Pestañas

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enero 17, 2013

La rutina racista y homofóbica de Yerko Puchento



De repente me da la impresión de que hay un argumento muy pobre al momento de criticar al resto por sus dichos. De hecho hay todo un capítulo en wikipedia para la falacia ad hominem, que habla de cómo un argumento puede ser invalidado abogando por las características humanas de quien emite el comentario. Al menos yo no me compro ese argumento.

Yerko Puchento siempre me ha caído mal, principalmente porque es una caricatura bien fome de lo que supuestamente un gay es: Copuchento, farandulero, ácido y criticón. Si, es una caricatura que resulta muy entretenida, pero me carga el hecho de que lo que da risa no es necesariamente lo que dice, sino quién lo dice, y en este caso es un maricón fleto. No me digan que daría risa si fuera un personaje heterosexual, erudito y serio, porque no lo haría. Por último podría ser un Melame cagándose de la risa de cómo los humanos se organizan, las estupideces que dicen, pero no.

A mi parecer, la diferencia entre Tony Esbelt y Yerko Puchento no es mucha, pues son básicamente el mismo personaje. La única diferencia es que el personaje de Mauricio Flores destaca el lado calentón y picao’ a deportivo del mariconcito de Estación Central, mientras el de Daniel Alcaíno es más snob, de esos que están en del depa en Provi leyendo las revistas de farándula y sacando a pasear al Chiguagua por Lastarria.

Tony Esbelt no tiene niun brillo. En cambio Yerko tiene más estilo, pero no por cómo se configura el personaje, sino porque sus monólogos a veces tocan temas interesantes de una manera “un poco” más inteligente. A veces hasta le achunta con sus juicios. A veces los comparto. Eso sí, nunca lo veo. Y es que esto de compartir sus comentarios responde a una sola cosa: Lo que yo valoro no es de dónde viene la reflexión, sino que la reflexión misma y su calidad como tal.

Si fuera por valorar los comentarios desde donde vienen, no me pescaría ni en bajá’ los juicios de Fernando Villegas en Tolerancia 0, pero de repente le achunta. Fascistoide y todo, le achunta y yo lo celebro. Lo mismo con Yerko, lo mismo con muchos otros personajes de la farándula chilena. Lo mismo con Canulef.

Canulef salió indignado tirando un comunicado donde alegaba que la rutina del humorista en Vértigo había tenido un alto contenido “de racismo y también de homofobia disfrazado de humor”, con lo que yo estoy, en gran parte, de acuerdo. Y no, no se trata de ponerse graves y condenar cada chiste que se haga a propósito de los mapuche y los colas. Para nada. La rutina, si bien no fue tan fuerte ni agresiva, juega con la idea de que ser gay es gracioso, y lo peor es que efectivamente causa risa. Tal como se le criticó a Flores en el Festival de Viña, cae en el facilismo humorístico. Por otro lado el outing (acción de sacar del clóset públicamente a un personaje famoso) me parece demasiado agresivo como para tolerarlo. Y todo esto sólo en base a la homofobia.
EL conflicto étnico es otro asunto, y es donde el argumento ad hominem toma mucho peso en el debate, pues Caniulef se sintió pasado a llevar por la rutina. Yo no soy mapuche, no me siento parte de ellos por tanto no sé qué tanto molestó o no molestó. Pero está claro que caracterizarla de forma tan superficial, ridícula y machista es bajo y denigrante. Pero la cultura chilensis del “no seai’ grave” trasciende, y muchas personas se han tomado esta rutina como una cosa hilarante, cómica, sin darle muchas vueltas al asunto. Y es que a Caniulef no le pareció, y se sintió pasado a llevar y alegó por algo que a mi me parece justo. ¿Qué importa si antes no ha dicho nada sobre la causa mapuche? ¿Hace menos válidas sus quejas? ¿Sólo pueden alegar quienes tienen un historial de lucha? Por otro lado, Daniel Alcaíno respondió las críticas abogando por su adherencia a la causa mapuche. Y sí, el 2010 estuvo en Huelga de Hambre junto a muchos y muchas otras. Al parecer habría estado involucrado en la toma en UNICEF, pero como un twittero al que sigo dijo,
"Haber apoyado la huelga de hambre 2010 o la toma en Unicef no quita lo ofensiva de la rutina de Alcaíno contra Caniulef" (vía @luisgarciahsj).

