Pestañas

septiembre 27, 2012

Lady Gaga: transacción de identidades en la sociedad actual [extracto]

(Extracto)

2. El capitalismo tardío: la música como bien de consumo y la aparición histórica del pop.
Al hacer una visión retrospectiva en términos musicales, nos enfrentamos al hecho de que cada una de las últimas décadas lleva consigo una etiqueta, un estilo que predominó durante cada decenio. Sin embargo, la música no sólo varió en sus estilos y ritmos con el pasar de los años, su función principal de entretención y reunión poco a poco fue avasallada por un nuevo objetivo: ser un bien de consumo y una gran fuente de obtención de riquezas, en tanto fuese exitosa.

Theodor Adorno (1941) vislumbra este antes y después de la música, dividiéndola tajantemente (y arbitrariamente) en dos estilos: la música seria y la música popular. En su opinión, lo que separa a estos dos tipos de música es lo que él denomina estandarización. Cada hit musical está también estandarizado, “no sólo los tipos de baile (…), sino también los ‘personajes’, como canciones dedicadas a la madre, canciones sobre el hogar, canciones sin sentido o canciones de “novela”, rimas pseudo – infantiles, lamentos por una mujer perdida” (Adorno, 194:[3]).

La posibilidad de que ciertos estilos de música y ciertos artistas en particular lograran el éxito dependía totalmente de la cantidad de seguidores que acarrearan consigo. En la interpretación de Adorno, aquellas canciones que eran más cercanas a la cotidianeidad de las personas eran más exitosas. Es indiscutible que la música no sólo representa el discurso de quien canta, ni siquiera alcanza para ser sólo la expresión de un temperamento, sino más bien es la expresión de una sociedad o al menos de una parte de ella.
Evidentemente, tras la música popular estandarizada de la que nos habla Adorno, subyace una ideología. La metamorfosis de la música hacia un bien de consumo no fue un accidente. Con la caída del muro de Berlín y la imposición de un modelo económico global, el capitalismo terminó por imponerse en todos los ámbitos de la vida de las personas. La Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt llamará este período como “capitalismo tardío”. Por supuesto, el arte y con este la música, no fueron la excepción:

“Si antes el arte respondía a una representación (…) ahora pasa a ser un medio invadido por la racionalidad instrumental que lo cosifica: hay un intento deliberado de la industria cultural de evitar el momento arcaico en el arte, reemplazando procesos artesanales por procesos de pura racionalidad instrumental que convertirían al arte en mera mercancía”.
(Moench, 2011:4)
Una ideología que prefiere el silencio y llenar los espacios para la reflexión, es capaz de fabricar un arte que ya no es posible desde la imaginación propia del artista: el arte se establece como una “producción para otros”, se inserta en el mercado y se masifica. En el contexto de un arte producido en masa y bajo la lógica del mercado, la música deja de ser sencillamente una entretención y se instala detrás de una vitrina, se impone sobre grandes pancartas propagandísticas, en la televisión, en la radio, en centros comerciales, en supermercados y también de grandes empresas. La única posibilidad de acceder a la música es a través del consumo.
Ahora bien, en el devenir de la economía mundial hacia su globalización, donde la transacción de mercancías es cada vez más compleja, que prescinde de fronteras territoriales, ¿cómo es que la música llega a convertirse en producto? Como todo producto, la música se vuelve muchas veces desechable, y entra en el juego de tendencias y recambio con el paso de los años. Los grandes sellos discográficos se proponen representar a sus consumidores, vale decir, la música logra ser un bien abstracto de consumo, donde lo que se consume es la identidad.
Es así como nos aproximamos netamente al fenómeno de la música pop: la figura del artista deja de ser la de un mero ejecutor de notas musicales (incluso muchas veces su trabajo como intérprete es muy pequeño), y pasa a ser fundamental la explotación, por todos los medios, de una imagen para generar íconos que representen a los consumidores en un mundo de consumo generalizado. De esta manera, el grupo musical o el solista pasa a ser significante, en el mundo pop, de marcas de ropa, perfumes, de autos, etc. De esta manera, el ciclo está completo y una vez que la figura se desgasta, está lista para ser desechada.
Por ende, cabe preguntarse cómo es posible que la música pop le haga honor a su nombre y se masifique tan rápidamente. Podríamos pensar que basta con una cara bonita, un buen cuerpo, una buena puesta en escena y un estilo impecable para hacer gritar a las masas. Sin embargo, la década de los ‘90 estuvo marcada por un desinterés colectivo, una sociedad herida por la Guerra Fría y las dictaduras en Latinoamérica, una juventud en el limbo. Aparece entonces el Grunge, que llena esos inexplicables vacíos, los jóvenes se identifican con el aspecto roñoso y depresivo de Kurt Cobain y la desesperanza de un mundo que no pretende cambiar.
El caso de Lady Gaga, en particular, es bastante interesante: su puesta en escena, su extravagancia y su estilo son perfectos para una sociedad que despertó y que pide a gritos abrir las puertas a la diversidad. Además, corrobora esta idea de una producción de arte para “otros”, como así también el uso de la música como un bien comercializable además de exitoso, en tanto incorpora elementos con los que las personas pueden identificarse.
3. Consecuencias sociales del capitalismo tardío: Caracterización de la sociedad posmoderna

La posmodernidad se articula desde una modernidad que se auto-observa, que se sabe modernidad y que se cuestiona a sí misma. Es en éste análisis en el que la modernidad queda atrás y al mismo tiempo se supera: Sus intenciones (la iluminación, la cientificidad, la rigurosidad, la objetividad, etc.) quedan totalmente resquebrajadas para dar paso a lo que “realmente” sucede, lo cual es, en general, una consecuencia no prevista del esmero moderno de conocerlo y clasificarlo todo para poder entender, definir y conceptualizar la realidad social inalterable e independiente de los actores y actoras sociales. Es así que la posmodernidad se convierte en un “modernismo liberado de la falsa conciencia (...) un tipo nuevo de condición social que destaca por su manifiesta institucionalización de aquellas particularidades que la modernidad intentaba eliminar de sus proyectos (...)” (Bauman, Z., 1996:82). ¿Cuáles son esas particularidades?. Pues el pluralismo, la diversidad, la casualidad, las ambivalencias, lo ambiguo, etc. Hoy en día las significaciones modernas han mutado, se han cuestionado instituciones apernadas por siglos en la estructura social, se han desintegrado las polarizaciones ideológicas, desconocido clases sociales, y un sin fín de fenómenos que la modernidad no contempló en su intento por perseguir el universalismo, la unidad y la claridad.

Es a raíz de esas diferencias que la posmodernidad deviene eminentemente relativista. No existe un principio unificador de la sociedad, pues los grandes esquemas no han resultado nada satisfactorios, sino que han terminado siendo motor de guerras y polarizaciones políticas. En el ámbito musical no es muy diferente, dando paso a distintos tipos de estilos e interpretes fugaces, de fama pasajera. Como se ha dicho anteriormente, la aparición de la industria musical aprovecha cada recoveco para convertirlos en una oferta, en una transacción. Es este propósito el que construye formas, patrones, signos y símbolos recurrentes en la escena musical actual, recurriendo a estrategias que algunos autores han conceptualizado pertinentemente. A lo largo de su obra, Baudrillard, utiliza el concepto de simulacro artístico para referirse a la producción estética que caracteriza al arte actual, concepto que remite al proceso de creación de una obra que recurre a un conglomerado de saberes técnicos que permiten su reproducción en masa. Un ejemplo de esto pueden ser las “32 latas de Sopa Campbell” de Andy Warhol.

