Pestañas

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enero 05, 2012

La validez de la investigación social antes, durante y después

En general, los tipos de validez están siempre relacionados con la medida que se utilizó para obtener los datos en la investigación. Partiendo de esta idea es que, antes de someter a validación el producto de la investigación, es necesario revisar cada uno de los pasos que se han llevado para producir el conocimiento científico esperado. De hecho una de las ventajas que la validez de los datos construidos asegura, es la reproductibilidad y la falsación del trabajo investigativo, posibilitando la proyección y la superación de productos científicos anteriores.

Si bien puede sonar reiterativo dada las discusiones anteriores, el papel de la bibliografía y del campo son protagónicos en el proceso de validación de una investigación. Si no se conoce en profundidad el terreno y no se ha revisado la literatura existente de forma exhaustiva, la información que se recolecte y los posteriores datos con los que se cuente no serán ni válidos ni confiables, pues puedes estar fuera de foco, desactualizados o incluso el fenómeno mismo puede terminar malinterpretándose. Esto pues medir información que no se observó detenidamente o utilizar conceptos que no se relacionan con el fenómeno encontrado en el campo llevará a elaborar conclusiones que no construirán nuevos nichos investigativos, sino que desembocarán en un callejón que de poco servirá para la comprensión de la sociedad. Si bien se cumpliría con los dos últimos criterios que Barriga y Henríquez (2005) han acuñado para dar cuenta de cómo se construye el conocimiento científico, (la rigurosidad y sistematicidad de las observaciones) sería un traspié en la exposición final del trabajo.

Otra situación en la que la construcción de datos válidos se hace necesaria es a la hora de tomar datos secundarios (descripciones anteriores de fenómenos a los que ya no somos capaces de acceder). Por ejemplo, si necesito hacer una revisión histórica de alguna situación en particular tendré que someter a juicio el trabajo interpretativo de otro autor, paso que por tiempo o confianza no suele hacerse entre los aprendices de sociología. Se ha cuestionado en otras sesiones la excesiva fiabilidad que se tiene para con trabajos anteriores, pero los métodos que se ocuparon para elaborar tales datos y, más aún, las conclusiones que se ocupan es algo que se deja de lado.

Si pretendemos contribuir a la producción científico y al avance del conocimiento humano se nos hace necesario asegurar la validez de lo que estamos construyendo, tanto para entregar un producto bueno como para que este producto realmente sea útil para avanzar en la comprensión de la realidad. De cierta forma, la rigurosidad y la sistematicidad constituyen elementos éticos que todo investigador e investigadora deben aplicar a lo largo de toda su carrera.

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Barriga, O. y Henríquez G. (2005). Repensando el conocimiento y la ciencia para la investigación social del Siglo XXI: algunas reflexiones preliminares. En Cuadernos de Trabajo Social, Nº 1 (pp. 48-54). Concepción, Chile: Universidad San Sebastián, Chile.

diciembre 12, 2011

Cuestionamientos sobre la realidad social

La producción científica está sometida a distintos tipos de en el camino hacia la cientificidad, siendo el escrutinio de la comunidad (científica) el que, en última instancia, valida o no la producción de conocimiento según estándares, convenciones y arbitrariedades. Esto es una realidad poco cuestionable, ya que la comunidad científica -de la que somos parte también los aprendices- dictamina, valida y reproduce los criterios de veracidad y confianza de los trabajos e informes que se publican día a día. Usualmente, estos elementos se convierten en dogmas, los cuales se ven resquebrajados con frecuencia, sobretodo considerando el momento histórico-tecnológico que vivimos, tal como las leyes de la física tambalean al oir de quantums y otras partículas subatómicas.
Lo interesante de esto, desde mi punto de vista, es que esas convenciones que soportan el proceso de cientificidad pretenden ser objetivas, ausentando al mismo investigador del proceso, pretendiendo neutralidad axiológica y acuñando términos como valoración científica en un intento por autoproclamarse como ciencia: Sólo la ciencia puede valorar imparcialmente.

