista Mexicana de Sociología, Vol. 27, No. 3 (Sep. - Dec., 1965). pp. 841-866.

VASKES SANTCHES, IRINA (2008) La transestética de Baudrillard: Simulacro y arte en la época de simulación total, Estud.filos n.38, Universidad de Antioquia, pp. 197 - 219

abril 13, 2011

Me caí del mundo y no sé por dónde se entra

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!



¡Es más!

¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.



¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.



El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano

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