Pestañas

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junio 13, 2016

De exploraciones y magia [Expuesto en Sociedad Utopía Concepción]



Me gustan los besos, las caricias, los mordiscos, las palabras crudamente eróticas al oído, me gustan las miradas cómplices, el calor del abrazo que comienza un encuentro sexual, un palmetazo en el poto, lo eróticamente gracioso que es aguantarse un poquito los gemidos por no aguantarse las ganas y tener sexo donde toque, me gusta encontrarme con gente que no conozco, me gusta explorar con mis amigos y amigas formas nuevas de amarse, me gusta el riesgo, la posibilidad de que me vean, me gusta ver… Hay algo que sucede cuando dos cuerpos se acercan, cuando se tocan.

Y ese algo nunca es lo mismo.

Cuando saludo a una persona desconocida suelo tener ciertas precauciones fundadas en experiencias anteriores, y eso se transmite. Pensar que, corporalmente, el resguardo no es visible es ser ingenuo. Sé que sucede, veo que sucede, siento que sucede; y esa comunicación kinésica entrega un mensaje, el cual es recibido e interpretado de forma probablemente muy distinta a la que yo pretendía, con una intención diferente, interpretación que también estará fundada en experiencias anteriores. Este proceso puede resultar en un apretón que da confianza, que tranquiliza, incluso que contiene. O puede ser que la otra mano se muestre lánguida.

Y ese algo nunca es lo mismo.

Abrazar a alguien que quiero puedes ser una experiencia desbordante, o a veces conciliadora. Dependiendo de la conversación, de si ando receptivo o molesto, de si tengo hambre o estoy apurado, de si es un saludo o estamos arreglándonos después de una discusión; siempre me encontraré comunicando algo distinto. Sin embargo, siempre habrá una proximidad mucho más cercana, mucho más vulnerable que otros acercamientos. Aún si es un abrazo que se sabe “último”, ese que se da antes de no volverse a ver, es un abrazo que lleva consigo un mensaje más cargado de emocionalidad que otros gestos y que excede la capacidad comunicativa de las palabras.

Y ese algo nunca es lo mismo.

No hay dos apretones de manos iguales. No hay dos abrazos iguales. Tampoco dos besos iguales.
El beso que le doy a quien amo al despedirme no es el mismo que le doy al saludar. Fácilmente se podría pensar que la mecánica es idéntica, pero el acto no está constituído sólo de movimientos, ninguna práctica humana es unidimensional. Siempre estamos generando conexiones y desconexiones. La vida parece ser un flujo, una marea de magnetismos y gravedades y tantas otras cosas. Los actos acarrean mensajes que constantemente obviamos, pero que ocurren bajo esa obviedad. No invisibles ni imperceptibles, sino simplemente no procesados, no conscientes.

A veces, cuando el influjo de la luna probablemente está haciendo su mejor aparición en mi existencia, las conexiones se incrementan, profundizan, engrosan. Me encuentro creativo, extrovertido, imaginando, moviéndome, escribiendo, cantando. Me veo queriendo abrazar, queriendo ser abrazado.
A veces, cuando el influjo de sustancias sublimes probablemente está haciéndose sentir con toda su magia en mi sangre, una caricia es un universo entero. Una mirada me puede desacoplar o volverme a armar. Todo me produce algo.

Y ese algo nunca es lo mismo.

De a poco me he ido dando cuenta de lo difícil que es describir sensaciones, lo complicado que es conversar de percepciones. Mientras escribo esto recuerdo una conversación que tuvimos un grupo de hombres luego de una sesión de biodanza, a propósito de los gritos enérgicos y cómo algunos lo encontraban apropiado y otros no. La diferencia la hacía sólo la percepción de lo correcto o incorrecto, y fue complejo centrarnos en lo que se discutía en serio: Qué tan cómodos nos sentimos con la energía voluptuosa y revoltosa de nuestra primigeneidad. Concluímos que intentar poner en palabras algo que se trabajaba precisamente sin ellas podía obstaculizar un proceso e inscribirlo en una dimensión comparativa que no tenía necesariamente un fin nutritivo o transformador. Nos deshicimos de lo problemático que era discutirlo y quedamos con la intención de explorar esa región de nuestra expresión en la medida en que nos sintiéramos cómodos, así como también se destacó lo diferente que puede ser un acto que evoque lo primitivo, ya que puede ser de forma enérgica y ruidosa o suavemente decidida.

Cuando era un poco más chico, tuve un compañero sexual que estaba constantemente haciéndose preguntas sobre lo que le rodeaba, lo cual me pareció un ejercicio interesante de hacer propio. Es más, cuando era aún más pequeño, recuerdo que miraba con cierta pena a les adultes, quienes parecían ya no cuestionarse nada. Esas dos experiencias determinan mi capacidad de intrusear en mi propia experiencia y descubrir cosas, lugares, lunares y gemidos.
Esto, sumado a otros momentos en mi vida, me han hecho comprender que las perspectivas son múltiples, y esto me fascina. Escuchar, intentar comprender, explorar; me apasiona conocer cosas nuevas, probarlas, descubrirme en ellas. Una amiga me dijo que cuando me dedico a algo, me tiro de cabeza. Muy probablemente es cierto, aunque en un principio lo había entendido como algo ofensivo o denigrante. Ahora lo veo diferente, y es que constantemente me encuentro amando lo que hago.
Me apasiona, por ejemplo, explorar. Por eso, cuando voy a comer a lugares bacanes, pido cosas nuevas. Tengo hambre de cosas nuevas. Tengo hambre de besos, de caricias, de encontrar nuevas formas de sentir placer.
Me apasiona disfrutar el sexo. Disfrutarlo en una cama con alguien, solo, de a tres o cinco; disfrutarlo en una conversación, hablar de las cosas que me dan placer y escuchar las formas que consideran placenteras el resto; disfrutarlo como observador por medio de una pantalla o tocando a quienes tienen sexo delante mío. O detrás, o a un lado. Ver cómo la magia de esas conexiones calienta la piel, cómo hace aparecer lo húmedo entre lo seco, la manera en que acelera la respiración. Es magia, y la encuentro en lo apasionante de la exploración.