Este fenómeno tendría tres etapas, las que se articularían como tal desde la ilustación moderna hasta nuestros días, la cuales son:

  1. Falsificación: Simplemente se copia, lo más fidedignamente posible, a la naturaleza. Se pretende imitar, reconstruir y tener como producto lo que un espejo reflejaría de la realidad.

  1. Producción: “El orden de la falsificación ha sido tomado por el de la producción serial, liberado de cualquier analogía con lo real” (Vaskes, 2008:4). La tecnificación de los procesos de creación da paso a esta etapa.

  1. Simulación: Ya no se toma en cuenta al referente, no existe el relato sobre el origen, la realidad pierde importancia y aparece lo hiperreal.

Sería, entonces, este último tipo de simulacro el que predominaría tanto en la música como en la cultura, encontrando su expresión en la industria del pop mainstream actual, en donde el producto no solo lo constituye la canción, sino también el material visual y las presentaciones (giras, entrevistas, etc.). Hay comités, directores, diseñadores y encargados de vestuario, lo que finalmente termina construyendo una suerte de línea editorial con ciertos códigos que la diferencian de otros productos. Este engendro “artístico” se erige como toda una máquina productora de signos y símbolos, siempre teniendo en cuenta generar una distancia con otros artistas levantando una idiosincracia particular que sólo aplica en el universo que se elabora para el consumo musical: el tour.

Ahora, ¿qué es lo que permite que los artistas actuales sobreexploten las posibilidades visuales y musicales, elaborando así un conglomerado de sensaciones que se consumen con interesante celeridad?. Pues otro concepto de Baudrillad, la hiperrealidad puede explicar esta pregunta, ya que lo real no es lo que alcanzamos a percibir, sino todo lo que podemos imaginar. Lo real ha muerto bajo lo hiperreal, la construcción virtual de un mundo que responde a la imagen, a la televisión, al diario, a la radio. Lo real no es sólo aquello que alcanzamos a percibir, sino aquello de lo que podemos saber, aquello de lo que se habla. Al mismo tiempo, explotar esta condición (el poder mostrarlo) es un recurso estético que caracteriza a la era posmoderna, ya que en un mundo lleno de rapidez, de acelerada urgencia como es el mundo capitalista de los años 2000, lo que queda en la retina no es la profundidad de las letras, sino lo pegajoso de las canciones o lo estrafalario de los videos. Más aún, algunos artistas optan por vivir siendo un personaje. Y es que por mucho que los estudios sobre el arte arrojen conclusiones del tipo “para comprender es necesario un alto capital cultural, pues a diferencia del simple goce, entender es tal o cual cosa”, el objetivo del pop mainstream es simplemente estimular los sentidos. No hay coherencia en su discurso, porque su discurso es simplemente “lo posible”. Si es posible y llamativo, se imprime. Si no lo es, resulta poco atractivo, por tanto no se ejecuta.

Luego, si la música se ha transformado en un bien de consumo abstracto y la globalización, internet, la industria discográfica y el nuevo espíritu posmoderno han sido partícipes del proceso que ha vivido la música en este último siglo, ¿qué es lo que la constituye como bien transable? ¿son sólo sus ritmos, acordes y letras, videos, posters y entrevistas lo que llama la atención? ¿qué es lo que hace perdurar a la música pop, y en específico a Lady Gaga, como una de las más grandes vendedoras actualmente?

4. Transacción de identidades y pertenencias
La aparición de las boy bands, a finales de la década de los ‘90 y el nacimiento de un sinnúmero de solistas femeninas como Britney Spears o Christina Aguilera, ofrecen una alternativa al suicidio de Kurt Cobain y a la autoflagelación histórica del Grunge, para dar paso al festejo de todos los nuevos elementos que nos ofrece la sociedad del consumo, siendo la negociación de identidades una de las alternativas más tentadoras para los jóvenes de los noventas.

Las productoras, sellos discográficos y disqueras, ponen sus ojos en la juventud, precisamente porque son ellos quienes se encuentran en una ansiosa búsqueda de elementos identitarios que les permitan definirse en el camino por alcanzar la adultez. María del Carmen Fernández (2006) grafica bien esta idea, mencionando que son jóvenes los principales consumidores de música:

“(...) [Los jóvenes] están todavía formándose en sus valores y pueden ser muy influenciados por los mensajes de las canciones (...), estos fenómenos no son ignorados por las compañías discográficas que aprovechan la vulnerabilidad de los adolescentes, creando ídolos, formas de vida, ideales (...)”
(Fernández, 2006:5)

Además de una imagen, existe también una idea tras las figuras de la música pop, una idea que se sostiene de diversas características que forman el personaje completo tras las estrellas musicales: El aspecto virginal y a la vez coqueto de las solistas femeninas menores de edad se convierte en el motor de su propaganda, para luego, con la mayoría de edad, mutar hacia la sensualidad, rebelándose al panorama anterior y proyectando su influencia en el tiempo.

Con el pop y la masficación de los estilos como el grunge, el punk, etc., lo que sucede es que se construyen identidades, las cuales son un bien de consumo abstracto. Así, diez años después de Britney, lo que se consume (y compulsivamente) en Lady Gaga es la posibilidad de identificarse en un mundo -postmoderno- en el que el sincretismo lo es todo y las categorías no son nada, es decir permite el consumo de identidad, en una época de identidad en crisis y ebullición. Así, paradójicamente, las miles de etiquetas que caben en el concepto de Lady Gaga suplen al mismo tiempo la necesidad -en términos de la construcción de identidades en nuestra época y sociedad- de:

1) producir mas identidades, generar espacios para que la gente se identifique con “algo” y
2) al mismo tiempo, ambiguar las identidades o la identidad como necesidad, abriendo espacio a una identidad freak, no categorizada, no definida, no delimitada, difusa en términos sexuales, estéticos, donde se confunde lo bello con lo terrorífico, lo sano con lo enfermo, lo tierno con lo agresivo, etc., donde todo es posible.

¿Qué constituye identidad en la era posmoderna?. Hasta la primera mitad del siglo XIX la identidad estaba ligada más bien a la condición socioeconómica al nacer, ya que existía una estructura social bastante rígida y las creencias y rituales solían ser guardados con ahinco. Pero en la era posmoderna la identidad gira en torno a otros ejes, los cuales tienen más que ver con lo que propone Dunn (1998), pues la sociedad posmoderna construiría identidad a partir de los bienes materiales, productos desechables, imágenes, técnicas, las cuales estarían seleccionadas y descartadas a voluntad dada la vasta oferta de ellas en la cultura del consumismo.

Entonces el producto (según la reflexión anterior) musical y estético de Lady Gaga es, en el fondo, un bien abstracto de consumo (con una altísima demanda), porque juega en doble linea con la necesidad pujante de identidades difusas en un mundo postmoderno colapsado de imágenes, conceptos, formas e información; y, al mismo tiempo, ofrece el efecto tranquilizante de ser un gagaísta ("little monster"), es decir, caer en una categoría o simplemente ser parte de un grupo social. Pero no sólo responde a la lógica posmoderna de atraer público, sino que su encanto radica en que el discurso que ella rescata es un discurso underground, el discurso de los y las rechazadas, los outcast, las underdogs. Estos grupos que hasta ayer eran simplemente marginados, hoy tienen un símbolo patrio que los reúne y les dice “It doesn’t matter, You were born this way”.