Esto de los iluminados y su inflada de pecho me molesta en demasía. Es como si pensaran que sólo algunos y algunas pueden levantar la voz. Y si, Caniulef puede aparecer como inconsecuente –¡está escribiendo desde EEUU!, y probablemente lo sea. Tíldenme de iluso e ingenuo, pero a lo mejor las cosas pueden cambiar y Don Andrés se despailó. ¿O tampoco puede?

Por otro lado hubo personas que le atribuyeron a todo este conflicto un componente netamente farandulero. Y sí, la lógica de la televisión funciona a puros dimes y diretes, ofensas y respuestas, comunicados y declaraciones, pero ojo: Esta columna no intenta ser una de las tantas que se internan en el oficio de la "opinología", sino que pretende levantar un poco la mirada y, fuera de preocuparse de qué pasa con quién, dónde y por qué, llamar la atención sobre cómo se están tocando ciertos temas en los medios masivos de comunicación.

Yo no le daría vueltas al asunto, pero varias organizaciones y personas que considero serias han levantado la voz por ésto. Eso debe contar para algo. Quien se sienta pasado a llevar tiene todo el derecho a reclamarlo, y deben juzgarse sus palabras por lo que son, no por quién las emite.

julio 26, 2012

Homofobia Estructural: Valeska Salazar fue agredida por todos y todas


Hemos de recordar que las agresiones discriminadoras vienen directamente de los contenidos que se les imparten a los alumnos y las alumnas en la salas de clases, con los comentarios que nuestros padres hacen frente al televisor, con las tías olvidadas por su eterna soltería y los primos que esconden bajo las diferentes formas de ser caballerito. Esa es su fuente: Nosotros y nosotras mismas.

Nuestra capacidad para sensibilizarnos y comprender a la persona a nuestro lado es la que genera una sociedad tolerante; y, al mismo tiempo, la falta de empatía es la que genera la seguidilla de lecciones de intolerancia que finalmente terminan en agresiones en Santa Juana, en el parque San Borja, fuera de las discos o en las mismas aulas, donde el profesor no dice nada y la profesora valida los insultos homofóbicos.

El problema es estructural.

Si el problema es estructural, deben haber, al menos, dos factores que se interrelacionan y generan la síntesis “Homofobia” (o lesbofobia, o transfobia; a falta de un término unificador). A mi parecer, los dos principales son el rol del Estado en esta materia y las presiones que se ejercen desde la sociedad civil.

Por una parte, el Estado de Chile reconoce y condena todo crímen que devenga racista, homofóbico, sexista, etc. Condenar es fácil es una sociedad globalizada donde los medios de comunicación son la ventana perfecta hacia el mundo. Un discurso puede hacer un personaje, y la búsqueda del poder se facilita si las encuestas favorecen al o a la candidata. Basta un par de declaraciones para vender una idea progresista. Hoy en día, insisto, no es muy dificil.
Declaraciones de buenas intenciones tenemos todos los días y respecto de diversas problemáticas. El rol del Estado que buscamos es más importante, más vinculante, concreto. El rol del Estado que, para estos casos, buscamos debe ser el de garante.

El Estado de Chile debe garantizar la seguridad y el respeto de los Derechos Humanos, los cuales son inalienables para toda persona que pertenezca a la nación.

La mejor manera de velar por el cumplimiento de ésto es fiscalizar que, tanto en el Congreso como en la Presidencia, se estén generando las condiciones para que el derecho a vivir en paz se cumpla. Revisar planes y programas, políticas públicas y declaraciones se vuelve necesario a la hora se presionar y luchar por la calidad de vida. El respeto de la dignidad lo exige, principalmente porque los Derechos Humanos no fueron cedidos por piedad, sino que exigidos con luchas que los respaldaron.