Y ese algo nunca es lo mismo

Me gustaría saber más de magia. Me gustaría explorar lo diferente que puede sentirse una experiencia tan mágica como lo sería pintar con una venda en los ojos, teniendo como inspiración nada más que el roce de una mano, o el sonido de un suspiro, el calor o frío del aliento de un alguien que juega a ser musa. Sólo pensarlo me dan ganas de tantas cosas…
Me gustaría saber más de magia. Me gustaría explorar mil y una veces esas sesiones de encuentros sexuales donde los ojos se encuentran y no se quieren separar más; explorar esas miradas eternas que redondean todo el proceso, que terminan por unir a un nivel casi divino el vaivén del cuerpo con el hilo más profundo e íntimo que existe, el que quizás se refleja en su iris, o en mi retina.
Me gustaría inventar formas nuevas de tocarnos, de comunicarnos, de encontrarnos, de fusionarnos, de amarnos. Puede que las formas de vivir el amor sean, sino infinitas, indeterminadas. Y así mi intención es buscar con ahínco rincones nuevos, tensionar mi existencia y buscar los límites, desanudar restricciones y liberar. Prefigurar relaciones fundadas en el idealismo amoroso no romántico, sino libertario. Que no se enmarca en el tener, sino en el siendo. Que no se atrapa con la propiedad privada, sino que se libera de ésta. Que no se entrampe con las diferencias en intensidad, sino que acepte lo distinto y eso genere amor incondicional, presente, dedicado. Mi intención es descubrir, ojalá con más personas, lo que significa el amor en su completitud.

¿Es posible amarnos de más de a dos? ¿Es posible enamorarse así? ¿Se puede vivir amando a dos personas a la vez? Y hablo de amor, no de sexo esta vez. Porque el sexo se ha permitido más exploración que el amor. Es evidente que el 2 no es el número límite: He vivido el sexo solo conmigo, con otra persona, de a tres, de a cinco, en persona, virtualmente, en un poema, con suavidad y de forma animal, pensando en quien me besa, pensando en quien me dejó de besar hace un tiempo, pensando en quien me gustaría besar; de muchas otras maneras se ha tenido sexo.

Hay muchas cosas que me dan placer. Constantemente lo busco en todos los espacios que transito y, de hecho, creo que la pulsión por darle un beso a todas las personas que conozco es algo que he vivido más o menos intensamente. Creo firmemente en otra forma de relacionarnos, donde los límites se difuminen de a poco hasta que darse cariño sea cotidiano, y el ser ariscos, toscas y crudos entre nosotras sea lo extraño.

Y ese algo nunca es lo mismo.


En el amor hay territorios inexplorados, oscuros, muy iluminados, mágicos. Quiero vivirlos todos. Vivirlos todos y sentirme amado el doble. Vivirlos todos y amar el doble. Vivirlos todos y sentir el doble de manos. O el triple. Manos que me estén amando y permitan llenar todos mis vacíos, alcanzar todos mis rincones, desnudarme hasta que no haya nada más que develar. Entregarme completo, el triple, el cuádruple. Y no deja de asustarme, suena a que ese sería un estado increíblemente vulnerable, expuesto y explorando mágicamente todas mis posibilidades, y las tuyas, y las nuestras. ¿Pero acaso no se trata de eso?

abril 07, 2015

Fifi, la nueva Wena Naty: ¿Qué aprendimos?

Una vez más se difunden en la red imágenes exhuberantes sobre el nuevo caso que expone al escenario público las prácticas sexuales de menores de edad del Chile de hoy. Esta vez, ocho años después del último caso, podemos ver en concreto que nuestros esfuerzos por generar una sociedad más consciente, preventiva y cuidadosa han fallado. Cabe preguntarse por qué.

Para responder a esta pregunta, es urgentemente necesario analizar con ojo crítico el hecho que remece los "sentidos comunes" en materia de educación sexual: Un video de alto contenido sexual viral, en donde varios niños mantienen relaciones sexuales sin protección, con una niña que expone su incomodidad tanto por el exceso de grabación como por una eyaculación no consentida. Vamos desgranando el choclo.