(continúa)

-- Referencias

ADORNO, T. (1941). On Popular Music, en Studies in Philosophy and Social Sciences, Vol. IX (New York: Institute of Social Research).

BAUMAN, ZYGMUNT (1996) Teoría sociológica de la posmodernidad, Espiral, vol.2 n.5, pp. 81 - 102, Universidad de Guadalajara, Mexico

BERGER, P. Y LUCKMANN, T (1968) La construcción social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires. Capítulo I, pp. 36-65.

CABELLO, ANTONIO MARIN y HORMIGOS RUIZ, JAIME (2004) El sonido de la cultura posmoderna: Una aproximación desde la sociología, SABERES vol. 2, Universidad Alfonso X El Sabio, Facultad de Estudios Sociales, Villanueva de la Cañada, España

DUNN, ROBERT G. (1998) Identity Crises: A Social Critique of Posmodernity, University of Minessota Press, Minneapolis, USA

FERNÁNDEZ, M. (2006). El papel de la música en la sociedad y en la educación. Revista Digital Investigación y Educación No. 23, Julio.

MOENCH, E. (2011). Música y Sociedad en el Capitalismo Tardío. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas.

ROBLES, F (1999). El sujeto y la cotidianidad. Segundo capítulo: Cuando los sujetos construyen las estructuras. La antigua y la nueva sociología de la comprensión.Edic. Sociedad Hoy.
RODRIGUEZ, M. LUISA (1965). La Sociología de la Música en Max Weber: Aportes para su Difusión. Revista Mexicana de Sociología, Vol. 27, No. 3 (Sep. - Dec., 1965). pp. 841-866.

VASKES SANTCHES, IRINA (2008) La transestética de Baudrillard: Simulacro y arte en la época de simulación total, Estud.filos n.38, Universidad de Antioquia, pp. 197 - 219

septiembre 11, 2012

Juventud y Política: 11 de Septiembre

Este 11 de Septiembre tiene un sentido particular en mi vida que dificilmente es algo que olvidaré. Tiene que ver directa e indirectamente con mi biografía pero más que nada está relacionado con cómo vivo mi ciudadanía. 

Esto no pretende ser una columna ciudadana ni mucho menos. Esto es una columna que viene de un resentimiento -sí, resentimiento- que se nutre de las condiciones materiales de todos y todas aquellas que me rodean y de las que yo aprendo en mi vida. Son mis vecinos, mis vecinas, la señora del quiosco y mi profesor guía en mi memoria de tesis, mi tía y su marido dueño de una carnicería y mi abuela que recibe su platita pa' la pensión todos los meses; quienes me han hecho reflexionar respecto de lo que el 11 de Septiembre rememora.

Pero el 11 de Septiembre es una fecha tan lejana, dicen...

Partamos aclarando que efectivamente hay una distancia enorme entre lo que vivimos como jóvenes hoy de lo que vivieron de jóvenes nuestros tíos, padres y madres. Haber vivido en una dictadura donde las Fuerzas de Orden Público tenían potestad para hacer y deshacer es algo que puedo imaginar, pero no revivir en mi cuerpo. No he sido víctima de allanamientos, tengo un familiar lejano que fue torturado pero no me relaciono demasiado con él, no desaparecieron personas de mi familia ni fueron perseguidos por los organismos de inteligencia estatal. No vivo en un país donde la expresión de mi disidencia sea algo que siempre me lleve a la cárcel. Insisto: Es totalmente cierto que hay una distancia grande entre el Chile bajo dictadura militar y el Chile del 2012.

Por otro lado, la democracia que aquellos que nos precedieron en la lucha por la dignidad humana defendían ha sido puesta en práctica. No es el mejor modelo de democracia, no tenemos real representatividad, las decisiones se toman en cuatro paredes, hay un show mediático de por medio... pero la libre expresión usualmente no es perseguida y por último es la democracia que mis tíos, tías, abuelos, abuelas y otros familiares esperaban. Los derechos de las minorías -étnicas, sexuales, etc.- han salido al aire varias veces en los noticiarios principales. Terminan siendo reportajes sin tanto público ni interés nacional, pero están. No son parte de las conversaciones centrales de ninguna mesa -hasta que muere un niño mapuche, o una niña lesbiana- pero se discuten. La libertad sexual y la educación para la gestión de la sexualidad ha avanzado: Las estrategias de prevención del Ministerio de Salud han sido un tanto ridículas, añejas y mal confeccionadas; pero al menos lo intentan... 

Puedo seguir dando ejemplos irónicos de cómo el país ha cambiado respecto de la fotografía que se le pudo haber tomado hace 30 años. Y es que bajo ésta perspectiva, en general y sin un análisis profundo sino más bien ingenuo, estamos efectivamente mejor. Pero, ¿qué características constituyen esa mejoría?

Una mejoría impuesta y falsa

Primero que nada, los medios de comunicación masivos han girado hacia una puesta en escena sorprendente: Lo que se emite por la radio, pero por sobretodo por la televisión y los diarios es una realidad tergiversada, silenciada, digerida e incompleta. Si alguien se informara solamente por medio de estos canales es probable que termine por saberse cada uno de los detalles de la ruptura de "playita" con "tierrito" en vez de entender medianamente bien lo que implica la aprobación de la Ley Hinzpeter. Es más probable que mi tía entienda bien si le digo que veamos el "Diario de Evelyn" o que me de ejemplos de terrorismo en Chile y no sea capaz de recordar el nombre de su vecina. Es depredante el modelo comunicacional chileno. La televisión abierta es una basura que idiotiza y miente, esconde y censura. La violencia simbólica está frente a nuestras narices todo el día, toda la semana.

Por otro lado, el nivel de violencia con que las manifestaciones sociales han sido reprimidas desde el año pasado -no sólo las estudiantiles- ha llamado la atención a distintos organismos internacionales que velan por los D.D.H.H.: Muere gente, los balines de goma y de pintura se disparan sin mesura, se sigue persiguiendo a jóvenes de manera mafiosa, las denuncias por abuso sexual por parte de Carabineros de Chile y FFEE han estado en el tapete, los montajes estatales están a la orden del día, las lacrimógenas -prohibidas en el extranjero- son sobreutilizadas, etc. La represión no es sólo censura, silenciamiento, estupidización, lo cual ya es increíblemente violento; sino que toma la forma más clásica de sometimiento: La agresión física.

El modelo económico, implantado en dictadura militar, no ha sido reformulado en ningún aspecto. Hoydía perdonazos como el caso de Jhonson's, La Polar, hace un tiempo la colusión de las farmacias, la de los pollos, el lucro -prohibido constitucionalmente- en la educación, etc. Hay un sin fín de casos que ejemplifican cómo este modelo económico pone el foco en el movimiento de capital y poco o nada se interesa por las condiciones de vida de sus contribuyentes. El capitalismo es tan astuto, que absorve y resignifica cualquier disonancia convirtiéndola en otro producto más de su ordenamiento valórico.
Hoy hablaba con la mamá de una amiga y le comentaba que incluso los "otaku", aunque pareciera que escapan a los vicios de este mundo, son un elemento que consume y moviliza capital de una manera chocante: Todo el armazón estético que se plantea desde esta subcultura urbana -que parece estar excenta de cualquier disturbio de un mundo exterior al propio- no se sustenta nada más ni nada menos que en el más fiel rito de adoración al sistema económico que prioriza la construcción de una imagen por medio del consumo y de la posesión de artículos totalmente innecesarios en términos cotidianos, para articular una imagen de "otro mundo" que simplemente le añade un elemento "original", "novedoso" y lleno de "sentido" a una existencia que acaece de la misma forma que cualquier otra. Son escalvos del estilo, de lo nuevo, de lo trendy. La alta-costura genera movimiento a partir de lo que alguien dice que está a la moda este semestre. Valor de cambio, no de uso, dirán. Y estarán en lo correcto.