Así, escudriñando en el rol del Estado chileno, conformado por todo personero político que participe del sitema actual, nos encontramos con años y años de invisibilización, satanización, criminalización y violaciones estructurales a la dignidad de los y las sujetos de la diversidad sexual. Lo anterior, presente tanto en comentarios de un senador a otro como en la misma constitución de la república. Recordar el mensaje “sinvergüenza y cola” del diputado René Manuel García (RN) a Marcelo Diaz, nos da luces sobre cómo y qué se piensa de tanto cola chileno: Somos arte y parte en una ofensa, la cual usualmente aparece en boca del Señor Juanito Perez o, en otras ocasiones, en Senadores de la República. Otros alcances, más “cotidianos” pero impresionantemente públicos se describen en éste enlace.

No faltan los ejemplos.

Lo que sigue viene a ser bastante lógico: Si permitimos estos epítetos -gratuitos, por lo demás- y ni un pelo de nuestro brazo se eriza por la incomodidad que provoca la ignorancia de estas anteriores declaraciones, es claro indicador de que nuestra contribución a un entorno saludable es menor de lo que esperábamos. Tanto en la cotidianidad como en la macropolítica es necesario un cambio de lenguaje, principalmente porque el lenguaje construye realidad: La forma en que nombramos o nos referimos a las cosas genera valoraciones, entendimientos y prejuicios. Erradicar el insulto y generar políticas públicas que eduquen a la los chilenos y chilenas es URGENTE, generar un manual único y obligatorio en materia de diversidad sexual es URGENTE.

Evitar atropellos como el de Valeska Salazar es tarea de todos y todas. No podemos culpar a los agresores sin entender que parte de ellos habita en cada uno de nosotros cuando ofendemos a alguien de piel oscura sólo por ser de piel oscura. Aquello no dista de las declaraciones de Labbé en relación a las dueñas de casa, ni el repudio a Hinzpeter sólo por su ascendencia judía. La discriminación arbitraria duele sólo cuando es uno o una la víctima. Despertemos: Somos victimarios también, por tanto depende también de nosotros erradicar estas mosntruosas prácticas.

Se ha promulgado una Ley Antidiscriminación fruto de una coyuntura específica, pero la modificación legal no sigue las mismas lógicas de la ingeniería: No somos cosas, somos complejidades humanas. Chile no será un país mejor hasta que la “Ley Zamudio” se complemente con un esfuerzo de compromiso real por parte del Estado y un reclamo potente de la sociedad civil por recursos que generen prevensión de la agresión, sobretodo dado el escuálido aporte que aquel proyecto suma.

El papel de la Sociedad Civil

Cuando hablo de la Sociedad Civil no sólo me refiero a la señora Cejismunda que mira la televisión todas las tardes antes de Soltera Otra Vez. La Sociedad Civil la conforman tanto personas "naturales" como aquellas organizaciones que representan las demandas de un colectivo específico de ciudadanos y ciudadanas.

Muchas veces las organizaciones, en búsqueda de un mejor pasar, se ven envueltas en peleas por espacios de poder que -si bien son peleas que hay que dar en tanto se entiende el espacio de poder como medio para alcanzar el objetivo final, terminan por ser la única y primordial actividad, dejando de lado el objetivo principal: Mejorar las condiciones de vida de las personas que los avalan. En concreto: Los proyectos, las cercanías ministeriales, las remuneraciones por debajo de la mesa, las compraventas ideológicas y un si fín de fenómenos que son propios de la humanidad ansiosa de beneficios suceden a vista y paciencia de muchos y muchas que responden siempre con un "así funciona la cosa".

Insisto en el papel de la Sociedad Civil, pues la cosa puede funcionar distinto si más y más gente comprende que está en nuestras manos cambiar los códigos, los modos de operar, los protocolos, los conductos regulares y un sin fín de tropiezos que se dan para poder llegar a incidir políticamente en las decisiones que se toman a nivel país. Porque una micropolítica desvinculada de la acción a gran escala no sirve. Por eso los mecanismos de representatividad deben ser colmados de espíritus nuevos, deshechos de viejos prejuicios, con ansias de una nueva política, de una nueva constitución, de nuevos sistemas de representatividad.

