Pestañas

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noviembre 26, 2011

El ideal del pene grande y el cuerpo escultural

Luego de los cuerpos pintados hubieron muchos comentarios que me llamaron la atención. Mi muro estaba lleno de felicitaciones, de aplausos y vitoreos. Me alegró mucho saber que una manifestación así podía remover las conciencias de esa gente, que realmente haya podido entregar una pizca de esperanza, de energía y fuerza. Y es que todxs sabemos que las marchas no remecen a ninguna autoridad: El presidente sigue sentado en La Moneda entreteniéndose con los muñecos gigantes, con las performances creativas y los colores vertidos en esas cuadras de caminata fulgurante. Con un par de cuerpos pintados -eramos veinte- no se va a levantar de la silla a cambiar la educación chilena. Lo que sí pasa, es que entre nosotrxs mismxs nos alentamos, y ese siempre fue mi objetivo.

Más allá de todo lo que significó para mi, me encontré con un par de comentarios que me sorprendieron por su baja sensibilidad y minúscula capacidad de interpretación de una manifestación arriesgada y controvertida como son los cuerpos desnudos.

Yo puedo entender si produce risa mi cuerpo, o dan ganas de hacer un chiste de él. Realmente no me aproblema porque yo me quiero más que la cresta y me acepto tal cual soy. No necesito más. De hecho puedo bromear acerca de mis kilos de más o de cómo mi tula se ve muy chica cuando no está erecta. No me causa una baja en mi autoestima ni me produce tristeza saberlo y que lo declaren. Es así, y soy lo que soy y si a alguien le causa gracia, ¡riámonos juntos!

Lo que no puedo tolerar son comentarios simplemente de mal gusto. Que me escriban "chikitito" puede sonar de varias formas: Tierna o irónicamente, aludiendo a mi estatura o a mi miembro viril. Es un poco más elaborado que "hacía frio", por ejemplo. Es por eso mismo que lo paso y respondo "pero rendidor", porque me parece interesante el juego semántico que implica; no así el segundo comentario. Ese cae bajo, ya que evidencia cero sensibilidad artística, cero análisis, cero intento por tirar una talla un poco más interesante. Evidencia también estereotipos marcados, ideales de cuerpo que si no se cumplen generan demasiado ruido como para no comentarlo. Y es preocupante.

Otro comentario parecido fue algo asi como "baja de peso para la otra", y esto ya es lisa y llanamente un descaro. Realmente no hay preocupación por la otra persona, es un comentario tajante y desubicado. Lo peor es que viene de la misma persona que comentó al principio, lo que indica que realmente le dio siquiera una vuelta más a las imágenes de la manifestación y no pudo sacar ninguna otra conclusión (como que el diseño estaba interesante, o el hecho de que estuviéramos de blanco significaba alguna otra cosa o que la frase de Galeano que ocupamos quizás podría haber sido otra...), sólo se dedicó a remarcar la idea de que mi cuerpo está quizás enfermo, desviado y necesita enderezarse. Necesito estar más flaco.

Todo lo anterior no me deja más que escribir lo siguiente: Sobre los ideales del cuerpo en la sociedad actual.

¿Por qué es tan necesario que todos seamos flacos, con tulas grandes, altos y ojalá caucásicos? ¿Realmente estamos tan decididos a que seamos todos una copia del de al lado? ¿De verdad queremos homogeneizar la experiencia humana, sobretodo en términos corporales? Me parece una aberración. La relación que tenemos con el cuerpo es demasiado masoquista para mi gusto: Nos esforzamos de sobremanera por alcanzar a ser estilizados, nos preocupamos en demasía por cumplir estándares que ni siquiera fijamos nosotrxs mismxs, sino una empresa de marketing. Y estoy hablando solamente desde un cuerpo masculino, porque si comienzo a hablar del cuerpo femenino esto se va a la chucha.
Vincular el tamaño del pene a la virilidad o a la "cantidad de masculinidad" que uno tiene en el cuerpo es un vicio. No una costumbre rutinaria, sino una obsesión enfermiza. De raíz la cosa anda mal, partiendo porque denuevo nos encontramos con un ideal, el ideal del hombre viril y masculino que no ha sido planteado por nadie más que por instituciones que necesitan que así sea para que seamos el sostén, el proveedor y el trabajólico.
Estas estructuras de género están completamente obsoletas en mi. No me interesa tener una verga de 25 centímetros, porque ello no me hará más hombre. No me interesa ser un raquítico marcado para satisfacer a otros; cuando decido bajar de peso y preocuparme de mi cuerpo es por un afán de ser más saludable y estar más cómodo en mi propia piel. Cuando decido quejarme sobre mi estatura es por un deseo propio de ver las cosas desde unos centímetros más. Pero todos mis deseos respecto de mi cuerpo parten por necesidades que yo identifico en mi mismo, no en exigencias que encuentro esparcidas por la tele, las revistas y aquellos y aquellas que están embetunados de necesidades sistémicas.