Además de todo ésto, se mantiene el ordenamiento jurídico que el Señor Guzmán ideó para la formación de una sociedad atontada. La constitución de 1980 se mantiene vigente hasta hoy, intervenida tímidamente por gobiernos que se han sucedido después de la dictadura. Chile es el único país en el mundo que conserva una constitución heredada de una dictadura. No hacen falta más explicaciones.

¿Por qué se manifiesta un joven en el 11 de Septiembre?

A mi modo de ver las cosas, la distancia que hay entre el contexto en el que mi padre, mi madre, mis tíos y toda su generación y mi propio contexto es incuestionable. Pero sólo desde un punto de vista temporal. Las condiciones ideológicas y políticas siguen siendo las mismas. Lo que ha cambiado es el modo en que se expresan, pero todo se mantiene. Hay dispositivos que adormecen, pero se mata y se tortura igual que en dictadura.

Por eso pataleo: Porque la mutación es atractiva pero igual de venenosa. Porque conmemoro la muerte de un Presidente que, lo haya hecho mal o no, fue asediado y boicoteado. Porque lo que hoy acontece es debido a la herencia de una administración totalitaria. Porque la realidad de las personas pobres sigue siendo la misma. Porque hoy lo que importa es el marketing, la publicidad, el relato, no el acontecimiento. Porque las violaciones a los DD.HH. siguen aconteciendo en Ercilla, con los secundarios, en las tomas, en las poblaciones vulnerables. La injusticia y la desigualdad siguen estando presentes tanto expresamente como estructural y simbólicamente. Porque no me olvido de Manuel Gutierrez, de Daniel Zamudio, de las compañeras trans, de Matías Catrileo, de Alex Lemún, de Claudia López, de José Huenante, de Rodrigo Cisternas y muchos y muchas otras. 

Me es imposible no solidarizar, no recordar. Empatizo con aquellos y aquellas que perdieron a sus familiares, pero esa no es la única razón para manifestarse.

Me manifiesto por lo que acontece hoy, por lo que la Concertación no hizo, por el modelo que produndizó, por las impunidades que defendió. Por una derecha sorda, marketera, pa' la risa y vergonzosa. No me callo porque es necesario gritarle al viento y que todo el mundo sepa que Chile no es ejemplo de estabilidad y que el problema no es de Gobierno, sino de Estado. Que el problema no se resuelve siendo gremial en la lucha, sino entiendiendo que al final todos y todas luchamos por una misma razón, nos mueve un mismo objetivo: La Dignidad Humana. Donde haya espacio para recordarlo y rayarlo, lo haré. Donde haya espacio para escupirle en la cara mi descontento a la autoridad, lo haré.

No tengo miedo.

Razones sobran.
Y llámenme resentido, porque si lo soy.
No hay ni perdón, ni olvido.

agosto 26, 2012

Santiago: Primera estadía


Mi viaje por Santiago estuvo lleno de momentos que no olvidaré. Son estas experiencias las que hacen de mi vida una vida de la cual me enorgullezco. Y si, a veces puedo ser atarantado y equivocarme de camino o dar mal un paso; pero no tengo miedo a errar.

Al llegar a la ciudad capital, mis expectativas eran bajas y mis ganas de estar acá eran altísimas. Estaba dispuesto a lo que fuera, mi energía vital era enorme y mi capacidad de soportar y maniobrar en circunstancias no tan favorables era increíble. ¡Llegué con $20.000, por favor! Hasta yo me asombro un poco al recordarlo. Es por esto, creo, que las cosas se fueron sucediendo de manera armoniosa y todo calzaba en el momento justo: Encontré trabajo la primera semana -trabajo el cual dejo recién ahora que me devuelvo; nunca tuve que dormir en un lugar que no pareciera un colchón -porque los sofás también cuentan. Y eso que estoy dejando afuera la vez que dormí sobre una imitación de vagina de la que hablaré en otro momento. Nunca me faltó comida. Creo que la única vez que no tenía algo que hecharle al buche fue aquella madrugada que con un cigarro, un té verde y semillas de sésamo sacié mi hambre. Conocí a gente de otro mundo y me redescubrí al enfrentarme a un entorno desconocido y que me desconocía. Tuve que revisar quién era, y me encontré varias veces redefinido por otras personas. Definitivamente me llevo más recuerdos reconfortantes que angustiosos.

Y no digamos que los angustiosos no me sirven. No puedo olvidar aquellas veces en que me sentía apabullado por los juicios. Y es que en Santiago las relaciones humanas son un poco más agresivas. La violencia es parte de la cotidianeidad, y por lo mismo las personas que transitan entre un espacio y otro se han acostumbrado a la apatía. Es dificil encontrarse con alguien y reir en el metro, o que te ayuden a subir una maleta por alguna escalera, o que te indiquen alguna dirección esperando que llegues ahí. A nadie le importas mucho, y es por esto que finalmente aprendes a que el egoísmo es una herramienta de supervivencia.

Pero esas situaciones no merman mi personalidad ni me chocan hasta el punto del contagio. La indolencia no es algo que me gustaría cultivar, y a pesar de que sí podría haber hecho una que otra cosa que podría ser considerada “mala”, son cosas que hice concientemente.

Hay cosas que aún me faltan por explorar: Otras drogas, otros contextos, más música... Más vida. Quiero saber de algunos errores. Quiero saber de algunos hoyos, conocer un poco el lado oscuro. Quiero seguir cultivando mi -poca- inocencia, mi capacidad de asombro, mi sentido del humor. Después de este viaje de seguro de conozco más y sé cuáles son algunos de mis límites y cuáles aún quiero testear.

Me voy con una sensación de satisfacción tremenda. Me siento tranquilo con todo lo que construí y destruí en mi mismo. Puede que me de un poco de pena admitirlo, pero sé que ahora vivo con más cautela. Espero nunca estar seguro de muchas cosas, porque sé que cuando esté seguro, la magia se irá.
Me vuelvo con ansias de estar en la pieza que está destinada para mi en la casa de mis padres. Si alguna vez lo vi como un retroceso, hoy lo veo como un proceso dialéctico, en donde vuelvo pero no al mismo punto, sino a uno completamente distinto pues mi perspectiva de las cosas ha cambiado. Fueron prácticamente siete meses de distancia (contando mi viaje a Bolivia) en los cuales he aprendido a verme a mi mismo y junto a los demás. Me he convencido de que las vibraciones similares tienden a encontrarse y estoy feliz por ello.
Me voy con muchas ganas de que en Concepción todo cambie, de que los viejos vicios se difuminen y dejen pasar esos vientecillos de buen pasar. Hay varias cosas que resolver, no porque haya que hacerlo, sino porque realmente me siento preparado para enfrentar aquellos conflictos. Al hacer las pases conmigo mismo, puedo hacer las pases con el mundo.

Más tarde lloraré, estoy seguro, porque aquí he avanzado en dibujar el círculo de mi vida pero a costa de dejar amistades, cariños, cuerpos y lugares que ya son familiares para mi. Por hora sólo me dedico a mi, a disfrutar de mis días sin nada que hacer; de mis vacaciones autoasignadas. Cuando vuelva a Concepción, me prometo comenzar a avanzar.

