Pestañas

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octubre 01, 2012

XIV Marcha por la Diversidad Sexual: Algo está cambiando


Columna para InTheClub.cl



El 29 de Septiembre del presente año se dio vida a la XIV Marcha por la Diversidad Sexual en Chile, y en general sus distintas manifestaciones responden a un despertar tímido, pero sólido en la población. Visualizar las opresiones de las que somos víctimas cotidianamente y generar propuestas e invlucrarse en ellas se ha convertido en la tónica de los movimientos -entendiendolos como flujo de energías- de la sociedad civil, y con ello ha comenzado un levantamiento masivo de exigencias legitimadas en tanto surgen de pobladores, trabajadoras y estudiantes, gente común y corriente que ha empezado a tomar cartas en un sistema político del que fuimos excluidos a punta de falsas promesas. Es éste el carácter que hoy toma la Marcha por la Diversidad Sexual en Chile.

Luego de un año intenso en términos de movilizaciones, el 2012 empezó tímidamente. Todos esperaban un gran levantamiento estudiantil, el contragolpe o la continuación. Si bien los secundarios han tomado protagonismo, es cuestionable el rumbo que se le está dando al movimiento, principalmente porque hay dos claras y diferentes formas de abordarlo: Los llamados al diálogo y las acciones directas. Los emplazamientos desde la CONFECH han bajado de tono, mientras que los liceos se toman establecimientos y amenazan con funas.

Como sea, el Movimiento Estudiantil se logró instalar y las problemáticas planteadas generaron un remecimiento a nivel nacional de conciencias al cuestionar no sólo el sistema educacional, sino el económico y político. Fue un sacudón que terminó por devolverle el pensamiento crítico y las ganas de generar cosas a muchos y muchas. A pesar de los intentos por despolitizar, la discusión es totalmente política y eso es un legado fuerte y considerable.

Ese mismo espíritu ha permeado al fin otros levantamientos. Con más o menos intensidad, las problemáticas cotidianas se vinculan con el modelo de organización que tiene Chile y, lo que remata todo el proceso, es que el gobierno de Sebastián Piñera ha defraudado a muchos y muchas, incluso votantes y simpatizantes de su proyecto. De esta manera, valores como la autogestión, la legitimación de la diversidad y de las acciones directas, el griterío en la calle y la defensa de los derechos fundamentales ha llegado a implantarse en el discurso por las libertades sexuales.

Desde principios de año, principalmente con la muerte de Daniel Zamudio, las organizaciones de la diversidad sexual han tenido un escenario político altamente favorable. Es lamentable la similitud con un desierto florido, ya que este triste acontecimiento conmovió al país entero, a pesar de que los crímenes contra la diferencia son constantes.
Como sea que haya sido, Chile entero necesitó sentirse más tranquilo con el tema, por lo que desde todos los sectores posibles se escuchó el reclamo por la inexistencia de una ley que protegiera a los y las jóvenes de nuestro país y por la nula voluntad política de trabajar un proyecto que dormía hace 7 años en el congreso. Fue así que el Estado se preocupó de sacar rápidamente el texto, de cubrir con prontitud la necesidad y, no importando la calidad de la ley, propagandearse una vez más con un trabajo a medias. El resultado es una vergüenza que le permite al organismo central jactarse de su respeto a los valores de la diversidad, cuando en realidad es un avance demasiado modesto como para celebrarlo. De hecho, aunque responde más a un efecto mediático y a una estrategia periodística que a la realidad concreta, los crímenes violentos contra la población no-heterosexual parecieran haber aumentado y la ley Antidiscriminación llega tarde, repone, no previene.

Con el tema en el tapete, este año se realizaron dos eventos públicos que buscaban agilizar la discusión en torno a las distintas demandas de las organizaciones sociales por reconocimiento ante la ley del amor en todos sus términos y la protección de la vida de los heterodoxos sexuales: El 19 de mayo se realiza la primera marcha conmemorando el Día Internacional Contra la homo-lesbo-trans-fobia y el 28 de Junio prescenciamos la Marcha del Orgullo Gay. Sumada a la Marcha por la Diversidad Sexual, son tres eventos en un año, record histórico en Chile que viene a sentenciar la politización de los movimientos ciudadanos por las libertades sexuales.