Un video de alto contenido sexual viral

Últimamente, las plataformas virtuales de internet ofrecen la posibilidad de que la vida de personas y personajes puede ser documentada tanto para el entretenimiento de una audiencia como para fines más filantrópicos. El espectro de cobertura virtual es inimaginable y ha penetrado en todas las áreas de la vida. Y las opciones son muchas. En algún punto, la sensación de escenario se apodera de los usuarios y comienzan a relatar su existencia por medio de estas redes sociales, las cuales les entregan la validación que en una realidad llena de prejuicios y violencia no pueden encontrar. Aunque esto puede sonar inofensivo, lo cierto es que esos prejuicios y violencia se exacerban en tanto en el entorno online el anonimato está asegurado y la impunidad es pan de cada día. Apps como Snapchat permiten documentar aquellos momentos triviales que no valen la pena colocar en un video de YouTube, y Twitter se ha convertido en el creador de tendencias poco informativas, grandes rumores y ha generado una oleada de fandoms a ratos nocivos y agresivos. La libertad con la cual podemos expresar nuestra opinión en internet es abrumante. Y las consecuencias de una pobre educación e información no se dejan esperar.

Creer que podemos grabar un video en un contexto íntimo requiere la inhabilidad de comprender que el contexto es en efecto íntimo. La presencia de una cámara genera la sensación de audiencia, por tanto el espectáculo se sabe será no sólo para quienes participen del hecho, sino para todo quien llegue a tener el archivo. Si bien esta práctica puede avivar la vida sexual de una pareja (o grupo) que, colectivamente, consiente el almacenamiento privado de la cinta, de nuevo esto requiere la comprensión de que el contexto es íntimo. ¿Es malo grabarse? No. ¿Está mal difundirlo sin autorización para que todo el mundo lo vea? Si. Si no se comprende esto, la búsqueda de validación como hombres potentes, penetradores y activos sexualmente pudo haber sido una de las motivaciones y la internet está ahí ofreciendo la posibilidad de hacerlo. Y apunto a los chicos ya que la masculinidad es mucho más frágil que la feminidad, por tanto no extrañaría saber que en un intento por demostrar hombría, estos niños difundieron el video. Y es cosa de ver los comentarios en internet para darse cuenta de que el castigo social recae en Fifi, no en ellos. Ellos quedan como hombres, como ganadores, como premiados por la demostración de tales actos de hombría. Porque ser hombre es dominar, es blandir el pene al público sin vergüenza, es eyacular sobre una mujer, es no darle importancia a la intimidad ni al consentimiento. Al menos esa parece ser la idea de estos niños.

Cuando la experiencia sexual se descentra del individuo y se convierte en constante show virtual para un público ávido de opinar negativamente sobre el prejuicio de moda, toda la ignorancia y desinformación con la que estos jóvenes actúan se convierte en una bomba de tiempo. ¿Consecuencias? Un video viral de alto contenido sexual gracias a la, probablemente, nula presencia de adultos que eduquen y compartan información para vivir una sexualidad sana y segura, lo cual es nuestro siguiente punto.

Niños manteniendo relaciones sexuales sin protección

Por mucho que el intento de darse validez como hombres haya funcionado (tristemente funciona, ya que ante los ojos del público ellos ya son hombres validados), siguen siendo niños. Niños que son incapaces de dimensionar el daño que han causado a la imagen y autoestima de una niña que accede a participar de estos juegos sexuales.

Y aquí el error está en todos quienes participaron: El uso de protección parece no ser importante, no tener un rol en sus prácticas, no existir dentro de las precausiones, no importar de ninguna forma. Esto habla de lo increíblemente vagas que son las ideas de riesgo asociadas al sexo, por no decir nulas. Es claro, y me permito aventurarme a decirlo, que ninguno de los personajes que participan en este video tiene idea clara de lo que es o cómo se transmite la sífilis, los herpes genitales, mucho menos el SIDA. Definitivamente no creo que sepan lo peligroso que sería contraer algún tipo de infección. Claramente a ninguno de los chicos o la chica les parece riesgoso acercarse a la posibilidad de un embarazo, probablemente no tengan idea de que aún sin eyacular es posible fecundar. ¿Habla de ellos como habla de su educación? ¿Habla de ellos como habla de sus padres y madres? ¿Habla de ellos como habla del sistema educacional chileno?.

La falta de programas de educación sexual serios, claros, cercanos, comprensivos y comprensibles es una gran falla del sistema educacional chileno. Si, hay manuales aprobados por el Ministerio de Educación, pero no grafican ni de cerca ni menos aúnan conceptos en torno a la vivencia de la sexualidad juvenil. Se ha hecho incapié en lo importante que es informar desde una perspectiva realista donde se tome en cuenta que la edad promedio de inicio de la actividad sexual es a los 14 años, que el índice de embarazo adolescente sigue subiendo, entre otros hechos (no ideas, no imaginaciones, hechos) que dibujan un triste panorama en materia de compromiso real con la educación sexual de los niños y niñas de nuestro país. Pero se prefiere ocultar, esconder, disfrazar y omitir la realidad. Del aborto no se habla, del sexo no se habla, de la homosexualidad no se habla, de la transexualidad no se habla. Tenemos hace menos de 5 años leyes contra la discriminación, pero programas educativos ni siquiera se contemplan en términos presupuestarios. Estamos fallando, y estos videos son la consecuencia.

Una niña que expone su incomodidad

Hagámonos una pregunta honesta: ¿Sabemos si algún niño eyaculó o tuvo un orgasmo durante el video? Si. ¿Sabemos si la niña los disfrutó al menos? No. ¿Tuvo un orgasmo? No.

