Pestañas

noviembre 25, 2012

Poema: Recuerdos de una estampida


Manoseado tal concepto, tal caballero
increíblemente viejo
increíblemente nuevo.

Esas manchas de emociones
mezcladas con voces opacas
esas líneas difuminadas,
esos caminos empedrados,
casi borrados
y perdidos, hasta olvidados.

Son todo eso lo que nos hace vivir
hacia atrás y hacia adelante,
aprendiendo y aplicando
(respectivamente, claro)
lo que el cuerpo ha apreciado.

Tu eres mis recuerdos
de una navidad hermosa,
de una estación lluviosa
ya seca y novedosa
de juegos para mi ya conocidos;
para ti nada más que entretenidos.

Dicen, todo pasa por algo.
Digo que así, claro, es.
Dices que se nos escapó el pez,
y yo repito "todo pasa por algo".

Hoy, vivimos lo último juntos:
buenos amigos, sinceros compañeros,
buenos cristianos y honestos ciudadanos.

No quisiera nada más, pues
contigo tengo lo que espero
de alguien que lo fue todo,
y que hoy es, en gran parte,
parte de mi corazón
cada día más envejecido.

Yo recuerdo tus caricias
sin odio, sin rencor ni ansias
aunque hayas renegado de todo
hay cosas que no se rompen
a pesar de tirarles anclas.

Subterráneas, escondidas, soterradas
hay memorias corporales
que de vergüenza no salen
de pudor ridículo y olvido arrogante.
Déjalas, que a nadie le importan
tus berrinches de infante.

sin honestidad te quedaste,
con la idea de otra idea ensimismada
como si nadie recordara
los besos, tu cama, las guarradas
que ya nadie, hoy, repite
porque de tu lado nos arrancaste.

Mis más sentido pésame
a quien conocí una vez y de quien gustaste,
de ellos nada queda
nada importa
nada se ve.
Yo me quedé.
¿Tú?
Arrancaste.

noviembre 01, 2012

De reproducciones e inconsecuencias



“El género (como la edad) es una variable universal de estratificación social que regula los roles y el acceso y la distribución de los recursos.”1

El estudio de la diferencia sexual en tanto productora de asimetrías sociales es una disciplina científica que data, en su calidad de práctica metódica, de la primera mitad del siglo XIX. Serían mujeres como Simone de Beauvoir y Margaret Mead quienes habrían comenzado a estudiar con ojo crítico un sistema de producción social que generaba estereotipos/arquetipos arbitrariamente construidos, desarrollados sobre patrones estéticos, valóricos, actitudinales y comportamentales polares que posicionan a todo lo masculino por sobre lo femenino. En el ámbito académico, hasta ese entonces, se entendía lo masculino desde una sola perspectiva, perspectiva que, a su vez, definía lo femenino como todo lo opuesto a ello2.

Lo que los estudios de género proponen en cuanto a las nuevas investigaciones sobre la diferencia sexual es una perspectiva que podríamos denominar “relacional constructivista”, la cual plantea que lo masculino y lo femenino –así como lo que es un hombre y una mujer– se construyen en la relación y el conflicto con otras identidades, es decir, son categorías sociales en tanto se desarrollan en y por la sociedad de la cual provienen3. Es debido a esto que, hacia los años ochenta se desarrolla una nueva rama en los estudios de género llamada Estudios de Hombres (Men’s Studies).

Hasta aquella década, los estudios de género se habían concentrado en la desigualdad a la que las mujeres eran sometidas, preocupándose por darle visibilidad a sujetas que habían sido desterradas de la historia científica por un lenguaje androcéntrico y la arbitraria omisión de sus derechos y necesidades. Sería gracias a estos hallazgos que el foco recaería sobre los hombres, esta vez con una mirada crítica sobre su identidad y la construcción de ésta. Y es que la alta efectividad está asegurada porque el sistema de género funciona, oprime y suprime elementos tanto en los cuerpos masculinos como en los femeninos. Es en la complementariedad represiva que el sistema alcanza su mayor efectividad4.

A pesar de los grandes avances que los Estudios de Hombres han hecho en un esfuerzo por caracterizar y profundizar en la identidad masculina, aún no podemos hablar de un corpus teórico de proporciones principalmente por la dificultad que significa reunir y sintetizar las variantes regionales, étnicas, sociodemográficas56. De esta forma, los estudios latinoamericanos sobre la masculinidad se alejan del estudio de la hegemonía dando cuenta de la existencia de otras masculinidades7, las cuales conviven con el imperio de la heteronormatividad expresada en mandatos, rituales y pruebas que forjan el camino hacia el hombre “verdadero”. Desde aquí es que se desprende el estudio por aquellas masculinidades alternativas o marginales, dentro de las cuales la homosexualidad califica como un peligroso acercamiento hacia lo femenino.

La homosexualidad, hoy en día, sigue siendo una de las orientaciones sexuales con más visibilidad. Ha pasado a ser parte de un binomio que pareciera reproducir el código binario de la ilustración, en donde el esquema heterosexual/homosexual vendría a sumarse a polaridades incuestionables como hombre/mujer, masculino/femenino, /bueno/malo, etc. Binariedades que excluyen otras expresiones de la sexualidad, las cuales reciben el estigma una vez asociado a la propia homosexualidad: desvíos, alteraciones, confusiones y hasta patologías. De esta forma, por ejemplo, la bisexualidad aparecería como una negra figura que empaña la supuestamente sana reproducción de seguridades binarias que disipan las incertidumbres en la esfera de afectivo y sexual. El control siempre aparece por sobre la libre expresión del deseo8.

Desde los años noventa que en Chile se han desarrollado diferentes propuestas tanto políticas como artísticas en torno a la defensa de los derechos humanos de la población no heterosexual. Así, se alejan de la invisibilidad y comienzan a organizarse en torno a sus opresiones específicas las cuales tienen que ver precisamente con la represión y el disciplinamiento, enmarcados en un proceso de dictadura que foenta un modelo hegemónico propugnado hasta hoy por instituciones públicas y medios de comunicación9. A pesar de ello, estos movimientos han conseguido -en términos constitucionales- la modificación de la “ley de sodomía” y la promulgación de una ley “anti-discriminación”; pero, al mismo tiempo, estos grandes pasos hacia un país respetuoso de la diversidad parecen haberse construido en base a códigos que resaltan la decencia y la imagen de un hombre y una mujer “bien socializados”, que no se alejan de la heteronormatividad de la cual pretenden diferenciarse. El código binario heteronormativo se reproduciría emulando roles masculinos y femeninos, generando nuevas normas estéticas, valóricas, actitudinales y comportamentales, productoras de cuerpos e identidades. Es así que el activo representaría el rol del hombre macho, varonil, serio y responsable, mientras que al pasivo se le asignan valores y mandatos femeninos, representados desde una suerte de perfomance.

