Pestañas

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enero 01, 2012

Si las moscas supieran cantar

¿Sentirán las moscas algo? ¿Sabrán que hace calor, que la basura huele y los corazones rotos se funden con más rapidez? ¿Sabrán ellas que hoy hay alguien demanda una helada o, al menos, espera que el día se convierta en un eterno invierno que responda a lo que sucede al interior de esos callejones sin salida, sin entrada, de vidrio ennegrecido por el paso del tiempo? ¿Sabrán?

Son palabras grandes, demasiado enormemente mucho. No dicen nada, pero son estupideces que todo el mundo entiende. Y son fáciles de articular, no exigen demasiado esfuerzo. Las faltas de ortografía son recurrentes, la sintaxis y la sinapsis no siempre suelen trabajar juntas. Los dedos duelen de tanto enterrarse en el plástico, ese que -por más fuerte que golpees- no transmite tu deseo de romperlo todo... DE GRITARLO TODO.

Un día sacaré una canción de esto. Eso dije, y lo pretendo cumplir. Usualmente mis promesas no valen mucho, no soy un hombre de palabra, pero esta vez de veras me gustaría que existiera una canción que entendiera. Y no es que mis promesas sean volátiles, es que lo que prometo suele no serme de importancia. Y al mismo tiempo las canciones no son algo que maneje bien. Soy cursi, soy un cursi. Soy un romántico que habla de almas, corazones y sentimientos. Habla de miedos, de ti, de ellos, de lo que pasa cuando el color del mar se vuelve gris, de cuando las nubes rosadas de la tarde solo reflejan gotas perdidas, deseos que nunca llegaron a concretarse... De amores. De amores no correspondidos que se evaporaron y llegaron a ser lo que son hoy: Nubes, que cada cierto tiempo llueven esperanza, que por los ríos corren desesperadas hasta encontrarse en el camino con salmones que intentan nadar contra la corriente, que intentan tener amor, poseerlo. Son esos mismos salmones que un día, cuando se piensen en el amor, morirán dejando atrás gente con la misma creencia: Que el amor se ostenta.
De eso canto.

Ahora, si las moscas supieran cantar...

Soy fuerte, soy egocéntrico, hablo de mi todo el tiempo. Soy exigente. No quiero nada menos de lo que me merezco... Pero quien sabe si hasta merezco la soledad. Y es que soy un idiota por pensarme merecedor de tanta penuria, si nadie se lo merece realmente. No se trata de vivir la emocionalidad en cada centímetro de sábana que te acurruca en la noche, no se trata de conmoverse por un video que trata tus experiencias vívidamente. No se trata de verte en cada personaje sufriente de cada película que cada viernes miras con un helado en la mano y un chocolate en la otra. No se trata de eso, se trata de que soy un egocéntrico. Se trata de que el sol pretende derretirme -como el chocolate en mi mano- para que un día deje de existir. Para que un día...

Pero ¡Epa!, que no soy sensible y no quiero serlo. Aunque si lo soy, pero no muchos lo ven. Nadie tiene por qué enterarse de lo que pasa dentro, eso es mio, es lo que al final del día es solo para mi. Soy yo y yo mismo, porque nadie me ha movido, nadie me ha invitado, nadie se ha aparecido. Nadie lo ha propuesto, porque mi tiempo no alcanza, porque no quiero notarlo, o quizás porque esas moscas que deambulan en mi pieza intentan decirme que mi compañía no es necesaria, o que el sol no calienta para mi, o que su visita solo alcanza para un saludo rápido... Porque, ¿Qué saben ellas de la vida? ¿Qué alcanzan a vivir en esos dos minutos que me ven los ojos, llenitos de qué se yo qué cosa¡ ¿Qué creen que ven cuando mi cuerpo yace en mi cama, tendido mirando el techo como si no existiera y hubiera un gran más allá que no termina?

Finalmente creo que lo único que alcanza en este momento es un pensamiento. Solo uno, no hay para más. A veces creo que realmente ni eso cabe. A veces soy yo, y mi cama, y las moscas, y el calor. A veces ni eso. A veces...
Siempre...
Estoy solo otra vez.

diciembre 12, 2011

Cuestionamientos sobre la realidad social

La producción científica está sometida a distintos tipos de en el camino hacia la cientificidad, siendo el escrutinio de la comunidad (científica) el que, en última instancia, valida o no la producción de conocimiento según estándares, convenciones y arbitrariedades. Esto es una realidad poco cuestionable, ya que la comunidad científica -de la que somos parte también los aprendices- dictamina, valida y reproduce los criterios de veracidad y confianza de los trabajos e informes que se publican día a día. Usualmente, estos elementos se convierten en dogmas, los cuales se ven resquebrajados con frecuencia, sobretodo considerando el momento histórico-tecnológico que vivimos, tal como las leyes de la física tambalean al oir de quantums y otras partículas subatómicas.
Lo interesante de esto, desde mi punto de vista, es que esas convenciones que soportan el proceso de cientificidad pretenden ser objetivas, ausentando al mismo investigador del proceso, pretendiendo neutralidad axiológica y acuñando términos como valoración científica en un intento por autoproclamarse como ciencia: Sólo la ciencia puede valorar imparcialmente.