La gran industria del porno juega un cierto rol en este punto. En general la industria del contenido sexual audiovisual, no necesariamente el porno. Una vasta cantidad de publicidad se construye a partir de la idea de que quienes tienen el poder adquisitivo son hombres: Las cervezas, los autos, la ropa, los perfumes, también el porno. Mujeres desnudas, mujeres objeto, mujeres a disposición, mujeres puestas y dispuestas para el consumo masculino. Y esto inunda nuestro "sentido común", y la mujer se convierte en un "algo", en una "cosa" que nos entrega placer, nos hace la comida, nos cría al hijo o la hija, nos valida como hombres frente a los amigos, la familia. Y así traspasamos este sentido común a los hombres jóvenes, y así cuando deciden grabar un video, lo último que importa es el placer de la mujer. Lo último que importa es su incomodidad, su voz, su expresión de desagrado.

Fifi pregunta si pueden dejar de grabar. Nadie le hace caso.

Fifi pregunta por qué la eyaculación sin aviso o consentimiento. No hay respuesta.

A nadie le importa.

Y finalmente cabe preguntarnos, ¿por qué el video se llama "Fifi" y no "Alejandro" o "Fernando" o "Roberto"? Porque da igual, porque son anónimos incluso mostrando su cara, porque da igual quienes sean ellos. Lo que interesa es ella, es su (in)disposición, es su humillación. Es ella la puta, es ella la fácil, es ella el centro de atención. Ellos ya ganaron. Ya los dejamos ganar. Como sociedad estamos perdiendo la batalla contra una sexualidad creciente y disponible para nuestros menores de edad. Estamos perdiendo por pacatos, por miedosos, por incosecuentes, por avejentados.

Esperemos que la ley haga su trabajo tanto en este caso como en las otras situaciones que aquejan al Chile. Esperemos, también, que se legisle en educación y se generen obligaciones en torno a la inclusión en los programas escolares de una educación sexual seria, comprometida con el sano desarrollo y el libre flujo de información y la promoción de una cultura preventiva. Necesitamos que así sea para asegurar que los próximos videos íntimos sean eso: Videos íntimos. Necesitamos hacer entender a las nuevas generaciones de hombres que no está mal tener sexo, pero está mal no buscar el consentimiento; que no está mal disfrutar de nuestra sexualidad siempre y cuando nos protegamos de infecciones y embarazos no deseados; que está bien darle rienda suelta a los deseos siempre y cuando sepamos cómo poner en práctica esos deseos de manera segura.

Como adultos, debemos entender que la sexualidad no es algo que está ajeno a la realidad de niños y niñas. La sexualidad está expresada de diversas formas en todos lados a nuestro alrededor. Es nuestro deber como entes pensantes, críticos y como ejemplo para ellos y ellas, educar en responsabilidad. No podemos esperar hasta los 18 años, porque quizás a esa edad tengan más que ilustrarnos que lo que podamos decirles nosotros. Lo malo es que nos arriesgamos, como cuidadores, a la posibilidad de que la información que manejen sea errónea, mal concebida, mal conducente y peligrosa. Adelantémonos a esto y cuidemos a nuestros jóvenes. Exijamos acciones concretas en materia política y entendamos que la política también esta en nuestras casas y en nuestras relaciones. Generemos actitudes nuevas, conversemos en la mesa de sexo, debatamos, informemos, repartamos y compartamos conocimiento, cuidemos nuestro humor y dejemos de perpetuar estereotipos nocivos. Es la única forma que tendremos por lo pronto para asegurarnos de que las próximas generaciones no permitan que Natys o Fifis salgan perjudicadas y se conviertan en condenadas y castigadas víctimas por explorar su sexualidad.

diciembre 08, 2012

Valentina Roth y la represión sexual


Los desplantes escénicos de Vale Roth son ya comentados en todas las redes sociales, y no es de extrañarse. ¿Qué genera tanto ruido? ¿Es realmente a raíz de un comportamiento deplorable? ¿Es realmente condenable?. Espero que luego de este análisis, algunos y algunas puedan sacar conclusiones que lleguen a reconfigurar sus nociones en torno a la imagen de castidad y pureza virginal que se les impone a las mujeres.

No son pocos los videos en los que la señorita Roth ha mostrado sus habilidades sociales. En ellos tenemos una variedad de situaciones que psicólogos RN o UDI podrán enlistar en sus manuales sobre indecencia  faltas a la moral y ofensas a la madre patria... Qué se yo. No solo podemos ver su escultural cuerpo, sino que podemos escuchar su argumentación profunda y elaborada en relación a lo que se dice de ella. He aquí el último de los videos que se ha viralizado en la red, el cual ha motivado esta entrada:


Y la verdad es que describir cada situación ya parece irrisorio, pues es conocimiento masivo el hecho de que Valentina Roth disfruta de lo que el clítoris puede darle y no tiene ningún tapujo con ello. Por lo bajo, a mi me parece admirable. Rompe con toda la imaginería de la santidad de la vagina y de la virginidad virtual obligatoria. Barre el piso, por decirlo así, con los deberes morales impuestos sobre los cuerpos femeninos y, aunque no es ni una académica ni una erudita en el tema, ella sí sabe cómo pasarlo bien. Pero no le sale gratis, no en Chile.