En términos sociológicos, la visibilización de ciertas represiones, la corporización de ellas y la consiguiente demanda pública por dignidad, respeto y consideración repercute no solamente en la calidad de vida de las personas, sino que en la concepción de democracia que se articula a partir de las experiencias personales de un colectivo de individuos que participan de una organización social. Investigar en profundidad esta área, hasta ahora entendida como masculinidades “subalternas” o “marginadas”10 es necesario por razones políticas y sociológicas. De esta manera, la necesidad de visibilización de ciertas inconsecuencias en el desarrollo discursivo y práctico de un movimiento que, si bien no se plantea como disidente en la especificidad, produce una heterodoxia sexual al plantear quiebres en el disciplinamiento y el orden “normal” del devenir de la historia sexual de hombres y mujeres. Desde aquí es que perseguir reconomiento, aceptación e inclusión a un sistema sociosexual en que la afectividad está viciada y trastocada por elementos misógenos, machistas y androcéntricos (enmascarados bajo el discurso de la igualdad) es incongruente con una propuesta por la dignidad de la diferencia y por la validación de la disidencia.

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1 Guasch, Óscar (2010) Los hombres y los retos de género para el siglo XXI, Actes de Congènere: la representació de gènere a la publicitat del segle XXI (página 1)
2 Jociles Rubio, Ma Jose (2001) El estudio sobre las masculinidades. Panorámica general, Gazeta de Antropología, n.17, art.27, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid, España
3 Minello Martini, Nelson (2002) Los estudios de masculinidad, Estudios Sociológicos, n.003, v.XX, pp.715-732, Distrito Federal, México
4 Salas C., José Manuel (¿año?) La mentira en la construcción de la masculinidad, Ensayo.
5 Guasch, Óscar (2010) Los hombres y los retos de género para el siglo XXI, Actes de Congènere: la representació de gènere a la publicitat del segle XXI
6 Hernández, Oscar M. (2007) Estudios sobre masculinidades. Aportes desde Amérlica Latina, Revista de Antropología Experimental n.7, pp.153-160, Universidad de Jaén, España
7 Fernandez-Llebrez, Fernando (2005) Masculinidades y violencia de género ¿Por qué algunos hombres maltratan a sus parejas (mujeres)?, Ensayo, Universidad de Granada, España
8 Citar a Foucault
9 Olavarría A., J. (2001) ¿Hombres a la deriva? Poder, trabajo y sexo, Editorial FLACSO, 140p.
10 Hernández, Oscar M. (2007) Estudios sobre masculinidades. Aportes desde Amérlica Latina, Revista de Antropología Experimental n.7, pp.153-160, Universidad de Jaén, España

octubre 15, 2012

Sistema Sexo/Género: De la Academia a la Política


Columna para InTheClub.cl



Hace ya varias décadas, las feministas comienzan a generar material académico de suma importancia tanto para movimientos sociales como para todo un ámbito nuevo en disciplinas como la sociología, la psicología y la antropología. En general, los estudios feministas promueven un estilo de investigación que se aleja del clásico enfoque en donde el investigador o investigadora es un ente que no participa en su entorno, que se abstrae. Es así que entender los devenires políticos de la investigación social es un punto fuerte en su legado. Pero, ¿cómo podemos sumarnos a la transformación social desde los estudios de género actuales?


Desde hace ya tres décadas que los estudios sobre masculinidad (los Men’s Studies) se preocupan de la categoría sociosexual llamada “hombre”, ya que se entiende que cuestionar el papel, la posición, la realidad de la mujer es un esfuerzo incompleto si no se tiene en cuenta aquello que permite la existencia de esa otra categoría.

Entender qué es una mujer pareciera ser menos complejo a lo largo de las culturas humanas, ya que su cristalización vendría dada por elementos que se corresponden con procesos naturales. En general se ha considerado que las mujeres están ligadas a la tierra, a la luna, a los mares y otros elementos naturales. Son manipuladoras de energías, curanderas, machis, sacerdotisas, brujas, prostitutas. Siempre poseen los secretos que aquellos, los hombres, no comprenden. Dan vida, contienen vida. Construir el concepto “mujer” finalmente viene a ser una homologación entre la madre tierra y la madre humana.
Siguiendo esta idea, la conceptualización de aquello que no es “mujer” aparece como una construcción más compleja. Ser hombre es no ser mujer, primero que nada. Sería entonces el pene una de las primeras diferencias (y por tanto la más sagrada y difundida) que habría entre mujeres y hombres. Se erigirían monumentales falos destacando y recalcando esta importante diferencia. Hemos de recordar que todos quienes tenemos penes no somos mujeres, y más aún: Somos hombres.

Pero, ¿y luego qué? ¿qué otra cosa nos identifica? Pues que no somos niños. 

Una parte importante de la identidad masculina, hasta hoy en día, consiste en asegurar y afirmar y reafirmar (proceso que nunca acaba) nuestra calidad de hombres. Hemos de demostrar que no somos niños, ya que la cercanía que los niños suelen tener con las madres (sobretodo por la dependencia biológica a temprana edad) los hace una extensión de la feminidad, de la mujer. Hay muchas culturas en que los ritos para convertirse en hombre, ser parte del grupo, requieren de una separación absoluta y prolongada del lado de la madre. Un hombre se hace, y se hace por medio de la socialización con otros hombres. Actualmente los límites de estos ritos son más difusos, pero los autitos, el fútbol y las actividades riesgosas aparecen como principales actividades masculinas. Te definen como hombre, te construyen y te hacen parte del clan.

Como tercer elemento constituyente de la masculinidad, digamos, básica, tenemos que un hombre es heterosexual. Si no se es, al menos, calificas como un hombre incompleto. Digo al menos porque muchas veces simplemente no eres hombre; pero suele decirse que los no-heterosexuales, y sobretodo los homosexuales son “menos hombrecitos”. No creo que haya necesidad de ahondar en este punto.