A nivel internacional se viene dando un proceso intenso de politización de los movimientos sociales, de una vinculación de luchas. Entender que el modelo educacional está vinculado con el modelo económico, que está vinculado con el modelo político que está vinculado con el modelo de democracia que está vinculado con el modelo de sexualidad es un avance deslumbrante y ha alcanzado las conciencias de quienes salieron este sábado en Santiago y en Concepción, días antes en otros lugares del país como Iquique, Antofagasta y Valdivia.

Menos fiesta y más protesta es una frase acuñada en España por los colectivos pro-diversidad sexual, y es cosa de leer las pancartas y los panfletos que se levantaron este 29. Se ha producido un despertar y se está persiguiendo una conexión que se había olvidado. Ya no somos gays, bisexuales, lesbianas, trans marchando, sino que somos trabajadores, estudiantes, pobladoras... Al mismo tiempo se divisan candidaturas a cargos políticos por parte de personas abiertamente no-heterosexuales, estrategia que me parece positiva pero que considero no suficiente como para ser el sustento único de una campaña. Pero al menos demuestra que algo está cambiando.

Entender que el cómo construimos nuestras relaciones, el como funciona nuestra domesticidad, el como vivimos nuestra relación de pareja, como nos referimos a nuestra sexualidad y lo que hacemos con las posibilidades de organización en los espacios de los que disponemos, es político. Todo lo que hacemos, decimos, creamos, desechamos y vivimos lo es. Tanto el trabajo macropolítico como el micropolítico son indispensables para el cambio social.

Estos elementos están entrando de a poco a un colectivo que sólo reivindicaba el derecho a festejar, a tener un espacio para hacerlo o a vestirse de forma estrafalaria, y que no se relacionaba con otras esferas de la sociedad. Este sábado la manifestación no fue una fiesta, fue una protesta y, a mi modo de ver las cosas, es un gran paso que hay que celebrar.

Hoy no estamos esperando escuchar a los políticos: Queremos que nos escuchen. Queda una ley de identidad de género; un protocolo de atención más humano para las personas trans; la conagración de la igualdad en los libros de derecho; una educación gratuida, de calidad, estatal, laica y no sexista; la renacionalización de los recursos naturales, una ley de protección animal madura y una asamblea constituyente, entre muchas otras cosas.

Nos queda un país que construir, pero la fuerza está y tiene color de arcoiris.

agosto 26, 2012

Santiago: Primera estadía


Mi viaje por Santiago estuvo lleno de momentos que no olvidaré. Son estas experiencias las que hacen de mi vida una vida de la cual me enorgullezco. Y si, a veces puedo ser atarantado y equivocarme de camino o dar mal un paso; pero no tengo miedo a errar.

Al llegar a la ciudad capital, mis expectativas eran bajas y mis ganas de estar acá eran altísimas. Estaba dispuesto a lo que fuera, mi energía vital era enorme y mi capacidad de soportar y maniobrar en circunstancias no tan favorables era increíble. ¡Llegué con $20.000, por favor! Hasta yo me asombro un poco al recordarlo. Es por esto, creo, que las cosas se fueron sucediendo de manera armoniosa y todo calzaba en el momento justo: Encontré trabajo la primera semana -trabajo el cual dejo recién ahora que me devuelvo; nunca tuve que dormir en un lugar que no pareciera un colchón -porque los sofás también cuentan. Y eso que estoy dejando afuera la vez que dormí sobre una imitación de vagina de la que hablaré en otro momento. Nunca me faltó comida. Creo que la única vez que no tenía algo que hecharle al buche fue aquella madrugada que con un cigarro, un té verde y semillas de sésamo sacié mi hambre. Conocí a gente de otro mundo y me redescubrí al enfrentarme a un entorno desconocido y que me desconocía. Tuve que revisar quién era, y me encontré varias veces redefinido por otras personas. Definitivamente me llevo más recuerdos reconfortantes que angustiosos.