Los comentarios en relación a lo que hace, dice y muestra son variados y van desde las declaraciones tipo “maraca culiá” a las más sentidas devociones. Más allá de hacer una lista con lo que se dice de esta mujer, quiero centrarme en los elementos que articulan esta animadversión con el placer y los orgasmos, porque al final del día siempre me pregunto ¿qué es lo que molesta tanto? ¿qué provoca tanto despliegue de comentario despectivo?

Me es imposible no referirme al estudio de la sociedad en esta materia, ya que existe un ordenamiento político que administra el placer. Sobretodo en la sociedad occidental, lo erótico tiende a ser al mismo tiempo una prohibición y una invitación: Vemos cervezas asistiéndose de voluptuosas señoritas, vemos estrellas pop persiguiendo una juventud perdida para mantenerse deseables, escuchamos gemidos en sus canciones, nos rodea y atraviesa el sexo, el cual es sobretematizado, nominado, discutido y transmitido. Como si no fuera un mensaje contradictorio tenemos el mensaje abstinente de la iglesia, la preocupación por la edad de la primera relación sexual, el silenciamiento del tema frente a menores de edad, la vergüenza en la compra de condones... Así, ¿quién entiende lo que es saludable?. El embrollo que debe tener la gente debe ser increíblemente complejo. Y en medio de esta censura sobretematizada del sexo, éste se llena de misticidad, de magia y el impulso a practicarlo se refuerza desde el primer orgasmo. Y ya, si no lo pudimos evitar, por último que no se transmita la plaga de las relaciones premaritales.

Este caótico devenir, aparte de generar confusiones y desinformaciones terribles, termina por construir una lógica cínica impresionante. Es decir, finalmente el problema no es que efectivamente estés teniendo sexo, sino decirlo.

Hace ya varios meses el MOVILH estuvo peleando la primera gran demanda de la Ley Antidiscriminación (por favor, no le digamos más Ley Zamudio que el pobre debe estar revolcándose en su tumba), la cual consistía en que una pareja de lesbianas había sido discriminada arbitrariamente por un cierto motel, al cual no las dejaron ingresar por su orientación sexual. Hoy, por twitter, apareció en mi TL un twitt que decía “Que te muestren en a tele porque ibas a un motel es cuático”. Yo me pregunto, ¿por qué es cuático?. Resulta que en medio de las conversaciones con este contacto, el problema no era la concurrencia al motel, sino el hecho de salir en la televisión dando cuenta de ello. Es decir, si la pareja (ésta o cualquier otra) quiere ir a un motel, que vaya. Pero que, por favor, no lo convierta en un tema público. ¿Qué hay que esconder? ¿Qué es lo que no se puede mostrar?. Las parejas usualmente desarrollan deseos sexuales en torno a la otra persona. Las parejas tienen sexo: Se besan, se acarician, se regalan orgasmos y algunas gustan de utilizar el amplio servicio de motelería que se ofrece en el contexto urbano. ¿Cuál es el gran problema?.

La idea de que los moteles los usan los amantes, las parejas clandestinas y quienes quieren “escapar” de algo es una idea añeja y pasada de moda. Los moteles brindan un servicio cómodo, tranquilo, incluso a veces hasta limpio. Es un espacio donde se puede practicar sexo doce horas seguidas y todos los implementos te son entregados sin ningún problema. La sexualidad se despliega en todo su esplendor. En vez de considerarlo como un problema, yo preferiría catalogar esta práctica como una posibilidad de que los cuerpos disfruten y alcancen un desestresante, estimulante y endorfínico orgasmo... O varios. ¿Por qué se tiene vergüenza de algo tan exquisito?

Valentina Roth entiende muy bien ésto, y no tiene ningún pelo en la lengua para decirles atoda esa manga de cartuchos y cartuchas que digan lo que quieran, porque sus labios están listos para recibir más besos y su boca también. Y es ésto lo que molesta: Que una mujer que debería estar guardándose para su marido esté repartiendo la idea de que el sexo es bueno, saludable y agradable. Una mujer viviendo libremente su sexualidad es peligroso, porque luego querrán hacer valer sus derechos humanos. Y quizás hasta generen un cambio cultural en torno a la vivencia de la sexualidad. A lo mejor las mujeres comprenden que no es el rol de los hombres el pedir pololeo, ser activo, excitable y nonstop en la cama. A lo mejor pueden tomar la iniciativa y ahogarse en endorfinas.

El otro día mi primo dijo “(...) no sé por qué le ponen tanto color, si ella hace lo que hacen todas las minas después de una disco o hasta dentro de ellas. Es la típica mina que ves en la pista y dices “a esa mina me a voy a comer hoy”, y haces todo lo posible para que se fije en ti porque te prende”. En su propio lenguaje, cuanta razón.

Lo mismo pasó con la mujer que, micrófono abierto, se jactó de su habilidad para contener las gónadas masculinas dentro de su área bucal, o en lenguaje popular, “hacer un quico”. Pero la lapidaron. Hasta el padre saldría más tarde en un diario de circulación pidiendo disculpas. ¿¡Disculpas, por qué!? Por favor, que alguien me pegue una cachetada si no me estoy dando cuenta de algo, pero es que aún no veo nada de malo en que ella esté tan orgullosa de tener una habilidad que, en lo personal, me volvería loco. De hecho, todas las mujeres deberían dominar estas técnicas. Les aseguro que vivirían felices entendiendo que el sexo es algo bueno y que su vagina es su mejor amiga -y nuestra también.