Así, la construcción de la masculinidad, el proceso en el cual un humano se vuelve un hombre, es un fenómeno complejo y lleno de significaciones.
Nuestra pregunta era cómo generar cambios desde los estudios de género.

Primero que nada, el estudio de la masculinidad (las masculinidades, como la corriente latinoamericana afirma) debe inscribirse en los estudios de género ya que entender esto es entender que la categoría “hombre”/”masculinidad” se construye en relación a la de “mujer”/”feminidad”. Esta polarización es importante y hemos de tenerla en cuenta, ya que desde la investigación social se suele reforzar la idea de que las sexualidades son un binomio, y que todo tiende a ello. Desde aquí es que el modelo heteronormativo de la sexualidad entiende que en las parejas homosexuales, por ejemplo, se repiten los patrones y hay un rol “masculino” y uno “femenino”: Uno hace de hombre y otro de mujer. Si fuese así, es urgentemente necesario ahondar en la figura del “versátil” en términos de su construcción conceptual, de su valor como rol, dónde aparece, en qué consiste, etc.
A primera vista, el versátil vendría a romper con este modelo y propondría una nueva forma de relacionarse con el género. Sería arriesgado decir que rompe con esta idea, ya que o bien se juegan los dos roles, o los roles se dislocan hasta dejar de existir, pero bien podría convertirse en hipótesis de trabajo.

Por otro lado, los Men’s Studies concentraron su investigación en encontrar “la masculinidad”, idea que es superada por la proposición latinoamericana de “las masculinidades”, dejando claro que la expresión concreta de “la masculinidad” encuentra ribetes complejos y que no existe una forma de practicar la masculinidad sino que habrían muchas y estarían en tensión. Así, junto a masculinidad hegemónica (aquella forma de ser hombre que es la “ideal”), conviven distintos tipos de masculinidades: Unas alternas, otras marginales.
Con esto en mente, podemos cuestionarnos por la temporalidad de esta masculinidad hegemónica (que tampoco sería una, ya que dependiendo del contexto sociogeográfico su expresión cambiaría, existiendo varias masculinidades hegemónicas), ya que la aparición de la figura del homosexual genera remezones en el modelo, generando mutaciones como los “metrosexuales”, o los “nuevos hombres”, o “hombres en crisis”, etc.

Son los elementos teóricos los que dan luces sobre la realidad cotidiana, ya que muchas veces vivimos sin cuestionar estructuras tan alienantes como el sistema de género.
Para mi es necesario un cambio en cómo vivimos el sexo y la sexualidad. Es necesario dejar de vernos con un lente que diferencia y comenzar a encontrar las similitudes, ya que nos unen tanto en la cama como en la calle, porque –y como en mi columna anterior puntualizé: Es necesario vincular las luchas. No podemos dejar de entender el sistema opresor de género en su relación con un sistema económico que se aprovecha de nuestra supuesta diferencia cultural en base al sexo para ofrecer identidades que sirven sólo para atraer más consumidores; no podemos dejar de entender la relación que existe con el sistema educativo, que nos prepara para tareas distintas y nos entrega capacidades disímiles para que, al final del día, terminemos encajando exacta y precisamente en donde “tenemos” que calzar.

De esta forma vamos redescubriendo a nivel práctico, nuevos elementos que reconfiguran nuestras concepciones de la sexualidad. Trabajar desde la teoría de género abre nuevas posibilidades tanto en términos académicos como en términos políticos. Deconstruir el género por medio del estudio científico es imprescindible y constituye una herramienta que se conjuga con la propuesta cotidiana tanto en la performance política como en la práctica individual de la libertad sexual.

Y es que el giro político que, en lo personal, me mueve siempre persigue la libertad y el sano fluir del deseo. Entender que patrones rígidos no existen per se, que de una u otra manera todos y todas nos alejamos más o menos de los modelos de “feminidad” y “masculinidad” (incluso hoy por hoy, que ya los modelos mismos se han alejado de los modelos de unas décadas atrás) y que somos nosotros mismos quienes construimos prisiones cuando levantamos la bandera de la moral para defender ese mismo –a veces– incuestionable orden, nos lleva a encarcelarnos solos y solas y a dañar el libre y natural fluir de un impulso que podría ser uno de los motores de nuestras decisiones, como diría Freud (y eso que no soy muy fan).

Your ass is political –Pansy Division

octubre 04, 2012

Exorcismo: Crónicas de un amor añejo


Hay una historia que me gustaría compartir no por su hermosura ni por su idoneidad. Esta historia no tiene ni un final feliz ni grandes eventos. Es el amor pueril que no me ha dejado de perseguir y que, por fin, puedo sacudirme.



LA VIEJA HISTORIA

Es así, vieja. Es añeja, y lamentablemente fue la mejor época. No me aferro a ella, aprendí a no hacerlo, porque quien eras, quien conocí no es el que eres hoy. De hecho no tengo idea de quién eres, qué quieres, qué necesitas. No tengo idea y la verdad me interesa poco. has pasado de ser un bello recuerdo a ser un sabor amargo, ausente. Y estoy bien con ello.

Es gracioso, pero la virtualidad dio paso a una experiencia inolvidable para mi. La hermosura de descubrir que, a varios kilómetros de mi pantalla, otra persona podía hacerme sentir amado era increíble. Me enamoré. Sería ridículo admitir lo contrario, porque estuve obsesionado, desesperado. La costumbre de esperarte se había hecho rito, y no pasaba un día sin pensar en besarte, tocarte, contarte todo al oído. No había cosa que no me gustara de ti. Sentía que conectábamos en todo, que nuestras noches eran las más especiales. No me importaba cuantas personas estuviesen siendo felices en ese momento, porque dificilmente podrían haberse sentido como yo me sentía: Por unas cuantas horas, en el silencio de mi casa, me sentí pleno.
El temita de la virtualidad hacía todo más romántico, porque al no conocer tu cuerpo, no haberte escuchado, no haber compartido una tarde de la mano, o simplemente mirando el atardecer, terminaba por hacerme pensar que lo que sentía era incuestionablemente puro y verdadero. Me estaba enamorando de lo que pensabas, de lo que decías, de nuestros acuerdos, peleas, de todo aquello que expele el espíritu. Era algo distinto, definitivamente.
No fueron pocas las veces que pensamos separarnos, que la distancia nos haría daño... Fuimos tontos, ingenuos. Eramos pequeños.