A lo largo de todas las lecturas subrayé incansablemente cada vez que me encontraba con conceptos tales como juicio, valor, conocimiento y realidad. Esto porque me cuestiono profundamente la forma de hacer ciencia que la sociología -entre otras disciplinas- maneja, y esto a raíz de mis cavilaciones respecto de La Realidad. Más bien, de nuestra relación con ella y, por tanto, nuestro acercamiento como científicos (sociales).

¿Es la realidad una 'cosa' independiente de nuestras percepciones? De ser así, nuestros intentos por sistematizar nuestras experiencias (o las de otros individuos) constituirían acercamientos desde distintas perspectivas a una especie de Verdad. Sería un esfuerzo dificilmente útil, ya que nuestras limitaciones humanas en términos de convención dificultan la tarea de caracterizar la completud. Ahora, concientes de nuestras diferentes cualidades perceptivas, ¿existe una Realidad? De ser así, ¿cómo nos acercamos a ella?. A mi juicio, tal como no existe una verdad última, no puede existir una realidad escencial. Lo que percibimos se nos hace presente en la medida en que construimos criterios y explicaciones para fenómenos experienciados en el pasado, considerando la instrucción recibida hasta el momento en que se identifica un fenómeno, lo cual varía de persona en persona, de investigador en investigador. En el cotidiano, esto se expresa en que, por ejemplo, en África ciertas tribus perciben como iguales el verde y el azul pues sus convenciones manejan distintos códigos. Así mismo, la liberación femenina de Oriente no tiene por qué significar la auscencia del velo, ya que enjuiciar su supuesta opresión implica filtrar el fenómeno con un cedazo evidentemente occidental.
Es por lo anterior que la aproximación a 'una' realidad me parece un ideal probablemente utópico. Más bien puedo aventurarme a decir que a lo que podemos aspirar es a dar cuenta de algún atisbo de la fluidez de las regularidades sociales, las cuales pueden permanecer erguidas por cierta cantidad de tiempo, pero cuestionadas y acaso desmanteladas luego. Por tanto estas regularidades quedarían obsoletas, para aparecer otras regularidades de las que volver a dar cuenta en un afán interminable de explicar la incansablemente cambiante contingencia.

Si la realidad última es inexistente, por tanto inalcanzable (o inalcanzable, por tanto inexistente), ¿qué sustenta la cientificidad de la ciencia?. Los tests Popperianos simplemente responden a convencionalidades, construcciones, terminología y conceptos supuestamente objetivos, pero que nacen desde la propia subjetividad de cada integrante de la comunidad científica. Esto no asegura objetividad, solo valida la idea de cientificidad imperante, la cual está sujeta a variación de la misma forma que cualquier otro constructo o criterio que se utiliza en el cotidiano o en contextos más “científicos”.

En última instancia, y siendo completamente atrevido, creo que vale la pena cuestionarse qué fin tiene la ciencia. ¿Es acaso simplemente conocer?, es decir, ¿es la sociedad un recurso para la ciencia? ¿o es la ciencia un recurso de la sociedad?. ¿Para qué se hace ciencia?. Alguien podría decir que el fin último de la ciencia es predecir, persiguiendo una toma de desiciones acertada, pero creo que toda la reflexión en torno a “lo científico” queda grande cuando se plantea aquello como meta. Más parece un intento por convertirnos en dioses que validan ciertas formas de conocer, que simplemente humanos tratando de conocer. Otras formas de aprehender la realidad han quedado excluídas de la ciencia, quedando totalmente relegadas a elementos útiles, supeditados al divino ejercicio científico de la construcción de saberes.

Sin querer ser relativista, creo necesario plantearse las dudas anteriores antes de discutir sobre las arbitrariedades que consideramos pertinentes en el proceso investigativo, y es que a mi parecer, intentar aclarar el motor y la función de la ciencia (social) permite seleccionar de mejor manera el método que utilizaremos al acercarnos a la “realidad social”. La contribución que hagamos a la sociedad dependerá de nuestra propia interpretación de la ciencia y sus objetivos como productora de conocimiento.

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