Todo lo anterior debe reflexionarse seriamente, pues la violencia contra las mujeres tiende a tomar por argumento el hecho de que se vistan, se vean y sean sexys. Vestirse con una minifalda no es el error, el error es dejarse llevar por un impulso agresivo. Creer que las actitudes de las mujeres son el motor de las acciones violentas es asumir que en realidad el hombre no se puede controlar, por tanto de la mujer es aquella tarea y, disculpen, pero eso me ofende profundamente. Por eso es nuestra tarea, como hombres conscientes y equilibrados, transmitir estas aseveraciones. Debemos comprometernos con un mundo donde no hayan privilegios otorgados en base al sexo, asumiendo que ser hombre merece más libertad.

Cada uno y una tiene el derecho a expresar de la forma que más le plazca su sexualidad y nadie puede tomarse la atribución de cuestionar esas decisiones o pretender ser un observador de la moral. Dejemos de participar de la reproducción de patrones represivos, que el sexo es para disfrutarlo.

octubre 15, 2012

Sistema Sexo/Género: De la Academia a la Política


Columna para InTheClub.cl



Hace ya varias décadas, las feministas comienzan a generar material académico de suma importancia tanto para movimientos sociales como para todo un ámbito nuevo en disciplinas como la sociología, la psicología y la antropología. En general, los estudios feministas promueven un estilo de investigación que se aleja del clásico enfoque en donde el investigador o investigadora es un ente que no participa en su entorno, que se abstrae. Es así que entender los devenires políticos de la investigación social es un punto fuerte en su legado. Pero, ¿cómo podemos sumarnos a la transformación social desde los estudios de género actuales?


Desde hace ya tres décadas que los estudios sobre masculinidad (los Men’s Studies) se preocupan de la categoría sociosexual llamada “hombre”, ya que se entiende que cuestionar el papel, la posición, la realidad de la mujer es un esfuerzo incompleto si no se tiene en cuenta aquello que permite la existencia de esa otra categoría.

Entender qué es una mujer pareciera ser menos complejo a lo largo de las culturas humanas, ya que su cristalización vendría dada por elementos que se corresponden con procesos naturales. En general se ha considerado que las mujeres están ligadas a la tierra, a la luna, a los mares y otros elementos naturales. Son manipuladoras de energías, curanderas, machis, sacerdotisas, brujas, prostitutas. Siempre poseen los secretos que aquellos, los hombres, no comprenden. Dan vida, contienen vida. Construir el concepto “mujer” finalmente viene a ser una homologación entre la madre tierra y la madre humana.
Siguiendo esta idea, la conceptualización de aquello que no es “mujer” aparece como una construcción más compleja. Ser hombre es no ser mujer, primero que nada. Sería entonces el pene una de las primeras diferencias (y por tanto la más sagrada y difundida) que habría entre mujeres y hombres. Se erigirían monumentales falos destacando y recalcando esta importante diferencia. Hemos de recordar que todos quienes tenemos penes no somos mujeres, y más aún: Somos hombres.

Pero, ¿y luego qué? ¿qué otra cosa nos identifica? Pues que no somos niños. 

Una parte importante de la identidad masculina, hasta hoy en día, consiste en asegurar y afirmar y reafirmar (proceso que nunca acaba) nuestra calidad de hombres. Hemos de demostrar que no somos niños, ya que la cercanía que los niños suelen tener con las madres (sobretodo por la dependencia biológica a temprana edad) los hace una extensión de la feminidad, de la mujer. Hay muchas culturas en que los ritos para convertirse en hombre, ser parte del grupo, requieren de una separación absoluta y prolongada del lado de la madre. Un hombre se hace, y se hace por medio de la socialización con otros hombres. Actualmente los límites de estos ritos son más difusos, pero los autitos, el fútbol y las actividades riesgosas aparecen como principales actividades masculinas. Te definen como hombre, te construyen y te hacen parte del clan.

Como tercer elemento constituyente de la masculinidad, digamos, básica, tenemos que un hombre es heterosexual. Si no se es, al menos, calificas como un hombre incompleto. Digo al menos porque muchas veces simplemente no eres hombre; pero suele decirse que los no-heterosexuales, y sobretodo los homosexuales son “menos hombrecitos”. No creo que haya necesidad de ahondar en este punto.

Así, la construcción de la masculinidad, el proceso en el cual un humano se vuelve un hombre, es un fenómeno complejo y lleno de significaciones.
Nuestra pregunta era cómo generar cambios desde los estudios de género.

Primero que nada, el estudio de la masculinidad (las masculinidades, como la corriente latinoamericana afirma) debe inscribirse en los estudios de género ya que entender esto es entender que la categoría “hombre”/”masculinidad” se construye en relación a la de “mujer”/”feminidad”. Esta polarización es importante y hemos de tenerla en cuenta, ya que desde la investigación social se suele reforzar la idea de que las sexualidades son un binomio, y que todo tiende a ello. Desde aquí es que el modelo heteronormativo de la sexualidad entiende que en las parejas homosexuales, por ejemplo, se repiten los patrones y hay un rol “masculino” y uno “femenino”: Uno hace de hombre y otro de mujer. Si fuese así, es urgentemente necesario ahondar en la figura del “versátil” en términos de su construcción conceptual, de su valor como rol, dónde aparece, en qué consiste, etc.
A primera vista, el versátil vendría a romper con este modelo y propondría una nueva forma de relacionarse con el género. Sería arriesgado decir que rompe con esta idea, ya que o bien se juegan los dos roles, o los roles se dislocan hasta dejar de existir, pero bien podría convertirse en hipótesis de trabajo.