Y es que, como decía, mi vuelta a Concepción tiene otros elementos, nuevos, que aprovecharé de implementar pues mi proyecto de existencia pretende nutrirse de todo aquello que pueda hacerme avanzar. Mi proyecto no sólo implica mis relaciones personas, sino que hay de por medio un  título que condecorará mi esfuerzo en perseguir una carrera. Y el título puede significar algo prestigioso para muchos y muchas. Hey, yo también lo consdero una elevación en mi status social. Pero más que eso, será un honor recibir la recompensa a la persistencia que he puesto, las ganas que le he hechado y terminará por darme autoridad por sobre mis palabras, ya que son las decisiones que he tomado -en contra de opiniones y alegatos- las que me han llevado hasta acá.

Volver no me significa un paso en falso, o hacia atrás. Todo lo contrario: Reconocer que en las circunstancias actuales no puedo permanecer y realizar las cosas que quiero hacer es un acto de valentía. Soy valiente y me como mi orgullo al poner en la mesa mi incapacidad para sostener de forma armoniosa mi vida adulta. Y reconocer que aún soy un estudiante y vivir de acuerdo a ello.

Me vuelvo. Está decidido.

De todas formas quiero volver. Y lo que quiero, lo persigo.

Y lo alcanzo.

julio 31, 2012

El Montaje como estrategia estatal de resolución de conflictos

El otro día miraba Tolerancia Cero, por primera vez en varios meses ya que los cambios constantes de lugar vital han generado que mi estancia en los lugares donde, valga la redundancia, he estado, hayan prescindido de televisión y más bien hayan contando con lo escencial: Una cama. El asunto es que en dicho programa se trataba el tema de la causa mapuche, invitando no a un representante originario, sino a un terrateniente por su ímpetu de generar una especie de guerra civil dado su llamado a las armas.

El programa me hizo reflexionar respecto de varias cosas, principalmente sobre la manera en que se resuelven los conflictos en nuestro país. Es significativo el discurso que aquel latifundista presentaba, principalmente porque era clara su escuálida formación en oratoria. Pero ésto se repite en la mayoría de los chilenos y chilenas, por lo que no tiene tanta relevancia. Al menos no cuando se aísla de otros factores, como la reiterativa sensación de que su discurso estaba construido para un evento mediático como la participación en tal programa.

No sé si sorprenda. Al menos no al lector asiduo y crítico del manejo del -mal llamado- "Conflicto Mapuche". Hace sólo unos días, en una manifestación pública frente a La Moneda, un grupo de supuestos agricultores protestaba por la agresividad de mapuche, los cuales le habrían "quemado la casa". Luego de un par de preguntas del periodista, el entrevistado confesó ser sólo un acompañante de su patrón, que no le habían quemado la casa y que el cartel no era suyo, sino que de alguien que se lo había entregado para figurar. En la noticia que se presenta linkeada unas líneas más arriba, también se destaca la sincronía que tienen las declaraciones de Ovalle con las del ministro de Justicia. Suma y sigue.
Luego de ésto y, en realidad, de varias oportunidades en que se ha descubierto la manipulación mediática o, derechamente, los montajes que el Estado de Chile ha orquestado, me quedan serias dudas de cómo se ha llevado el asunto con el pueblo originario.

No se me escapa de la memoria, ya que son hechos recientes, los distintos intentos que en el 2011 se sucedieron en torno a las manifestaciones estudiantiles. Recaredo Gálvez se volvió un caso emblemático, pero como él hubieron varios otros y otras que, luego de procedimientos de detención ilegales y, como es ya clásico, impunes, fueron sancionados por delitos que nunca cometieron.

Los montajes mediáticos se han visto potenciados por el gigantezco despliegue territorial que los medios de comunicaciones actuales ostentan. o es difícil generar un acontecimiento que nunca existió, promover el miedo a algo o alguien, tildar a cierto grupo de terrorista o incluso fingir una paz y sosiego en pos de acallar el reclamo de toda una región. Basta una foto para reportar avances y acuerdos y el Estado de Chile lo sabe muy bien. Heredero de las tácticas estadounidenses para generar gobernabilidad, Chile se ha preocupado de posicionar a expertos de la mentira y el engaño, pues al parecer el atontamiento de la población da frutos en un país donde la desigualdad reina.

La estrategia de solución de conflictos del Estado siempre será -por lo bajo- dudosa, sobretodo dadas las redes con el sector empresarial que se establecen a vista y paciencia de todos y todas las habitantes del territorio nacional. Resulta simple establecer las conexiones y entender cómo se materializan en leyes como la Ley de Pesca, caso reciente que se minimizó en los medios de comunicación mientras centenares de pescadores artesanales y organizaciones de la sociedad civil reclamaban legítimamente el derecho al espacio en esta reformulación. Lo peor tiene que ver con las acertadas declaraciones de Cosme Caracciolo, actual presidente del Sindicato Caleta Puertecito de San Antonio y ex candidato a diputado por la Quinta Región Costa, quien expuso ante un diario digital la estrategia demagógica y fraudulenta del Ministro Longueira.


Hace menos de un mes el Movimiento por la Diversidad Sexual, MUMS, salió a las calles en la Marcha por la Igualdad denunciando el montaje que significaba la Ley Antidiscriminación y publicó un comunicado en torno a la temática. Ley que está lejos de solucionar los problemas de fondo que aquejan no sólo a quienes tienen una orientación sexual distinta: No genera fondos para la creación de políticas públicas de prevensión de la discriminación, relativiza la importancia del derecho a la igualdad frente a otros derechos generando una contradicción jurídica; en concreto, es otro lavado de imagen para un Estado que poco o nada le importan las problemáticas sociales sino que el programa principal siempre resulta ser figurativo. Parecer siempre importa más que ser. 

Ejemplos de montajes de distinto tipo por parte del Estado de Chile no faltan. Es por esto que cuestiono cada movimiento del organismo central chileno, ya que está lleno de relaciones cochinas -por decir lo menos- entre gerentes, hermanos de gerentes, accionistas o hijos de accionistas que son, fueron o postulan a algún cargo en la administración pública.

Al momento de estudiar el cause de un conflicto en Chile se debe partir, a mi juicio, desde la duda respecto de las acciones del Estado. Más que a nivel teórico, en la práctica se demuestra que la confiabilidad en los personeros de un organismo mentiroso y manipulador no debe presumirse. Si alguien está pensando en enterarse más sobre lo que acontece en Chile, le aconsejo considerar esta columna. Partir de la base de que el conjunto de la sociedad es víctima constante de la entrega de una información digerida es necesario para cualquier análisis serio. Y ésto es sólo la punta del iceberg.

Esto, más que una columna de opinión, también es un llamado a potenciar a aquellos y aquellas periodistas que están realmente comprometidos y comprometidas con la verdad y con la defensa de los Derechos Humanos. Es un llamado a desbaratar las elucubraciones del aparato estatal, pues está en nuestras propias manos el informar, el crear conciencia. Depende de nosotros y nosotras ser parte de quienes luchan por una sociedad más igualitaria o subsumir nuestra existencia en los macabros planes de grupos que tienen intenciones, al menos, de dudosa calaña. Dudemos. Al menos dudemos.