Y no digamos que los angustiosos no me sirven. No puedo olvidar aquellas veces en que me sentía apabullado por los juicios. Y es que en Santiago las relaciones humanas son un poco más agresivas. La violencia es parte de la cotidianeidad, y por lo mismo las personas que transitan entre un espacio y otro se han acostumbrado a la apatía. Es dificil encontrarse con alguien y reir en el metro, o que te ayuden a subir una maleta por alguna escalera, o que te indiquen alguna dirección esperando que llegues ahí. A nadie le importas mucho, y es por esto que finalmente aprendes a que el egoísmo es una herramienta de supervivencia.

Pero esas situaciones no merman mi personalidad ni me chocan hasta el punto del contagio. La indolencia no es algo que me gustaría cultivar, y a pesar de que sí podría haber hecho una que otra cosa que podría ser considerada “mala”, son cosas que hice concientemente.

Hay cosas que aún me faltan por explorar: Otras drogas, otros contextos, más música... Más vida. Quiero saber de algunos errores. Quiero saber de algunos hoyos, conocer un poco el lado oscuro. Quiero seguir cultivando mi -poca- inocencia, mi capacidad de asombro, mi sentido del humor. Después de este viaje de seguro de conozco más y sé cuáles son algunos de mis límites y cuáles aún quiero testear.

Me voy con una sensación de satisfacción tremenda. Me siento tranquilo con todo lo que construí y destruí en mi mismo. Puede que me de un poco de pena admitirlo, pero sé que ahora vivo con más cautela. Espero nunca estar seguro de muchas cosas, porque sé que cuando esté seguro, la magia se irá.
Me vuelvo con ansias de estar en la pieza que está destinada para mi en la casa de mis padres. Si alguna vez lo vi como un retroceso, hoy lo veo como un proceso dialéctico, en donde vuelvo pero no al mismo punto, sino a uno completamente distinto pues mi perspectiva de las cosas ha cambiado. Fueron prácticamente siete meses de distancia (contando mi viaje a Bolivia) en los cuales he aprendido a verme a mi mismo y junto a los demás. Me he convencido de que las vibraciones similares tienden a encontrarse y estoy feliz por ello.
Me voy con muchas ganas de que en Concepción todo cambie, de que los viejos vicios se difuminen y dejen pasar esos vientecillos de buen pasar. Hay varias cosas que resolver, no porque haya que hacerlo, sino porque realmente me siento preparado para enfrentar aquellos conflictos. Al hacer las pases conmigo mismo, puedo hacer las pases con el mundo.

Más tarde lloraré, estoy seguro, porque aquí he avanzado en dibujar el círculo de mi vida pero a costa de dejar amistades, cariños, cuerpos y lugares que ya son familiares para mi. Por hora sólo me dedico a mi, a disfrutar de mis días sin nada que hacer; de mis vacaciones autoasignadas. Cuando vuelva a Concepción, me prometo comenzar a avanzar.

Y es que, como decía, mi vuelta a Concepción tiene otros elementos, nuevos, que aprovecharé de implementar pues mi proyecto de existencia pretende nutrirse de todo aquello que pueda hacerme avanzar. Mi proyecto no sólo implica mis relaciones personas, sino que hay de por medio un  título que condecorará mi esfuerzo en perseguir una carrera. Y el título puede significar algo prestigioso para muchos y muchas. Hey, yo también lo consdero una elevación en mi status social. Pero más que eso, será un honor recibir la recompensa a la persistencia que he puesto, las ganas que le he hechado y terminará por darme autoridad por sobre mis palabras, ya que son las decisiones que he tomado -en contra de opiniones y alegatos- las que me han llevado hasta acá.

Volver no me significa un paso en falso, o hacia atrás. Todo lo contrario: Reconocer que en las circunstancias actuales no puedo permanecer y realizar las cosas que quiero hacer es un acto de valentía. Soy valiente y me como mi orgullo al poner en la mesa mi incapacidad para sostener de forma armoniosa mi vida adulta. Y reconocer que aún soy un estudiante y vivir de acuerdo a ello.