Las noches siempre eran nuestras. No exagero cuando digo que teníamos hambre de nosotros. Esas varias veces que pensamos en dejarnos respondían principalmente a nuestro altruismo, a nuestro irrefrenable impulso por hacer feliz al otro, por no dañarnos. Al menos ese era el motor de mis intentos por alejarte, por empujarte a dejarme. Ya lo he dicho: Fuimos tontos.

Entre altos y bajos, entre tiempos intempestuosos, entre silencios y discusiones largas estuvimos un año entero. Nuestra historia está empañada de silencios. Que cómico.
Luego de ese año yo decidí que era tiempo de poner todo de mi por esto que yo consideraba lo mejor que me había pasado en la vida. Estaba dispuesto a perseguir mi sueño, mi pesadilla, mi insomnio y mi ansiedad. ¡Era tan ciego! Tan infante para conducirme... Era dificil encontrar algo que me detuviera si pasaba mis días pensándote, imaginando que compartíamos una cotidianidad de exquisiteces. Me la pasaba hablando con un fantasma, ideando la manera de contarte mi día apoyado en tu hombro. Me levantaba y me dormía dándole vueltas a la situación, recorriendo tu cara que sólo existía en imágenes en mi escritorio.

No creo que lo sepas, pero fuiste la gran razón de mi esfuerzo al final de mis días de estudiante secundario. Te quería cerca con tantas ganas...

Fue con todo esto que, en medio de un Octubre no aguanté más y decidí viajar a verte. Mi excusa era una gran pelea con mi padre -una de tantas, por lo que sin preguntarle a nadie corrí a Santiago. Corrí, escapé, no miré hacia atrás y comenzé a perseguir un futuro en donde estuvieras tu, conmigo. Nunca me arrepentiré de haber visitado ese universo en donde todo fue perfecto, porque esas, las horas más hermosas de mi vida, se han convertido en la vara que mide mi felicidad. Recordarlo no se me hará dificil jamás, porque llevo marcado en mi cuerpo las escenas de esa noche. Esa exquisita noche contigo. Esa fatídica primera noche contigo...

UN VIAJE A MARTE QUE NUNCA SUCEDIÓ

Entre promesas de amor y mails rebosantes de ternura, de energía, de burbujeantes deseos y ansiedades mis planes fueron decayendo. Era un niño y no entendía de muchas cosas. Cegado, como he dicho, perseguía una realidad dando pasos demasiado amplios para mi corta estatura. Por lo demás creo que nunca entendiste todo el esfuerzo que hice, todo lo que me desgasté tratando de alcanzarte, todas las veces que tuve que intentar acostumbrarme a la idea de dejar a mis amigos, a mi familia... Todo lo que conocía era el precio que, sin dudar, estaba dispuesto a pagar. ¡Que tonto era!

Llegaba Diciembre y las postulaciones estaban dándonos la cara. Y decidí viajar, otra vez. Viajar a conocer mis resultados, viajar a conocer que deparaban esos números para nosotros. Apenas los tuve ya sabía que había tropezado, que no había otra manera. Respiré y me dispuse a verte, a contarte que mi vida seguiría en Concepción. Fue una triste sorpresa saber, ese día, que estabas pensando en alejarte más. Sería un agrado saber, más adelante, que no lo harías.

Mis planes, a pesar de todo, no cambiaban. Romántica y estúpidamente pensaba que mi destino eras tú

Lo que había parecido una estrategia concreta se esfumaba, se alejaba; y mi viaje se convertía en una visita, un destello, un pestañazo. Recorrimos algunas calles y dimos vuelta la incómoda situación de sabernos en el fin. Fue el “adiós” más alienado que pudo existir. Entre risas, bromas, y la búsqueda de un regalo material inexistente, todo parecía ser perfecto. Hasta creo que lo fue.
De lo que estoy completamente seguro es que tus lágrimas y tu adiós silencioso, tu mirada cuando bajaba hacia el metro serán momentos que me conmoverán toda mi vida. Te amaba.

Terminé estudiando lo que amo en una escuela llena de luces que marcaron mi existir y me ayudaron a perseguir el conocimiento que necesité. Mi vida, mi crecimiento no se detuvo por ti, pero tengo claro hoy que estuve en stand-by, cual artefacto electrónico.

Y NOS ME VOLVIÓ A PASAR

Pasaron años e intentamos ser amigos: No funcionó.

Mi vida continuó y aprendí mucho de mi mismo. Pero...

... Más rápido de lo que pensé se acababa la Universidad para mi y mágicamente mis deseos de arrancar, de volar, de irme del nido me perseguían -otra vez.

Fue el verano pasado cuando terminé trabajando, ensimismado en mis deberes. Quería comenzar lejos, otra vez, todo de nuevo, arrancar y allí estuve, en Santiago, donde siempre quise estar. Solo. Al fin mi espacio, al fin mi vida, mis códigos, mis leyes. Al fin dependía de mi lo que pasara conmigo. Al fin tenía tiempo para pensar-te... ¿A cuántos pasos estaría de ti? 

No perdí la oportunidad de avisarte que venía, de contarte que al fin no habían barreras... 

Tu mail apareció mágicamente, así, sin avisar. Realmente sentí que algo de otro mundo estaba brillando sobre nosotros, y mi amor, que nunca se había muerto, volvió a despertar, y volvieron mis piernas a temblar... Y es que aún hoy no entiendes lo que provocabas en mi.

Fuiste lo primero a lo que até mi llegada, pues minutos antes de verte soltaba lo último que quedaba de Concepción en mi. Y ahí estabas tú: Nervioso, ansioso, con cuántas expectativas... Hermoso como siempre. El sol se posaba en tu cabeza, y por medio de tus ojos entrecerrados podía recordar todo e imaginar lo que vendría. Mi corazón quería salirse de mi cuerpo, mi cuerpo entero fundirse con el tuyo... Habían tantas posibilidades...

CAÍDA LIBRE

Unos besos, unas caricias, un atisbo de intimidad y luego un silencio ensordecedor. Y no entiendo nada. Pasé semanas tratando de entender, buscándo una respuesta... Esperando una. Nunca llegaba, y decidí tomar las riendas y preguntar... Y nada.