Contrainfórmate.

julio 26, 2012

Homofobia Estructural: Valeska Salazar fue agredida por todos y todas


Hemos de recordar que las agresiones discriminadoras vienen directamente de los contenidos que se les imparten a los alumnos y las alumnas en la salas de clases, con los comentarios que nuestros padres hacen frente al televisor, con las tías olvidadas por su eterna soltería y los primos que esconden bajo las diferentes formas de ser caballerito. Esa es su fuente: Nosotros y nosotras mismas.

Nuestra capacidad para sensibilizarnos y comprender a la persona a nuestro lado es la que genera una sociedad tolerante; y, al mismo tiempo, la falta de empatía es la que genera la seguidilla de lecciones de intolerancia que finalmente terminan en agresiones en Santa Juana, en el parque San Borja, fuera de las discos o en las mismas aulas, donde el profesor no dice nada y la profesora valida los insultos homofóbicos.

El problema es estructural.

Si el problema es estructural, deben haber, al menos, dos factores que se interrelacionan y generan la síntesis “Homofobia” (o lesbofobia, o transfobia; a falta de un término unificador). A mi parecer, los dos principales son el rol del Estado en esta materia y las presiones que se ejercen desde la sociedad civil.

Por una parte, el Estado de Chile reconoce y condena todo crímen que devenga racista, homofóbico, sexista, etc. Condenar es fácil es una sociedad globalizada donde los medios de comunicación son la ventana perfecta hacia el mundo. Un discurso puede hacer un personaje, y la búsqueda del poder se facilita si las encuestas favorecen al o a la candidata. Basta un par de declaraciones para vender una idea progresista. Hoy en día, insisto, no es muy dificil.
Declaraciones de buenas intenciones tenemos todos los días y respecto de diversas problemáticas. El rol del Estado que buscamos es más importante, más vinculante, concreto. El rol del Estado que, para estos casos, buscamos debe ser el de garante.

El Estado de Chile debe garantizar la seguridad y el respeto de los Derechos Humanos, los cuales son inalienables para toda persona que pertenezca a la nación.

La mejor manera de velar por el cumplimiento de ésto es fiscalizar que, tanto en el Congreso como en la Presidencia, se estén generando las condiciones para que el derecho a vivir en paz se cumpla. Revisar planes y programas, políticas públicas y declaraciones se vuelve necesario a la hora se presionar y luchar por la calidad de vida. El respeto de la dignidad lo exige, principalmente porque los Derechos Humanos no fueron cedidos por piedad, sino que exigidos con luchas que los respaldaron.

Así, escudriñando en el rol del Estado chileno, conformado por todo personero político que participe del sitema actual, nos encontramos con años y años de invisibilización, satanización, criminalización y violaciones estructurales a la dignidad de los y las sujetos de la diversidad sexual. Lo anterior, presente tanto en comentarios de un senador a otro como en la misma constitución de la república. Recordar el mensaje “sinvergüenza y cola” del diputado René Manuel García (RN) a Marcelo Diaz, nos da luces sobre cómo y qué se piensa de tanto cola chileno: Somos arte y parte en una ofensa, la cual usualmente aparece en boca del Señor Juanito Perez o, en otras ocasiones, en Senadores de la República. Otros alcances, más “cotidianos” pero impresionantemente públicos se describen en éste enlace.

No faltan los ejemplos.

Lo que sigue viene a ser bastante lógico: Si permitimos estos epítetos -gratuitos, por lo demás- y ni un pelo de nuestro brazo se eriza por la incomodidad que provoca la ignorancia de estas anteriores declaraciones, es claro indicador de que nuestra contribución a un entorno saludable es menor de lo que esperábamos. Tanto en la cotidianidad como en la macropolítica es necesario un cambio de lenguaje, principalmente porque el lenguaje construye realidad: La forma en que nombramos o nos referimos a las cosas genera valoraciones, entendimientos y prejuicios. Erradicar el insulto y generar políticas públicas que eduquen a la los chilenos y chilenas es URGENTE, generar un manual único y obligatorio en materia de diversidad sexual es URGENTE.

Evitar atropellos como el de Valeska Salazar es tarea de todos y todas. No podemos culpar a los agresores sin entender que parte de ellos habita en cada uno de nosotros cuando ofendemos a alguien de piel oscura sólo por ser de piel oscura. Aquello no dista de las declaraciones de Labbé en relación a las dueñas de casa, ni el repudio a Hinzpeter sólo por su ascendencia judía. La discriminación arbitraria duele sólo cuando es uno o una la víctima. Despertemos: Somos victimarios también, por tanto depende también de nosotros erradicar estas mosntruosas prácticas.

Se ha promulgado una Ley Antidiscriminación fruto de una coyuntura específica, pero la modificación legal no sigue las mismas lógicas de la ingeniería: No somos cosas, somos complejidades humanas. Chile no será un país mejor hasta que la “Ley Zamudio” se complemente con un esfuerzo de compromiso real por parte del Estado y un reclamo potente de la sociedad civil por recursos que generen prevensión de la agresión, sobretodo dado el escuálido aporte que aquel proyecto suma.

El papel de la Sociedad Civil

Cuando hablo de la Sociedad Civil no sólo me refiero a la señora Cejismunda que mira la televisión todas las tardes antes de Soltera Otra Vez. La Sociedad Civil la conforman tanto personas "naturales" como aquellas organizaciones que representan las demandas de un colectivo específico de ciudadanos y ciudadanas.

Muchas veces las organizaciones, en búsqueda de un mejor pasar, se ven envueltas en peleas por espacios de poder que -si bien son peleas que hay que dar en tanto se entiende el espacio de poder como medio para alcanzar el objetivo final, terminan por ser la única y primordial actividad, dejando de lado el objetivo principal: Mejorar las condiciones de vida de las personas que los avalan. En concreto: Los proyectos, las cercanías ministeriales, las remuneraciones por debajo de la mesa, las compraventas ideológicas y un si fín de fenómenos que son propios de la humanidad ansiosa de beneficios suceden a vista y paciencia de muchos y muchas que responden siempre con un "así funciona la cosa".

Insisto en el papel de la Sociedad Civil, pues la cosa puede funcionar distinto si más y más gente comprende que está en nuestras manos cambiar los códigos, los modos de operar, los protocolos, los conductos regulares y un sin fín de tropiezos que se dan para poder llegar a incidir políticamente en las decisiones que se toman a nivel país. Porque una micropolítica desvinculada de la acción a gran escala no sirve. Por eso los mecanismos de representatividad deben ser colmados de espíritus nuevos, deshechos de viejos prejuicios, con ansias de una nueva política, de una nueva constitución, de nuevos sistemas de representatividad.

El papel de la Sociedad Civil es incluso más grande, difícil y pedregoso que la tarea estatal, porque los primeros y los últimos fiscalizadores del Estado somos nosotros mismos. Ésto, que finalmente viene a ser una especie de fiscalización, sumado al cambio cultural que debemos impulsar hoy, ahora, desde este mismo instante, da cierta esperanza para muchos no-natos que serán libres de darle la mano a quien sientan.

Yo creo fielmente en una sociedad donde el deseo fluya libremente.

Conseguir el engrosamiento de la ley, la validación de la identidad de género, la consolidación de la igualdad en materia de derechos, la defensa de la diferencia, la erradicación de la discriminación, de la violencia y otras actitudes para nada rescatables depende de nosotros y nosotras. Es ahí donde el problema se entiende de forma estructural, ya que formamos parte y somos los cimientos de un sistema de género específico, el cual validamos y justificamos toda vez que callamos frente a un acto de discriminación. Somos agentes de cambio, dueños y dueñas de lo que sucede en la realidad que construímos. Olvidar aquello es ser irresponsable con nuestra capacidad de modificar las desigualdades.