El papel de la Sociedad Civil es incluso más grande, difícil y pedregoso que la tarea estatal, porque los primeros y los últimos fiscalizadores del Estado somos nosotros mismos. Ésto, que finalmente viene a ser una especie de fiscalización, sumado al cambio cultural que debemos impulsar hoy, ahora, desde este mismo instante, da cierta esperanza para muchos no-natos que serán libres de darle la mano a quien sientan.

Yo creo fielmente en una sociedad donde el deseo fluya libremente.

Conseguir el engrosamiento de la ley, la validación de la identidad de género, la consolidación de la igualdad en materia de derechos, la defensa de la diferencia, la erradicación de la discriminación, de la violencia y otras actitudes para nada rescatables depende de nosotros y nosotras. Es ahí donde el problema se entiende de forma estructural, ya que formamos parte y somos los cimientos de un sistema de género específico, el cual validamos y justificamos toda vez que callamos frente a un acto de discriminación. Somos agentes de cambio, dueños y dueñas de lo que sucede en la realidad que construímos. Olvidar aquello es ser irresponsable con nuestra capacidad de modificar las desigualdades.

Los derechos se toman, no se piden.

marzo 26, 2012

Daniel Zamudio siempre será un luchador


A propósito de todo lo que ha ocurrido con Daniel Zamudio es que hoy, luego ya de varios días de congoja por su situación, es que decidí escribir sobre algo que me parece realmente importante y que yo, y muchos como yo, de repente no tenemos tan claro. De hecho no planteo para nada que tenga una solución, pues de haberla se construye en conjunto con otros seres humanos, nunca solo.

Quizás es mi orientación sexual la que me ha hecho reflexionar sobre todo lo que me rodea. De alguna manera fue ésta la que permitió relacionarme con el mundo de una manera diferente. Hoy soy consciente de que al decir "soy homosexal/bisexual/travesti,hetero/etcétero" estoy declarando no sólo mi gusto por tal o cual idea de humano, sino también doy cuenta de mi posición política en esta sociedad. Teniendo en cuenta la función que cumplen las categorías en cualquier ámbito podemos entender que tales declaraciones, al final del día, sirven para ubicarnos, para darnos una cierta identidad al interactuar con el resto. Decir "soy heterosexual", aparte de generar en la otra persona una idea preconcebida de lo que supuestamente soy, habla también de mi situación privilegiada en términos legales, culturales, sexuales, etc. Más aún si me declaro "hombre", pues la construcción del concepto está rodeada por dimensiones políticas de mi ser. Puedo, de inmediato, entender que puedo casarme, que probablemente mantenga una familia, que a lo mejor juego o veo fútbol... Preconcepciones que, en otros casos, llevan a prejuicios de los más burdos.

Más allá de discutir sobre las etiquetas que se nos asignan todos los días, me gustaría guiar la discusión hacia cómo vinculamos nuestra "posición social" con nuestra acción como seres conscientes y despiertos. Digo esto ya que, una vez situados vemos más clara la película. Tampoco se trata de que quienes no han pensado en esto están en desventaja, puesto que las formas de lucha son multidimensionales, punto que tocaré un poco más adelante.

Si me doy cuenta de que pertenezco, primero que nada, al conjunto de seres humanos que se denominan "hombres", y difiero con el ideal masculino del "macho", puedo establecer claros puntos de acción. Luego, en mi caso, vendría la categoría "bisexual", colectivo de personas que estamos invisibilizados y tomados poco seriamente. Luego pertenezco a una clase social determinada que merma mi calidad de vida casi por todos lados... Suma y sigue. Digo esto porque usualmente la revolución que se persigue desde las cúpulas revolucionarias tiene mucha empatía con la última categoría pero se olvida de las primeras o las deja de lado o, incluso, las mantiene ahí, intocables porque "eso es tema de otrxs". Finalmente lo que sucede, para simplificar un poco el proceso, es que la conexión con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y con nuestra sexualidad (por tanto con los roles que definimos para unos y otras) se vuelven incuestionables, dogmáticos hasta el punto contradictorio en el que intentamos alejarnos de un paradigma para crear otro nuevo con sus propias (o a veces las mismas) reglas. Reproducimos un sistema opresivo pero gritamos en contra de la opresión. La superestructura nos demanda todo de nosotros y los cimientos de ella quedan relegados a luchas menores, menos urgentes.