No creo que entiendas. No creo que te imagines. Espero que no lo hagas, pues si tienes todo claro y lo has hecho a propósito no hay explicación que valga; porque fuiste cruel al desaparecer. Porque has sido ambiguo al dedicar un par de palabras a la semana. Porque me has tenido en tu mano y me has dejado caer como si realmente los besos, las caricias, el tiempo y las risas no hubieran sucedido. Como si no hubiera significado nada. Como si tu cuerpo no hubiese respondido el llamado del mio esas varias noches. Como si, lisa y llanamente, yo no te importara. Por eso cruel, por eso injusto.

No hay nada que explicar, decías, y yo ahí atónito.

Ya ha pasado tiempo y hace rato decidí descolgarme de ti. No tienes idea de lo lejos que estoy de la persona que te amaba incondicionalmente, porque si me encontré una y otra vez contigo en mi vida fue para aprender una lección: No merezco nada menos de lo que quiero, y no quiero a alguien como tú ni entre mis sábanas ni entre mis latidos.

Tampoco creo que merezcas más que ésto: Un homenaje a todo eso que nunca fuiste.

Ya no te quiero a ti, porque yo no huyo al primer conflicto. Porque quise una vida contigo y tú la rechazaste. Porque tu silencio nunca me hizo bien, y quien no me hace bien no merece estar conmigo.

Si. Tuvimos todas las herramientas, tuvimos todo a nuestra disposición, y perdimos. Tuvimos todo lo que necesitábamos, pero escapaste. Te perdiste, y yo cometí el error de esperar. Pero ya no lo hago, y quizás encuentre a alguien por quien quiera darlo todo. Puede que ese alguien me motive a querer más, a saber más, a conocer más. Puede que ese alguien me haga reir, me haga pensar, me escuche con atención y comparta mis deseos. Puede que lo intente, que me atrape, que al mirarme me haga sentir pleno, completo, especial. Todo puede ser, y no sé qué tanto pueda serlo, pero sí se una cosa: Le cierro la puerta a Nueva York, y tomo el primer tren lejos de aquí; porque fuera de aquel portón me encontré en una Alameda gigantezca, que dejó pequeño a ese callejón.

Esa Alameda es mi vida, mi futuro.
Tú eres todo lo que he sido y que ya no quiero ser.

octubre 01, 2012

XIV Marcha por la Diversidad Sexual: Algo está cambiando


Columna para InTheClub.cl



El 29 de Septiembre del presente año se dio vida a la XIV Marcha por la Diversidad Sexual en Chile, y en general sus distintas manifestaciones responden a un despertar tímido, pero sólido en la población. Visualizar las opresiones de las que somos víctimas cotidianamente y generar propuestas e invlucrarse en ellas se ha convertido en la tónica de los movimientos -entendiendolos como flujo de energías- de la sociedad civil, y con ello ha comenzado un levantamiento masivo de exigencias legitimadas en tanto surgen de pobladores, trabajadoras y estudiantes, gente común y corriente que ha empezado a tomar cartas en un sistema político del que fuimos excluidos a punta de falsas promesas. Es éste el carácter que hoy toma la Marcha por la Diversidad Sexual en Chile.

Luego de un año intenso en términos de movilizaciones, el 2012 empezó tímidamente. Todos esperaban un gran levantamiento estudiantil, el contragolpe o la continuación. Si bien los secundarios han tomado protagonismo, es cuestionable el rumbo que se le está dando al movimiento, principalmente porque hay dos claras y diferentes formas de abordarlo: Los llamados al diálogo y las acciones directas. Los emplazamientos desde la CONFECH han bajado de tono, mientras que los liceos se toman establecimientos y amenazan con funas.

Como sea, el Movimiento Estudiantil se logró instalar y las problemáticas planteadas generaron un remecimiento a nivel nacional de conciencias al cuestionar no sólo el sistema educacional, sino el económico y político. Fue un sacudón que terminó por devolverle el pensamiento crítico y las ganas de generar cosas a muchos y muchas. A pesar de los intentos por despolitizar, la discusión es totalmente política y eso es un legado fuerte y considerable.

Ese mismo espíritu ha permeado al fin otros levantamientos. Con más o menos intensidad, las problemáticas cotidianas se vinculan con el modelo de organización que tiene Chile y, lo que remata todo el proceso, es que el gobierno de Sebastián Piñera ha defraudado a muchos y muchas, incluso votantes y simpatizantes de su proyecto. De esta manera, valores como la autogestión, la legitimación de la diversidad y de las acciones directas, el griterío en la calle y la defensa de los derechos fundamentales ha llegado a implantarse en el discurso por las libertades sexuales.

Desde principios de año, principalmente con la muerte de Daniel Zamudio, las organizaciones de la diversidad sexual han tenido un escenario político altamente favorable. Es lamentable la similitud con un desierto florido, ya que este triste acontecimiento conmovió al país entero, a pesar de que los crímenes contra la diferencia son constantes.
Como sea que haya sido, Chile entero necesitó sentirse más tranquilo con el tema, por lo que desde todos los sectores posibles se escuchó el reclamo por la inexistencia de una ley que protegiera a los y las jóvenes de nuestro país y por la nula voluntad política de trabajar un proyecto que dormía hace 7 años en el congreso. Fue así que el Estado se preocupó de sacar rápidamente el texto, de cubrir con prontitud la necesidad y, no importando la calidad de la ley, propagandearse una vez más con un trabajo a medias. El resultado es una vergüenza que le permite al organismo central jactarse de su respeto a los valores de la diversidad, cuando en realidad es un avance demasiado modesto como para celebrarlo. De hecho, aunque responde más a un efecto mediático y a una estrategia periodística que a la realidad concreta, los crímenes violentos contra la población no-heterosexual parecieran haber aumentado y la ley Antidiscriminación llega tarde, repone, no previene.

Con el tema en el tapete, este año se realizaron dos eventos públicos que buscaban agilizar la discusión en torno a las distintas demandas de las organizaciones sociales por reconocimiento ante la ley del amor en todos sus términos y la protección de la vida de los heterodoxos sexuales: El 19 de mayo se realiza la primera marcha conmemorando el Día Internacional Contra la homo-lesbo-trans-fobia y el 28 de Junio prescenciamos la Marcha del Orgullo Gay. Sumada a la Marcha por la Diversidad Sexual, son tres eventos en un año, record histórico en Chile que viene a sentenciar la politización de los movimientos ciudadanos por las libertades sexuales.

