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diciembre 20, 2012
junio 26, 2012
In creccendo
A esta hora (4:27) yo aún no decido dormir. Por varias razones.
Primero que nada, dada mi calidad de vago o indigente, internet es algo que se ha vuelto un lujo. Se ha vuelto un lujo porque una vez lo fue y hoy lo es de nuevo. Se ha vuelto, ha retornado a serlo y estoy hasta que el sol se despierta leyendo o haciendo estupideces.
Segundo, a mi trabajo de fines de semana se le ha sumado un día más, lo que a mi horario no le gusta mucho pero en realidad nunca lo he tomado mucho en cuenta. Así es la vida y a ésta hora no tengo tanto sueño como para desfallecer en el sillón.
Tercero, el sillón en el que habito no es ni de una pieza ni de mi casa: Está en el living que está en el departamento de mi tutor de práctica, quien ya es mucho más que sólo una figura de autoridad.
Mi vida es más incierta de lo que era hace un mes, y la verdad no tengo tan potenciado como antes ese sentimiento de que todo mejorará. Me lo repito, me lo intento grabar, pero hay algo que me ha hecho borrar esa buena energía de mi cabeza. Ojo, Jeremías. Ojo, porque te estás convirtiendo en un adulto que se aleja del que queríamos ser. Ojo, porque de a poco se pierden los sueños y se cansan las pasiones. Ojo que te empiezas a conformar, a relajar, a abandonar. Ojo que de repente ya te da flojera caminar un poco más allá, o meterte a una calle que no sabes de qué va, o escuchar música nueva.
Esto de convertirse en adulto tiene sus contras, y son demasiados como para no notarlos:
Primero que nada, la inseguridad constante. Es dificil mantenerse tranquilo cuando lo que se viene siempre es algo incierto y depende de las decisiones que vas tomando. Ni siquiera son decisiones que se presentan con estrépito, sino que derivan de una planificación (mental o agendística). Es un proyecto. Tu vida lo es. Se transformó todo en un plan a largo plazo, porque ya no sirve pensar sólo en mañana pues si no sé qué comeré no podré saber a qué hora lo haré y si alcanzaré a terminar ese informe para llegar al trabajo a la hora que corresponde y ganar el dinero que necesito para poder darme el lujo de pensar mañana: ¿Qué comeré después?.
Segundo, el peso de aquellas decisiones ya se ha vuelto notable. Antes uno no se daba cuenta, quizás era muy idiota o ingenuo, pero la carga simbólica de cada paso que se daba era algo que no aparecía en la evaluación. Hoy, siendo parte de ese gran plan, la decisión repercute en varias esferas que, interconectadas, deben estar erguidas o al menos balanceadas. Y jugar a ser una libra no es tan divertido como pensábamos.
Tercero, la vida amorosa va encontrándose con ese tonto prejuicio de que pasan los años, estás grande y quienes gustan de ti -y de quienes gustas- son personas que ya tienen el cuento claro. Y, peor aún, te encuentras en la mitad de la vida misma, porque ya no se besan todos con todo el mundo, y si lo hacen es sólo eso, porque hay peligros que se toman en consideración. Y en el peor -y más común de los casos, el sexo es definitivamente algo que se deja para "más adelante", a menos que sea algo fugaz y el sexo sea aquello último que queremos hacer con el/la otro/a. Y yo me empiezo a preguntar, ¿cuándo el sexo se volvió un fin?. Y todo gira en torno al sexo.
Si una vez, cuando chicos, el sexo era "el tema" de cada conversación de escabullida, hoy en los cafés de la ciudad es el tema más recurrente. Nunca escapamos, porque siempre estuvo ahí... ¿O aquí? ¿Importa ya?
Yo quiero conservar mis ideales, mis pasiones. No quiero apagarme, tengo kerosene para rato. Aún me quedan cosas por experimentar, y leer, y descubrir, y escuchar, y tocar y comer.
Voy camino a la adultez, pero a paso de tortuga.
Y si no te gusta, chupa'lpico.
febrero 15, 2012
Retrospectiva
Me voy yendo.