Los derechos se toman, no se piden.

junio 26, 2012

In creccendo

A esta hora (4:27) yo aún no decido dormir. Por varias razones.

Primero que nada, dada mi calidad de vago o indigente, internet es algo que se ha vuelto un lujo. Se ha vuelto un lujo porque una vez lo fue y hoy lo es de nuevo. Se ha vuelto, ha retornado a serlo y estoy hasta que el sol se despierta leyendo o haciendo estupideces.

Segundo, a mi trabajo de fines de semana se le ha sumado un día más, lo que a mi horario no le gusta mucho pero en realidad nunca lo he tomado mucho en cuenta. Así es la vida y a ésta hora no tengo tanto sueño como para desfallecer en el sillón.

Tercero, el sillón en el que habito no es ni de una pieza ni de mi casa: Está en el living que está en el departamento de mi tutor de práctica, quien ya es mucho más que sólo una figura de autoridad.

Mi vida es más incierta de lo que era hace un mes, y la verdad no tengo tan potenciado como antes ese sentimiento de que todo mejorará. Me lo repito, me lo intento grabar, pero hay algo que me ha hecho borrar esa buena energía de mi cabeza. Ojo, Jeremías. Ojo, porque te estás convirtiendo en un adulto que se aleja del que queríamos ser. Ojo, porque de a poco se pierden los sueños y se cansan las pasiones. Ojo que te empiezas a conformar, a relajar, a abandonar. Ojo que de repente ya te da flojera caminar un poco más allá, o meterte a una calle que no sabes de qué va, o escuchar música nueva.

Esto de convertirse en adulto tiene sus contras, y son demasiados como para no notarlos:

Primero que nada, la inseguridad constante. Es dificil mantenerse tranquilo cuando lo que se viene siempre es algo incierto y depende de las decisiones que vas tomando. Ni siquiera son decisiones que se presentan con estrépito, sino que derivan de una planificación (mental o agendística). Es un proyecto. Tu vida lo es. Se transformó todo en un plan a largo plazo, porque ya no sirve pensar sólo en mañana pues si no sé qué comeré no podré saber a qué hora lo haré y si alcanzaré a terminar ese informe para llegar al trabajo a la hora que corresponde y ganar el dinero que necesito para poder darme el lujo de pensar mañana: ¿Qué comeré después?.

Segundo, el peso de aquellas decisiones ya se ha vuelto notable. Antes uno no se daba cuenta, quizás era muy idiota o ingenuo, pero la carga simbólica de cada paso que se daba era algo que no aparecía en la evaluación. Hoy, siendo parte de ese gran plan, la decisión repercute en varias esferas que, interconectadas, deben estar erguidas o al menos balanceadas. Y jugar a ser una libra no es tan divertido como pensábamos.

Tercero, la vida amorosa va encontrándose con ese tonto prejuicio de que pasan los años, estás grande y quienes gustan de ti -y de quienes gustas- son personas que ya tienen el cuento claro. Y, peor aún, te encuentras en la mitad de la vida misma, porque ya no se besan todos con todo el mundo, y si lo hacen es sólo eso, porque hay peligros que se toman en consideración. Y en el peor -y más común de los casos, el sexo es definitivamente algo que se deja para "más adelante", a menos que sea algo fugaz y el sexo sea aquello último que queremos hacer con el/la otro/a. Y yo me empiezo a preguntar, ¿cuándo el sexo se volvió un fin?. Y todo gira en torno al sexo.
Si una vez, cuando chicos, el sexo era "el tema" de cada conversación de escabullida, hoy en los cafés de la ciudad es el tema más recurrente. Nunca escapamos, porque siempre estuvo ahí... ¿O aquí? ¿Importa ya?

Yo quiero conservar mis ideales, mis pasiones. No quiero apagarme, tengo kerosene para rato. Aún me quedan cosas por experimentar, y leer, y descubrir, y escuchar, y tocar y comer.

Voy camino a la adultez, pero a paso de tortuga.
Y si no te gusta, chupa'lpico.

junio 04, 2012

Voto nulo y crisis en el Sistema Eleccionario


Hoy ha sido un día interesante. Ya hace rato que quiero escribir sobre varias cosas, pero hoy el tema principal es el voto, ya que una señora que me vendía boxers en metro ULA, me habló de política y yo prendí con agua. Hablamos harto rato, pero me quedó dando vuelta el temita porque me acordé de una conversación en la casa de la Franola sobre votar por alguien, votar nulo o simplemente no votar.
Después de todo, hay un par de cosas que tengo que decir.

Primero que nada, con la promulgada ley del voto voluntario no sé qué tanto habrá de mejorar el sistema político chileno. Algunos hablan de una pérdida del 20% del universo votante y otros equilibran la balanza sumándole ese mismo porcentaje. En definitiva, las próximas elecciones tanto de alcaldes como de otras figuras institucionales darán una clara respuesta a las interrogantes por la representatividad de los mandamases de Chile.

Ahora, si Ud. es unx de lxs que se siente absolutamente des-identificado con lxs personerxs políticos de turno o cualquiera que sea, haya o no estado jugando al ajedrez desde su puesto; le comento que yo creo que el no-voto es lo peor que puede hacer.

Partamos aclarando que el no-voto no cuenta. No votar implica una crítica al sistema de representatividad, está claro; pero no duele. No duele porque es como un gusano intentando comerse una manzana desde fuera: La cáscara es más dura y, aunque muerde, no necesariamente es una mascada eficaz. No aparece en los datos, porque no contamos al universo no-votante, sino sólo al votante. Ahora, ¿qué hacer para ser el gusano dentro de la manzana? Pues hay que votar. Pero insisto, no por aquellxs que han estado y no han hecho, sino por el pico, por la raya o por el garabato: Hay que anular.

El voto nulo, partamos con esto, si cuenta. Cuenta como voto nulo, claro, y puede que se sume a la mayoría de votos “válidos”, pero expresa una cosa fuerte y clara: “Quiero votar, pero todxs me parecen una mierda”. Y es que eso es lo que sucede, pues no hay por quien votar. Claro, podemos decir que si hay, que así es el juego y que es necesario ser inteligente políticamente y hacerle contrapeso a la coalición que no nos gusta. Lo siento, antes de inteligencia prefiero la consecuencia y para mi ser consecuente es deslegitimar a las figuras que han hecho de Chile un país insolente, violento, desinformado y abusado. El voto nulo es un castigo real, una voz en off que va sumado desaprobación. El voto nulo fue de un 8% en las últimas elecciones presidenciales. ¿Qué pasará cuando sea 10? ¿15? ¿20? Quizás habría que leerse a Saramago para hacerse de una idea.

Puedo pecar de adulto, pero el idealismo debe ser una meta, no un medio. El fin último para mi es una sociedad no sexista, laica, realmente democrática, sin etiquetas, sin estigmatización, económicamente sustentable y justa, responsable ambientalmente, culturalmente rica y diversa, etc. Pero es el fin. Por ahora, mientras caminamos, tenemos que trabajar con lo que hay, y en términos cortoplacistas las elecciones hay que sabotearlas legalmente. Sabotearlas, digo, porque finalmente el nulo no elegirá a nadie. Más bien terminará siendo el remezón que esperamos para generar los cambios que exigimos. No votar no genera crisis, los picos y los garabatos sí. Crisis completa del sistema eleccionario.