A nivel internacional se viene dando un proceso intenso de politización de los movimientos sociales, de una vinculación de luchas. Entender que el modelo educacional está vinculado con el modelo económico, que está vinculado con el modelo político que está vinculado con el modelo de democracia que está vinculado con el modelo de sexualidad es un avance deslumbrante y ha alcanzado las conciencias de quienes salieron este sábado en Santiago y en Concepción, días antes en otros lugares del país como Iquique, Antofagasta y Valdivia.

Menos fiesta y más protesta es una frase acuñada en España por los colectivos pro-diversidad sexual, y es cosa de leer las pancartas y los panfletos que se levantaron este 29. Se ha producido un despertar y se está persiguiendo una conexión que se había olvidado. Ya no somos gays, bisexuales, lesbianas, trans marchando, sino que somos trabajadores, estudiantes, pobladoras... Al mismo tiempo se divisan candidaturas a cargos políticos por parte de personas abiertamente no-heterosexuales, estrategia que me parece positiva pero que considero no suficiente como para ser el sustento único de una campaña. Pero al menos demuestra que algo está cambiando.

Entender que el cómo construimos nuestras relaciones, el como funciona nuestra domesticidad, el como vivimos nuestra relación de pareja, como nos referimos a nuestra sexualidad y lo que hacemos con las posibilidades de organización en los espacios de los que disponemos, es político. Todo lo que hacemos, decimos, creamos, desechamos y vivimos lo es. Tanto el trabajo macropolítico como el micropolítico son indispensables para el cambio social.

Estos elementos están entrando de a poco a un colectivo que sólo reivindicaba el derecho a festejar, a tener un espacio para hacerlo o a vestirse de forma estrafalaria, y que no se relacionaba con otras esferas de la sociedad. Este sábado la manifestación no fue una fiesta, fue una protesta y, a mi modo de ver las cosas, es un gran paso que hay que celebrar.

Hoy no estamos esperando escuchar a los políticos: Queremos que nos escuchen. Queda una ley de identidad de género; un protocolo de atención más humano para las personas trans; la conagración de la igualdad en los libros de derecho; una educación gratuida, de calidad, estatal, laica y no sexista; la renacionalización de los recursos naturales, una ley de protección animal madura y una asamblea constituyente, entre muchas otras cosas.

Nos queda un país que construir, pero la fuerza está y tiene color de arcoiris.

septiembre 27, 2012

Lady Gaga: transacción de identidades en la sociedad actual [extracto]

(Extracto)

2. El capitalismo tardío: la música como bien de consumo y la aparición histórica del pop.
Al hacer una visión retrospectiva en términos musicales, nos enfrentamos al hecho de que cada una de las últimas décadas lleva consigo una etiqueta, un estilo que predominó durante cada decenio. Sin embargo, la música no sólo varió en sus estilos y ritmos con el pasar de los años, su función principal de entretención y reunión poco a poco fue avasallada por un nuevo objetivo: ser un bien de consumo y una gran fuente de obtención de riquezas, en tanto fuese exitosa.

Theodor Adorno (1941) vislumbra este antes y después de la música, dividiéndola tajantemente (y arbitrariamente) en dos estilos: la música seria y la música popular. En su opinión, lo que separa a estos dos tipos de música es lo que él denomina estandarización. Cada hit musical está también estandarizado, “no sólo los tipos de baile (…), sino también los ‘personajes’, como canciones dedicadas a la madre, canciones sobre el hogar, canciones sin sentido o canciones de “novela”, rimas pseudo – infantiles, lamentos por una mujer perdida” (Adorno, 194:[3]).

La posibilidad de que ciertos estilos de música y ciertos artistas en particular lograran el éxito dependía totalmente de la cantidad de seguidores que acarrearan consigo. En la interpretación de Adorno, aquellas canciones que eran más cercanas a la cotidianeidad de las personas eran más exitosas. Es indiscutible que la música no sólo representa el discurso de quien canta, ni siquiera alcanza para ser sólo la expresión de un temperamento, sino más bien es la expresión de una sociedad o al menos de una parte de ella.
Evidentemente, tras la música popular estandarizada de la que nos habla Adorno, subyace una ideología. La metamorfosis de la música hacia un bien de consumo no fue un accidente. Con la caída del muro de Berlín y la imposición de un modelo económico global, el capitalismo terminó por imponerse en todos los ámbitos de la vida de las personas. La Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt llamará este período como “capitalismo tardío”. Por supuesto, el arte y con este la música, no fueron la excepción:

“Si antes el arte respondía a una representación (…) ahora pasa a ser un medio invadido por la racionalidad instrumental que lo cosifica: hay un intento deliberado de la industria cultural de evitar el momento arcaico en el arte, reemplazando procesos artesanales por procesos de pura racionalidad instrumental que convertirían al arte en mera mercancía”.
(Moench, 2011:4)
Una ideología que prefiere el silencio y llenar los espacios para la reflexión, es capaz de fabricar un arte que ya no es posible desde la imaginación propia del artista: el arte se establece como una “producción para otros”, se inserta en el mercado y se masifica. En el contexto de un arte producido en masa y bajo la lógica del mercado, la música deja de ser sencillamente una entretención y se instala detrás de una vitrina, se impone sobre grandes pancartas propagandísticas, en la televisión, en la radio, en centros comerciales, en supermercados y también de grandes empresas. La única posibilidad de acceder a la música es a través del consumo.
Ahora bien, en el devenir de la economía mundial hacia su globalización, donde la transacción de mercancías es cada vez más compleja, que prescinde de fronteras territoriales, ¿cómo es que la música llega a convertirse en producto? Como todo producto, la música se vuelve muchas veces desechable, y entra en el juego de tendencias y recambio con el paso de los años. Los grandes sellos discográficos se proponen representar a sus consumidores, vale decir, la música logra ser un bien abstracto de consumo, donde lo que se consume es la identidad.
Es así como nos aproximamos netamente al fenómeno de la música pop: la figura del artista deja de ser la de un mero ejecutor de notas musicales (incluso muchas veces su trabajo como intérprete es muy pequeño), y pasa a ser fundamental la explotación, por todos los medios, de una imagen para generar íconos que representen a los consumidores en un mundo de consumo generalizado. De esta manera, el grupo musical o el solista pasa a ser significante, en el mundo pop, de marcas de ropa, perfumes, de autos, etc. De esta manera, el ciclo está completo y una vez que la figura se desgasta, está lista para ser desechada.
Por ende, cabe preguntarse cómo es posible que la música pop le haga honor a su nombre y se masifique tan rápidamente. Podríamos pensar que basta con una cara bonita, un buen cuerpo, una buena puesta en escena y un estilo impecable para hacer gritar a las masas. Sin embargo, la década de los ‘90 estuvo marcada por un desinterés colectivo, una sociedad herida por la Guerra Fría y las dictaduras en Latinoamérica, una juventud en el limbo. Aparece entonces el Grunge, que llena esos inexplicables vacíos, los jóvenes se identifican con el aspecto roñoso y depresivo de Kurt Cobain y la desesperanza de un mundo que no pretende cambiar.
El caso de Lady Gaga, en particular, es bastante interesante: su puesta en escena, su extravagancia y su estilo son perfectos para una sociedad que despertó y que pide a gritos abrir las puertas a la diversidad. Además, corrobora esta idea de una producción de arte para “otros”, como así también el uso de la música como un bien comercializable además de exitoso, en tanto incorpora elementos con los que las personas pueden identificarse.
3. Consecuencias sociales del capitalismo tardío: Caracterización de la sociedad posmoderna