Así lo siento. Mi proceso de emancipación se arrastra hace ya varios años, desde que estaba en enseñanza básica. Usualmente lo tóxico que se vuelven algunos ambientes genera en mi deseos irrefrenables de escapar. No escapo de los problemas, escapo de aquello que no puedo solucionar. Y vaya que hay cosas en esta vida que están fuera de mi alcance.
Cuando era un púber siempre pensaba en el tiempo que restaba para irme. Mis intentos por hacerlo no han sido pocos: Me he ido por un fin de semana, me he ido por una semana entera, también lo hice por un mes. Y eso sólo en términos temporales: También me he ido lejos, cerca, a la mierda y no tanto.
¿Qué intento hacer con este despliegue de experiencias? Pues decir que siento que ese "me estoy yendo" ha llegado a su punto cúlmine. Me voy. Pero esta vez no se siente como un escape, se siente como un paso que había de tomar hace tiempo, como esas cosas que puedes hacer al fin y que siempre quisiste hacer. Claro que es un poco triste dar el paso solo, pero es lo que queda.
No tengo idea de qué viene, cómo sigue o qué pasará, pero eso es lo emocionante. Así vivo mi vida, me hace sentir más presente, me asegura que aún corre sangre por mis venas. La vida es así, incierta, ¿por qué tratar de ir contra ella? El ser humano ha intentado todo lo humanamente posible por predecirla, estudiarla, conocerla, desgranarla... ¿Para qué? Aceptar que la vida viene y va, te golpea y después esconde la mano, te eleva y después te deja caer. Así es, es el ritmo, es lo incierto y a mi me gusta. Me gusta el peligro, me gusta no saber, me gusta estar un poco perdido de vez en cuando. Y es que yo creo que mi mente es igual: Anda de aquí para allá todo el tiempo, sacando lo mejor de todo y dándole mil y una vueltas a cada detalle. Soy súper fijón, y creo que es una cualidad. Algunos me han dicho enrollado, cuático, denso, pero estoy parado aquí, donde yo quiero estar y voy hacia donde me mueve la guata. Me ha servido la complejización, pero no para todo.
Igual he aprendido que, aunque me encante darle millones de vueltas a todo, a veces hay que detenerse. Ese balance, ese equilibrio que la naturaleza y la vida misma tienen es un estado que hay que saber encontrar. A pesar de que todo sea un poco caótico en este plano, es infinitamente armónico. Es un caos hermoso. Si te dejas fluir, puedes terminar donde siempre esperaste terminar. Déjate absorver.
Quien no cambia, retrocede.
Creo que es dificil pensar en lo que voy a extrañar, pues las tengo ahora conmigo. Estoy seguro que, en medio del desierto nortino, querré escuchar la voz de alguien, mirar a los ojos a aquella persona, o simplemente discutir por alguna estupidez con esta otra. Y si, ya lxs echo de menos. A pesar de que siempre he querido virarme lejos y no volver, ¡hay una gran parte de mi que está tan cómodo! Y he sido muy egoísta este último tiempo, pero no había otra forma de sobrellevar algunas malas situaciones. Hay una persona a la que deberé retribuirle todo este tiempo perdido, pero me es dificil cuando hay problemas subyacentes que tienen que ver con las raíces de quiénes somos... Pero se lo debo todo, asi que mi amor por ella es incuestionable.
La voy a extrañar por lo que es, no por lo que me daba.
Sólo espero que mis próximas experiencias sean igual de enriquecedoras que las anteriores. Espero, para mi, lo mejor. Espero que en ese otro país al que voy me enseñen algo que nunca olvidaré, me digan que estoy equivocado y que termine por reconocerlo. Quiero que me dejen de cabeza, que no entienda nada y me replantee toda mi vida. Quiero que me ofrezcan trabajar allá por un techo y comida, que me digan "Quédese". Quiero vivir lejos de aquí. Como sea, pero lejos de aquí.
Mañana me voy. No sé a qué hora, pero me voy. Aún no sé si solo, pero me voy.
Simplemente...
Me voy.
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