Por otro lado, los Men’s Studies concentraron su investigación en encontrar “la masculinidad”, idea que es superada por la proposición latinoamericana de “las masculinidades”, dejando claro que la expresión concreta de “la masculinidad” encuentra ribetes complejos y que no existe una forma de practicar la masculinidad sino que habrían muchas y estarían en tensión. Así, junto a masculinidad hegemónica (aquella forma de ser hombre que es la “ideal”), conviven distintos tipos de masculinidades: Unas alternas, otras marginales.
Con esto en mente, podemos cuestionarnos por la temporalidad de esta masculinidad hegemónica (que tampoco sería una, ya que dependiendo del contexto sociogeográfico su expresión cambiaría, existiendo varias masculinidades hegemónicas), ya que la aparición de la figura del homosexual genera remezones en el modelo, generando mutaciones como los “metrosexuales”, o los “nuevos hombres”, o “hombres en crisis”, etc.

Son los elementos teóricos los que dan luces sobre la realidad cotidiana, ya que muchas veces vivimos sin cuestionar estructuras tan alienantes como el sistema de género.
Para mi es necesario un cambio en cómo vivimos el sexo y la sexualidad. Es necesario dejar de vernos con un lente que diferencia y comenzar a encontrar las similitudes, ya que nos unen tanto en la cama como en la calle, porque –y como en mi columna anterior puntualizé: Es necesario vincular las luchas. No podemos dejar de entender el sistema opresor de género en su relación con un sistema económico que se aprovecha de nuestra supuesta diferencia cultural en base al sexo para ofrecer identidades que sirven sólo para atraer más consumidores; no podemos dejar de entender la relación que existe con el sistema educativo, que nos prepara para tareas distintas y nos entrega capacidades disímiles para que, al final del día, terminemos encajando exacta y precisamente en donde “tenemos” que calzar.

De esta forma vamos redescubriendo a nivel práctico, nuevos elementos que reconfiguran nuestras concepciones de la sexualidad. Trabajar desde la teoría de género abre nuevas posibilidades tanto en términos académicos como en términos políticos. Deconstruir el género por medio del estudio científico es imprescindible y constituye una herramienta que se conjuga con la propuesta cotidiana tanto en la performance política como en la práctica individual de la libertad sexual.

Y es que el giro político que, en lo personal, me mueve siempre persigue la libertad y el sano fluir del deseo. Entender que patrones rígidos no existen per se, que de una u otra manera todos y todas nos alejamos más o menos de los modelos de “feminidad” y “masculinidad” (incluso hoy por hoy, que ya los modelos mismos se han alejado de los modelos de unas décadas atrás) y que somos nosotros mismos quienes construimos prisiones cuando levantamos la bandera de la moral para defender ese mismo –a veces– incuestionable orden, nos lleva a encarcelarnos solos y solas y a dañar el libre y natural fluir de un impulso que podría ser uno de los motores de nuestras decisiones, como diría Freud (y eso que no soy muy fan).

Your ass is political –Pansy Division

marzo 14, 2012

Educación sexual: Un tema país pendiente


No había pensado en escribir una entrada aún. La verdad es que estaba esperando ese momento de inspiración para contarles sobre mi viaje a Bolivia... Pero ya llegará el día. Por ahora necesito hacer esta entrada por un tema que ha estado en boga durante todo este día: El cuerpo.Sip. Ese mismo cuerpo que según "la designada" prestan las mujeres, cual envase desechable, durante 9 meses al estar embarazadas. Y qué podemos decir, si son desafortunados los dichos de Doña Ena, pues. Desafortunados, por lo bajo. No creo que merezca más tecleo el análisis de esta persona, porque ya sabemos cómo entienden la sexualidad a ese lado del rio. Por favor, si el ala derecha de la política chilena está llena de contradicciones ridículas: "gay homofobicos, mujeres machistas, senadoras designadas, pobres fachos" (@Fabroo). Insisto: No vale la pena seguir hablando de aquellos.

Lo que sí me merece la pena es el cuerpo mismo, ya que es un tema que no exploramos todos los días. Creo que aún no tengo claro si el cuerpo es mio propio, si importa tanto, si es expresión de algo divino o no. Por un lado está toda esta tradición asceta y estoica de que el cuerpo no debe recibir mayor atención para así poder trascender y encontrar los miles de nirvanas ofrecidos por tanta cultura en relación con lo sagrado... No sé. No lo tengo bien claro, pero creo que el cuerpo es un elemento constitutivo de nuestra existencia y no estar en contacto con él puede ser menos favorable que conocerlo, aprenderlo y aceptarlo.