La posmodernidad se articula desde una modernidad que se auto-observa, que se sabe modernidad y que se cuestiona a sí misma. Es en éste análisis en el que la modernidad queda atrás y al mismo tiempo se supera: Sus intenciones (la iluminación, la cientificidad, la rigurosidad, la objetividad, etc.) quedan totalmente resquebrajadas para dar paso a lo que “realmente” sucede, lo cual es, en general, una consecuencia no prevista del esmero moderno de conocerlo y clasificarlo todo para poder entender, definir y conceptualizar la realidad social inalterable e independiente de los actores y actoras sociales. Es así que la posmodernidad se convierte en un “modernismo liberado de la falsa conciencia (...) un tipo nuevo de condición social que destaca por su manifiesta institucionalización de aquellas particularidades que la modernidad intentaba eliminar de sus proyectos (...)” (Bauman, Z., 1996:82). ¿Cuáles son esas particularidades?. Pues el pluralismo, la diversidad, la casualidad, las ambivalencias, lo ambiguo, etc. Hoy en día las significaciones modernas han mutado, se han cuestionado instituciones apernadas por siglos en la estructura social, se han desintegrado las polarizaciones ideológicas, desconocido clases sociales, y un sin fín de fenómenos que la modernidad no contempló en su intento por perseguir el universalismo, la unidad y la claridad.

Es a raíz de esas diferencias que la posmodernidad deviene eminentemente relativista. No existe un principio unificador de la sociedad, pues los grandes esquemas no han resultado nada satisfactorios, sino que han terminado siendo motor de guerras y polarizaciones políticas. En el ámbito musical no es muy diferente, dando paso a distintos tipos de estilos e interpretes fugaces, de fama pasajera. Como se ha dicho anteriormente, la aparición de la industria musical aprovecha cada recoveco para convertirlos en una oferta, en una transacción. Es este propósito el que construye formas, patrones, signos y símbolos recurrentes en la escena musical actual, recurriendo a estrategias que algunos autores han conceptualizado pertinentemente. A lo largo de su obra, Baudrillard, utiliza el concepto de simulacro artístico para referirse a la producción estética que caracteriza al arte actual, concepto que remite al proceso de creación de una obra que recurre a un conglomerado de saberes técnicos que permiten su reproducción en masa. Un ejemplo de esto pueden ser las “32 latas de Sopa Campbell” de Andy Warhol.

Este fenómeno tendría tres etapas, las que se articularían como tal desde la ilustación moderna hasta nuestros días, la cuales son:

  1. Falsificación: Simplemente se copia, lo más fidedignamente posible, a la naturaleza. Se pretende imitar, reconstruir y tener como producto lo que un espejo reflejaría de la realidad.

  1. Producción: “El orden de la falsificación ha sido tomado por el de la producción serial, liberado de cualquier analogía con lo real” (Vaskes, 2008:4). La tecnificación de los procesos de creación da paso a esta etapa.

  1. Simulación: Ya no se toma en cuenta al referente, no existe el relato sobre el origen, la realidad pierde importancia y aparece lo hiperreal.

Sería, entonces, este último tipo de simulacro el que predominaría tanto en la música como en la cultura, encontrando su expresión en la industria del pop mainstream actual, en donde el producto no solo lo constituye la canción, sino también el material visual y las presentaciones (giras, entrevistas, etc.). Hay comités, directores, diseñadores y encargados de vestuario, lo que finalmente termina construyendo una suerte de línea editorial con ciertos códigos que la diferencian de otros productos. Este engendro “artístico” se erige como toda una máquina productora de signos y símbolos, siempre teniendo en cuenta generar una distancia con otros artistas levantando una idiosincracia particular que sólo aplica en el universo que se elabora para el consumo musical: el tour.

Ahora, ¿qué es lo que permite que los artistas actuales sobreexploten las posibilidades visuales y musicales, elaborando así un conglomerado de sensaciones que se consumen con interesante celeridad?. Pues otro concepto de Baudrillad, la hiperrealidad puede explicar esta pregunta, ya que lo real no es lo que alcanzamos a percibir, sino todo lo que podemos imaginar. Lo real ha muerto bajo lo hiperreal, la construcción virtual de un mundo que responde a la imagen, a la televisión, al diario, a la radio. Lo real no es sólo aquello que alcanzamos a percibir, sino aquello de lo que podemos saber, aquello de lo que se habla. Al mismo tiempo, explotar esta condición (el poder mostrarlo) es un recurso estético que caracteriza a la era posmoderna, ya que en un mundo lleno de rapidez, de acelerada urgencia como es el mundo capitalista de los años 2000, lo que queda en la retina no es la profundidad de las letras, sino lo pegajoso de las canciones o lo estrafalario de los videos. Más aún, algunos artistas optan por vivir siendo un personaje. Y es que por mucho que los estudios sobre el arte arrojen conclusiones del tipo “para comprender es necesario un alto capital cultural, pues a diferencia del simple goce, entender es tal o cual cosa”, el objetivo del pop mainstream es simplemente estimular los sentidos. No hay coherencia en su discurso, porque su discurso es simplemente “lo posible”. Si es posible y llamativo, se imprime. Si no lo es, resulta poco atractivo, por tanto no se ejecuta.