Yo invito a votar nulo, porque es un virus en el sistema. Da cuenta de un mal funcionamiento, da cuenta de la chanchada que se tiene. Da cuenta, porque cuenta.


PD: Y por último, si estás en Santiago y quieres votar por alguien, vota por @FelipeParadaM, por un nuevo Recoleta (:

marzo 26, 2012

Daniel Zamudio siempre será un luchador


A propósito de todo lo que ha ocurrido con Daniel Zamudio es que hoy, luego ya de varios días de congoja por su situación, es que decidí escribir sobre algo que me parece realmente importante y que yo, y muchos como yo, de repente no tenemos tan claro. De hecho no planteo para nada que tenga una solución, pues de haberla se construye en conjunto con otros seres humanos, nunca solo.

Quizás es mi orientación sexual la que me ha hecho reflexionar sobre todo lo que me rodea. De alguna manera fue ésta la que permitió relacionarme con el mundo de una manera diferente. Hoy soy consciente de que al decir "soy homosexal/bisexual/travesti,hetero/etcétero" estoy declarando no sólo mi gusto por tal o cual idea de humano, sino también doy cuenta de mi posición política en esta sociedad. Teniendo en cuenta la función que cumplen las categorías en cualquier ámbito podemos entender que tales declaraciones, al final del día, sirven para ubicarnos, para darnos una cierta identidad al interactuar con el resto. Decir "soy heterosexual", aparte de generar en la otra persona una idea preconcebida de lo que supuestamente soy, habla también de mi situación privilegiada en términos legales, culturales, sexuales, etc. Más aún si me declaro "hombre", pues la construcción del concepto está rodeada por dimensiones políticas de mi ser. Puedo, de inmediato, entender que puedo casarme, que probablemente mantenga una familia, que a lo mejor juego o veo fútbol... Preconcepciones que, en otros casos, llevan a prejuicios de los más burdos.

Más allá de discutir sobre las etiquetas que se nos asignan todos los días, me gustaría guiar la discusión hacia cómo vinculamos nuestra "posición social" con nuestra acción como seres conscientes y despiertos. Digo esto ya que, una vez situados vemos más clara la película. Tampoco se trata de que quienes no han pensado en esto están en desventaja, puesto que las formas de lucha son multidimensionales, punto que tocaré un poco más adelante.

Si me doy cuenta de que pertenezco, primero que nada, al conjunto de seres humanos que se denominan "hombres", y difiero con el ideal masculino del "macho", puedo establecer claros puntos de acción. Luego, en mi caso, vendría la categoría "bisexual", colectivo de personas que estamos invisibilizados y tomados poco seriamente. Luego pertenezco a una clase social determinada que merma mi calidad de vida casi por todos lados... Suma y sigue. Digo esto porque usualmente la revolución que se persigue desde las cúpulas revolucionarias tiene mucha empatía con la última categoría pero se olvida de las primeras o las deja de lado o, incluso, las mantiene ahí, intocables porque "eso es tema de otrxs". Finalmente lo que sucede, para simplificar un poco el proceso, es que la conexión con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y con nuestra sexualidad (por tanto con los roles que definimos para unos y otras) se vuelven incuestionables, dogmáticos hasta el punto contradictorio en el que intentamos alejarnos de un paradigma para crear otro nuevo con sus propias (o a veces las mismas) reglas. Reproducimos un sistema opresivo pero gritamos en contra de la opresión. La superestructura nos demanda todo de nosotros y los cimientos de ella quedan relegados a luchas menores, menos urgentes.

Con una amiga conversábamos sobre la posible "madre de todas las luchas". Ese día concluímos que la lucha ambiental podría llenar ese cupo. Reflexionamos sobre el objetivo de luchas más clásicas y nos dimos cuenta que la semilla común es el cambio en el tipo de relaciones sociales que construímos y mantenemos. En este sentido, la lucha ambiental genera un cambio de esquema por el sólo hecho de plantear un cambio estructural como consecuencia de un cambio en la perspectiva que tenemos sobre otras especies. Desde ahí a replantearse nuestra relación con nuestra propia especie no hay mucha distancia: Si puedo entender las condiciones paupérrimas que los perros de la calle viven día tras día, ¿Cómo no puedo ser capaz de entender la cagada que tenemos en nuestra sociedad? ¿Cómo no cuestionarse, por ejemplo, las relaciones entre sexos, y entre géneros, etc.? Si urgiera encontrar una "madre", creo que sería esa.

A qué viene esto, dirán. Pues creo que comenzar entendiendo que el punto de inflexión es nuestro trato entre nosotros es que podemos empezar a trabajar la consecuencia más profundamente. En algún punto, sabernos humanos, despertar nuestra conciencia corporal o como quieran llamarle produciría, a mi manera de ver, un despertar intenso, quizás más profundo que otros... No lo sé. Al principio comenté lo importante que fue mi orientación sexual en mi vida y es precisamente por esto que digo: Saberme no-heterosexual hizo que me preguntara muchas cosas sobre mi cuerpo y cómo interactúo con otros cuerpos, tanto humanos como no-humanos.

Y aquí es donde comienzo a redondear esta entrada.

Despertar la consciencia sobre nuestra sexualidad, sobre nuestra corporeidad quizás nos haga entender que las luchas no sólo son en la calle, en las barricadas o en las grandes situaciones sociales, sino que parte/va de la mano con la lucha contra la opresión de nuestros cuerpos.
En otras entradas he hablado sobre represiones de este tipo, pero en esta en particular me interesa dejar en claro que, para mi, mi relación con mi cuerpo y cómo expreso lo que pienso están profundamente ligados. También estoy luchando cuando voy de la mano con mi compañero por la calle. También lo hago cuando digo las cosas por su nombre. También lo hacen muchos y muchas no en la calle, sino en sus casas, con sus familias, con sus amigos, por el sólo hecho de existir y no tener miedo de expresarse, de vivirse y defenderse frente a la discriminación. Y aquí es donde creo que Daniel Zamudio, como mucha más gente, era un luchador por el solo hecho de existir, por el sólo hecho de vivir su sexualidad abiertamente.

Las luchas sociales no se ganan solamente con la conquista de leyes, tampoco con la abolición de un estado para ser reemplazado por otro, de otro tipo pero estado al fin y al cabo. Son cambios profundos en la cotidianeidad de las personas los que hacen la diferencia. Que tantos cuerpos hayan estado marchando por las calles de Chile fue un golpe duro, pero fue un golpe más duro el que se pegó en la cotidianeidad de las casas, en las familias, en el supermercado... El tema se habló, se discutió y todos y todas estuvimos de acuerdo en que la educación no puede arrancarnos un pedazo para formar parte de nuestra formación. Así mismo la vivencia de una sexualidad sin prejuicios ni tapujos y condenas puede cambiar profundamente la vida de los seres humanos. Que un travesti camine por la calle rompe los esquemas viejos y ridículos por el sólo hecho de que aparece, está, es. Puede que ni siquiera lo sepa, pero su lucha se hace patente al no tener miedo de hacerlo. Puede que ni siquiera se necesiten leyes para protegernos si nos hacemos cargo de nuestra sexualidad y la defendemos con acciones cotidianas, pues las acciones son los mejores ejemplos.

Daniel Zamudio, para mi, siempre será uno de los muchos luchadores.
Todo mi respeto para él.

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