Me vuelvo. Está decidido.

De todas formas quiero volver. Y lo que quiero, lo persigo.

Y lo alcanzo.

junio 04, 2012

Voto nulo y crisis en el Sistema Eleccionario


Hoy ha sido un día interesante. Ya hace rato que quiero escribir sobre varias cosas, pero hoy el tema principal es el voto, ya que una señora que me vendía boxers en metro ULA, me habló de política y yo prendí con agua. Hablamos harto rato, pero me quedó dando vuelta el temita porque me acordé de una conversación en la casa de la Franola sobre votar por alguien, votar nulo o simplemente no votar.
Después de todo, hay un par de cosas que tengo que decir.

Primero que nada, con la promulgada ley del voto voluntario no sé qué tanto habrá de mejorar el sistema político chileno. Algunos hablan de una pérdida del 20% del universo votante y otros equilibran la balanza sumándole ese mismo porcentaje. En definitiva, las próximas elecciones tanto de alcaldes como de otras figuras institucionales darán una clara respuesta a las interrogantes por la representatividad de los mandamases de Chile.

Ahora, si Ud. es unx de lxs que se siente absolutamente des-identificado con lxs personerxs políticos de turno o cualquiera que sea, haya o no estado jugando al ajedrez desde su puesto; le comento que yo creo que el no-voto es lo peor que puede hacer.

Partamos aclarando que el no-voto no cuenta. No votar implica una crítica al sistema de representatividad, está claro; pero no duele. No duele porque es como un gusano intentando comerse una manzana desde fuera: La cáscara es más dura y, aunque muerde, no necesariamente es una mascada eficaz. No aparece en los datos, porque no contamos al universo no-votante, sino sólo al votante. Ahora, ¿qué hacer para ser el gusano dentro de la manzana? Pues hay que votar. Pero insisto, no por aquellxs que han estado y no han hecho, sino por el pico, por la raya o por el garabato: Hay que anular.

El voto nulo, partamos con esto, si cuenta. Cuenta como voto nulo, claro, y puede que se sume a la mayoría de votos “válidos”, pero expresa una cosa fuerte y clara: “Quiero votar, pero todxs me parecen una mierda”. Y es que eso es lo que sucede, pues no hay por quien votar. Claro, podemos decir que si hay, que así es el juego y que es necesario ser inteligente políticamente y hacerle contrapeso a la coalición que no nos gusta. Lo siento, antes de inteligencia prefiero la consecuencia y para mi ser consecuente es deslegitimar a las figuras que han hecho de Chile un país insolente, violento, desinformado y abusado. El voto nulo es un castigo real, una voz en off que va sumado desaprobación. El voto nulo fue de un 8% en las últimas elecciones presidenciales. ¿Qué pasará cuando sea 10? ¿15? ¿20? Quizás habría que leerse a Saramago para hacerse de una idea.

Puedo pecar de adulto, pero el idealismo debe ser una meta, no un medio. El fin último para mi es una sociedad no sexista, laica, realmente democrática, sin etiquetas, sin estigmatización, económicamente sustentable y justa, responsable ambientalmente, culturalmente rica y diversa, etc. Pero es el fin. Por ahora, mientras caminamos, tenemos que trabajar con lo que hay, y en términos cortoplacistas las elecciones hay que sabotearlas legalmente. Sabotearlas, digo, porque finalmente el nulo no elegirá a nadie. Más bien terminará siendo el remezón que esperamos para generar los cambios que exigimos. No votar no genera crisis, los picos y los garabatos sí. Crisis completa del sistema eleccionario.

Yo invito a votar nulo, porque es un virus en el sistema. Da cuenta de un mal funcionamiento, da cuenta de la chanchada que se tiene. Da cuenta, porque cuenta.


PD: Y por último, si estás en Santiago y quieres votar por alguien, vota por @FelipeParadaM, por un nuevo Recoleta (:

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