Me cago en los ideales del sistema, y me molesta de sobremanera que, sin haberlo siquiera pensado, la gente vomite y vomite que uno necesita esto y aquello. Lo siento, pero tengo claro lo que necesito y no es precisamente tener un físico escultural: Necesito ser consecuente con mi lucha, que empieza en mi y se arma por medio de mi.

noviembre 25, 2011

El cuerpo canta, gime y lucha

Chequear el tiempo nunca estuvo demás antes de una marcha, sobre todo si peligraba la estabilidad del acrílico en mi cuerpo. Menos mal, se venía un día exquisito. Mi cuerpo, sus cuerpos y el de Latinoamérica completa lo recibió con alegría, consignas gritadas al viento con los pulmones de la amazonía, con la fuerza del mar y con el tridente sonar de los vientos cordilleranos. Éramos un solo cuerpo y el sol nos invitaba a utilizarlo, a recordar que es en él donde se inscriben las desigualdades y es desde él que podemos responder a ellas.

La cita comenzó mucho antes de la reunión. Comenzó en nuestros corazones. Comenzó mucho antes de la toma, de las manifestaciones: Comenzó en nuestro cuerpo. En la reunión se hizo efectivo nuestro sentir… utilizar la primer arma para luchar se hizo un imperativo por nuestro fervor, nuestras convicciones, nuestro amor por la causa, nuestra hirviente pasión por una sociedad distinta, mejor.

Durante la mañana, mientras afinábamos detalles, conocerse se nos hizo fácil. Conversar sobre el diseño, lo que significó investigar sobre el país designado, reencontrarse con compañeros y compañeras de otras versiones de cuerpos pintados, reírse, compartir la timidez, el pudor, la vergüenza, todos esos elementos impuestos por el sistema represor de los placeres, del erotismo y del cuerpo mismo. Ese sistema que le quita la posibilidad de una vivienda digna a tantas personas que, antes y después del terremoto, esperaban y siguen haciéndolo. Que le quita el conocimiento a tanto productor y productora para industrializar todo y contaminar frutas, verduras, el aire, el agua y todo lo que puede si es que de aquello cae algún suculento cheque. Ese sistema que día a día aplasta a miles de personas, que se hace el ciego ante el gran aporte de la música y las artes en la formación integral de los seres humanos. Ese sistema que, aunque cruel y despiadado, tiene grietas por todos lados; que encuentra fuerte oposición en cada cuerpo resistente, en cada ocupación, en cada marcha, en cada capucha, en cada grito, en cada bomba de pintura, en cada lienzo, en cada pancarta, en cada pie hinchado de tanto caminar: En nuestra vida. Más le vale no creerse el cuento, porque no somos ciegxs ni sordxs, no somos tontxs, no somos simples corderos que caminan hacia el matadero. Somos seres concientes y no tenemos miedo.

"Esclavo puede ser el cuerpo, pero libre tenéis el alma para volar un día a la libre mansión de los escogidos”.

Parafraseando a Galeano, y con representaciones de América Latina en la carne, salimos a tomarnos las calles junto a miles de manifestantes que en todo Chile y en todo el continente se unían declarando fuerte que la ciudadanía tiene las cosas claras y no se achuncha con el rugido del depredador. Nosotrxs rugimos más fuerte. Fue en Perú, en México, en Ecuador, en Costa Rica, en Paraguay, en El Salvador, en Argentina, en Bolivia, en Uruguay, en Guatemala, en Brasil, hasta en Canadá, Francia y Alemania que se unieron las manos, las voces y cantamos todxs la canción del despertar. De un despertar que no significa el final de un sueño, sino el progresivo avance hacia él.

Aplausos, risas, caras sorprendidas y reencuentros con emociones de antaño se sintieron al caminar. Nos encontramos con la manifestación en la Plaza de la Independencia, donde secundarios, universitarios, trabajadores y hasta familiares fueron público y artistas del escenario que colectivamente se formaba junto a nosotrxs. Somos parte del mismo ímpetu; somos juntos un mismo espíritu.
En definitiva, el cuerpo está activo ya sea marchando, gritando, sujetando un lienzo o cubierto con pintura. El cuerpo de América Latina se movía completo y tuvimos el honor de representarlo.

El cuerpo es un espacio político, así como todo en nuestra vida. Lo que hagamos o dejemos de hacer con él siempre será un discurso sobre nuestras convicciones. En nuestro cuerpo se inscriben valores, normas, esperanzas, castigos, represiones y liberaciones. Desde aquí es que se lucha pues por medio de él nos comunicamos. Liberarse de códigos añejos y opresores puede ser un paso hacia una sociedad, esa sociedad que queremos. Una mejor.

Agradezco a las 21 personas que caminaron hoy conmigo. Agradezco a lxs pintorxs, a lxs espectadores, a lxs fotógrafxs, a quienes aplaudieron y a quienes se sintieron ofendidxs. Agradezco a todxs quienes marchan, a todxs quienes veo siempre los jueves, a todxs quienes han perdido el miedo. Agradezco a todxs mis amigxs, esos que han estado ahí para alentarme, con lxs que me encuentro en cada marcha. Les agradezco, porque es en ese lugar y es con ellxs con quien sueño un mundo distinto. Y es con ellxs con quien lo construyo.

ARRIBA LXS QUE LUCHAN

Versión con imágenes en Metiendo Ruido.

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