¿Cuánta gente se niega a mastubarse? Un acto tan simple de autoexploración. Debe ser genial descubrirse junto a otra persona, pero supongo que debe ser aún mejor compartir orgasmos. ¿Y cómo los comparto si aún no sé bien cómo tener uno? Lo peor es que aún revolotea este tabú añejo de que las mujeres no tienen apetito sexual y que solo responden al del hombre. No, no, no; peor aún es que muchas mujeres se lo creen y aprenden a tener orgasmos con la Cosmopolitan... Digo, tampoco es una obligación masturbarse, pero me parece extraño. Si yo, por un día, fuese mujer, lo primero que haría sería masturbarme. Fue lo primero que hice cuando estuve consciente de mi pirula, y tengo muy buenas experiencias con ello.

Qué onda con la ropa, que de repente hace un calor infernal y aún merodea dentro de nosotros la ridícula idea de que mucha piel es peligrosa en la calle, que las niñas deben andar abotonadas hasta el cogote porque si no las violan, ¡de que las mujeres embarazadas no pueden tener sexo! El sexo, ¿por qué negarselo? ¿por qué no explorar también?. Hace unos días hablaba con mi abuela y me decía que quienes no entendían el amor entre dos hombres y dos mujeres era porque nunca habían estado enamorados. Le encontré mucha razón. Y divago, porque es que hay demasiadas cosas que no entiendo cuando hablamos de sexualidad. Y precisamente ese es mi punto: Hablar de sexualidad.

En Chile la educación sexual es un chiste. Repartir condones y manuales de sexualidad heterocéntricos nunca fue suficiente. Yo me eduqué en distintos tipos de colegio -subvencionado y privado- y en ninguno fueron capaces de enseñarme qué era la masturbación, qué significaba eyacular, qué era el clítoris y para qué servía, qué implicaba ser gay, si existía la bisexualidad, etc. Todo lo que tenga que ver con el placer está absolutamente censurado para un niño o una niña. Más allá del debate sobre la pastilla o el aborto, la educación sexual en Chile es deficiente por donde se le mire, si es que se ve, porque bien podríamos decir que es inexistente. Tengo un amigo muy cercano que estudia psicología, y me contó hace un tiempo que tuvo que hacer talleres de sexualidad en un colegio de Concepción. Tocó varios temas, hizo sus talleres y pasó los contenidos propuestos sin problemas hasta que tocó la unidad de orientaciones sexuales. Mi amigo clarificó bien el tema y explicó qué significaba cada categoría. El único ejemplo gráfico era un beso. Un beso. Al otro día, o días después, no recuerdo bien, los papás y mamás del centro de estudios pusieron el grito en el cielo por un beso. Claro que eran dos hombres (o dos mujeres, da igual a estas alturas), pero era un beso. Es educación sexual, es trabajar mostrando, no ocultando. Es criar a gente tolerante, no fomentar la homofobia por omisión (siempre se teme lo desconocido) o por negación, que es peor. Un simple taller...

Después dicen que Chile no está preparado para ciertos avances en la "democracia sexual" como el matrimonio igualitario o la adopción para todxs, y es que yo creo que si lo está. Lo está porque la mayoría de los y las chilenas somos jóvenes, y somos precisamente nosotros y nosotras quienes tenemos más clara la película y nos deshacemos de los prejuicios que nuestros padres nos han inculcado. Estamos preparados para la igualdad, para vivir una democracia inclusiva y real. Con añejos y añejas (etarea y mentalmente) en el congreso se hace todo más dificil, pero es que lamentablemente nunca han sido buenos para escuchar y observar que la ciudadanía está a años luz de ellos y ellas.

¿Recuerdan la última campaña de "prevención" del SIDA? Una ridiculez.

Y es que en este caso la senadora designada es representante de temores sostenidos en el aire, a base de nada, de prejuicios sin asidero justificado, de temores irracionales. Es lamentable, pero si ni siquiera entiende -ni ella ni su coalición- que una madre no es un receptáculo, que la discriminación homófoba lo sigue siendo aunque sea por motivos religiosos, que las mujeres y los hombres pueden vestirse igual y no tiene nada de malo, que la educación sexual no es sólo obligación de las familias sino que también de las instituciones educacionales... Si no entiende eso, habrá que hacérselo entender.

Lo necesario no es que nos burlemos de ella por las redes sociales -bueno, un poquito, si se lo merece por pava; lo que realmente urge es que exijamos una educación sexual a la altura de las necesidades de los pequeños de esta sociedad, la nuestra, la chilena, ya que muchos y muchas llegan a los 18 sin siquiera conocer bien los métodos de anticoncepción. Qué digo, si es cosa de mirar el índice de embarazo adolescente. Hace unos días nada más golpearon gravemente a Daniel por ser gay; aún no podemos reconocer a las personas trans con todos sus derechos; qué decir de las enfermedades venéreas y la increíble tasa de contagio... Esto no puede seguir, y depende mucho de nosotros, de que exijamos lo que corresponde. Las instituciones educacionales deben hacerse cargo de estos temas e incluir a las familias en las discusiones, ya que de otra forma, repetiremos los errores que hemos venido cometiendo como sociedad. Y es este último punto uno muy importante, puesto que se ha dicho una y otra vez por parte de conservadores con representación política que son las familias las responsables de inculcar valores y hacerse cargo del tema de la sexualidad, cuando está demostrado que es mucho más eficiente si el colegio junto a la familia son partícipes de la educación sexual del o de la menor.

Por todo lo anterior ¡Educación sexual ahora! ¡Educación sexual ya!

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