Luego, si la música se ha transformado en un bien de consumo abstracto y la globalización, internet, la industria discográfica y el nuevo espíritu posmoderno han sido partícipes del proceso que ha vivido la música en este último siglo, ¿qué es lo que la constituye como bien transable? ¿son sólo sus ritmos, acordes y letras, videos, posters y entrevistas lo que llama la atención? ¿qué es lo que hace perdurar a la música pop, y en específico a Lady Gaga, como una de las más grandes vendedoras actualmente?

4. Transacción de identidades y pertenencias
La aparición de las boy bands, a finales de la década de los ‘90 y el nacimiento de un sinnúmero de solistas femeninas como Britney Spears o Christina Aguilera, ofrecen una alternativa al suicidio de Kurt Cobain y a la autoflagelación histórica del Grunge, para dar paso al festejo de todos los nuevos elementos que nos ofrece la sociedad del consumo, siendo la negociación de identidades una de las alternativas más tentadoras para los jóvenes de los noventas.

Las productoras, sellos discográficos y disqueras, ponen sus ojos en la juventud, precisamente porque son ellos quienes se encuentran en una ansiosa búsqueda de elementos identitarios que les permitan definirse en el camino por alcanzar la adultez. María del Carmen Fernández (2006) grafica bien esta idea, mencionando que son jóvenes los principales consumidores de música:

“(...) [Los jóvenes] están todavía formándose en sus valores y pueden ser muy influenciados por los mensajes de las canciones (...), estos fenómenos no son ignorados por las compañías discográficas que aprovechan la vulnerabilidad de los adolescentes, creando ídolos, formas de vida, ideales (...)”
(Fernández, 2006:5)

Además de una imagen, existe también una idea tras las figuras de la música pop, una idea que se sostiene de diversas características que forman el personaje completo tras las estrellas musicales: El aspecto virginal y a la vez coqueto de las solistas femeninas menores de edad se convierte en el motor de su propaganda, para luego, con la mayoría de edad, mutar hacia la sensualidad, rebelándose al panorama anterior y proyectando su influencia en el tiempo.

Con el pop y la masficación de los estilos como el grunge, el punk, etc., lo que sucede es que se construyen identidades, las cuales son un bien de consumo abstracto. Así, diez años después de Britney, lo que se consume (y compulsivamente) en Lady Gaga es la posibilidad de identificarse en un mundo -postmoderno- en el que el sincretismo lo es todo y las categorías no son nada, es decir permite el consumo de identidad, en una época de identidad en crisis y ebullición. Así, paradójicamente, las miles de etiquetas que caben en el concepto de Lady Gaga suplen al mismo tiempo la necesidad -en términos de la construcción de identidades en nuestra época y sociedad- de:

1) producir mas identidades, generar espacios para que la gente se identifique con “algo” y
2) al mismo tiempo, ambiguar las identidades o la identidad como necesidad, abriendo espacio a una identidad freak, no categorizada, no definida, no delimitada, difusa en términos sexuales, estéticos, donde se confunde lo bello con lo terrorífico, lo sano con lo enfermo, lo tierno con lo agresivo, etc., donde todo es posible.

¿Qué constituye identidad en la era posmoderna?. Hasta la primera mitad del siglo XIX la identidad estaba ligada más bien a la condición socioeconómica al nacer, ya que existía una estructura social bastante rígida y las creencias y rituales solían ser guardados con ahinco. Pero en la era posmoderna la identidad gira en torno a otros ejes, los cuales tienen más que ver con lo que propone Dunn (1998), pues la sociedad posmoderna construiría identidad a partir de los bienes materiales, productos desechables, imágenes, técnicas, las cuales estarían seleccionadas y descartadas a voluntad dada la vasta oferta de ellas en la cultura del consumismo.

Entonces el producto (según la reflexión anterior) musical y estético de Lady Gaga es, en el fondo, un bien abstracto de consumo (con una altísima demanda), porque juega en doble linea con la necesidad pujante de identidades difusas en un mundo postmoderno colapsado de imágenes, conceptos, formas e información; y, al mismo tiempo, ofrece el efecto tranquilizante de ser un gagaísta ("little monster"), es decir, caer en una categoría o simplemente ser parte de un grupo social. Pero no sólo responde a la lógica posmoderna de atraer público, sino que su encanto radica en que el discurso que ella rescata es un discurso underground, el discurso de los y las rechazadas, los outcast, las underdogs. Estos grupos que hasta ayer eran simplemente marginados, hoy tienen un símbolo patrio que los reúne y les dice “It doesn’t matter, You were born this way”.

(continúa)

-- Referencias

ADORNO, T. (1941). On Popular Music, en Studies in Philosophy and Social Sciences, Vol. IX (New York: Institute of Social Research).

BAUMAN, ZYGMUNT (1996) Teoría sociológica de la posmodernidad, Espiral, vol.2 n.5, pp. 81 - 102, Universidad de Guadalajara, Mexico

BERGER, P. Y LUCKMANN, T (1968) La construcción social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires. Capítulo I, pp. 36-65.

CABELLO, ANTONIO MARIN y HORMIGOS RUIZ, JAIME (2004) El sonido de la cultura posmoderna: Una aproximación desde la sociología, SABERES vol. 2, Universidad Alfonso X El Sabio, Facultad de Estudios Sociales, Villanueva de la Cañada, España

DUNN, ROBERT G. (1998) Identity Crises: A Social Critique of Posmodernity, University of Minessota Press, Minneapolis, USA

FERNÁNDEZ, M. (2006). El papel de la música en la sociedad y en la educación. Revista Digital Investigación y Educación No. 23, Julio.

MOENCH, E. (2011). Música y Sociedad en el Capitalismo Tardío. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas.

ROBLES, F (1999). El sujeto y la cotidianidad. Segundo capítulo: Cuando los sujetos construyen las estructuras. La antigua y la nueva sociología de la comprensión.Edic. Sociedad Hoy.
RODRIGUEZ, M. LUISA (1965). La Sociología de la Música en Max Weber: Aportes para su Difusión. Revista Mexicana de Sociología, Vol. 27, No. 3 (Sep. - Dec., 1965). pp. 841-866.

VASKES SANTCHES, IRINA (2008) La transestética de Baudrillard: Simulacro y arte en la época de simulación total, Estud.filos n.38, Universidad de Antioquia, pp. 197 - 219

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