Con una amiga conversábamos sobre la posible "madre de todas las luchas". Ese día concluímos que la lucha ambiental podría llenar ese cupo. Reflexionamos sobre el objetivo de luchas más clásicas y nos dimos cuenta que la semilla común es el cambio en el tipo de relaciones sociales que construímos y mantenemos. En este sentido, la lucha ambiental genera un cambio de esquema por el sólo hecho de plantear un cambio estructural como consecuencia de un cambio en la perspectiva que tenemos sobre otras especies. Desde ahí a replantearse nuestra relación con nuestra propia especie no hay mucha distancia: Si puedo entender las condiciones paupérrimas que los perros de la calle viven día tras día, ¿Cómo no puedo ser capaz de entender la cagada que tenemos en nuestra sociedad? ¿Cómo no cuestionarse, por ejemplo, las relaciones entre sexos, y entre géneros, etc.? Si urgiera encontrar una "madre", creo que sería esa.

A qué viene esto, dirán. Pues creo que comenzar entendiendo que el punto de inflexión es nuestro trato entre nosotros es que podemos empezar a trabajar la consecuencia más profundamente. En algún punto, sabernos humanos, despertar nuestra conciencia corporal o como quieran llamarle produciría, a mi manera de ver, un despertar intenso, quizás más profundo que otros... No lo sé. Al principio comenté lo importante que fue mi orientación sexual en mi vida y es precisamente por esto que digo: Saberme no-heterosexual hizo que me preguntara muchas cosas sobre mi cuerpo y cómo interactúo con otros cuerpos, tanto humanos como no-humanos.

Y aquí es donde comienzo a redondear esta entrada.

Despertar la consciencia sobre nuestra sexualidad, sobre nuestra corporeidad quizás nos haga entender que las luchas no sólo son en la calle, en las barricadas o en las grandes situaciones sociales, sino que parte/va de la mano con la lucha contra la opresión de nuestros cuerpos.
En otras entradas he hablado sobre represiones de este tipo, pero en esta en particular me interesa dejar en claro que, para mi, mi relación con mi cuerpo y cómo expreso lo que pienso están profundamente ligados. También estoy luchando cuando voy de la mano con mi compañero por la calle. También lo hago cuando digo las cosas por su nombre. También lo hacen muchos y muchas no en la calle, sino en sus casas, con sus familias, con sus amigos, por el sólo hecho de existir y no tener miedo de expresarse, de vivirse y defenderse frente a la discriminación. Y aquí es donde creo que Daniel Zamudio, como mucha más gente, era un luchador por el solo hecho de existir, por el sólo hecho de vivir su sexualidad abiertamente.

Las luchas sociales no se ganan solamente con la conquista de leyes, tampoco con la abolición de un estado para ser reemplazado por otro, de otro tipo pero estado al fin y al cabo. Son cambios profundos en la cotidianeidad de las personas los que hacen la diferencia. Que tantos cuerpos hayan estado marchando por las calles de Chile fue un golpe duro, pero fue un golpe más duro el que se pegó en la cotidianeidad de las casas, en las familias, en el supermercado... El tema se habló, se discutió y todos y todas estuvimos de acuerdo en que la educación no puede arrancarnos un pedazo para formar parte de nuestra formación. Así mismo la vivencia de una sexualidad sin prejuicios ni tapujos y condenas puede cambiar profundamente la vida de los seres humanos. Que un travesti camine por la calle rompe los esquemas viejos y ridículos por el sólo hecho de que aparece, está, es. Puede que ni siquiera lo sepa, pero su lucha se hace patente al no tener miedo de hacerlo. Puede que ni siquiera se necesiten leyes para protegernos si nos hacemos cargo de nuestra sexualidad y la defendemos con acciones cotidianas, pues las acciones son los mejores ejemplos.

Daniel Zamudio, para mi, siempre será uno de los muchos luchadores.
Todo mi respeto para él.

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