A lo largo de todas las lecturas subrayé incansablemente cada vez que me encontraba con conceptos tales como juicio, valor, conocimiento y realidad. Esto porque me cuestiono profundamente la forma de hacer ciencia que la sociología -entre otras disciplinas- maneja, y esto a raíz de mis cavilaciones respecto de La Realidad. Más bien, de nuestra relación con ella y, por tanto, nuestro acercamiento como científicos (sociales).

¿Es la realidad una 'cosa' independiente de nuestras percepciones? De ser así, nuestros intentos por sistematizar nuestras experiencias (o las de otros individuos) constituirían acercamientos desde distintas perspectivas a una especie de Verdad. Sería un esfuerzo dificilmente útil, ya que nuestras limitaciones humanas en términos de convención dificultan la tarea de caracterizar la completud. Ahora, concientes de nuestras diferentes cualidades perceptivas, ¿existe una Realidad? De ser así, ¿cómo nos acercamos a ella?. A mi juicio, tal como no existe una verdad última, no puede existir una realidad escencial. Lo que percibimos se nos hace presente en la medida en que construimos criterios y explicaciones para fenómenos experienciados en el pasado, considerando la instrucción recibida hasta el momento en que se identifica un fenómeno, lo cual varía de persona en persona, de investigador en investigador. En el cotidiano, esto se expresa en que, por ejemplo, en África ciertas tribus perciben como iguales el verde y el azul pues sus convenciones manejan distintos códigos. Así mismo, la liberación femenina de Oriente no tiene por qué significar la auscencia del velo, ya que enjuiciar su supuesta opresión implica filtrar el fenómeno con un cedazo evidentemente occidental.
Es por lo anterior que la aproximación a 'una' realidad me parece un ideal probablemente utópico. Más bien puedo aventurarme a decir que a lo que podemos aspirar es a dar cuenta de algún atisbo de la fluidez de las regularidades sociales, las cuales pueden permanecer erguidas por cierta cantidad de tiempo, pero cuestionadas y acaso desmanteladas luego. Por tanto estas regularidades quedarían obsoletas, para aparecer otras regularidades de las que volver a dar cuenta en un afán interminable de explicar la incansablemente cambiante contingencia.

Si la realidad última es inexistente, por tanto inalcanzable (o inalcanzable, por tanto inexistente), ¿qué sustenta la cientificidad de la ciencia?. Los tests Popperianos simplemente responden a convencionalidades, construcciones, terminología y conceptos supuestamente objetivos, pero que nacen desde la propia subjetividad de cada integrante de la comunidad científica. Esto no asegura objetividad, solo valida la idea de cientificidad imperante, la cual está sujeta a variación de la misma forma que cualquier otro constructo o criterio que se utiliza en el cotidiano o en contextos más “científicos”.

En última instancia, y siendo completamente atrevido, creo que vale la pena cuestionarse qué fin tiene la ciencia. ¿Es acaso simplemente conocer?, es decir, ¿es la sociedad un recurso para la ciencia? ¿o es la ciencia un recurso de la sociedad?. ¿Para qué se hace ciencia?. Alguien podría decir que el fin último de la ciencia es predecir, persiguiendo una toma de desiciones acertada, pero creo que toda la reflexión en torno a “lo científico” queda grande cuando se plantea aquello como meta. Más parece un intento por convertirnos en dioses que validan ciertas formas de conocer, que simplemente humanos tratando de conocer. Otras formas de aprehender la realidad han quedado excluídas de la ciencia, quedando totalmente relegadas a elementos útiles, supeditados al divino ejercicio científico de la construcción de saberes.

Sin querer ser relativista, creo necesario plantearse las dudas anteriores antes de discutir sobre las arbitrariedades que consideramos pertinentes en el proceso investigativo, y es que a mi parecer, intentar aclarar el motor y la función de la ciencia (social) permite seleccionar de mejor manera el método que utilizaremos al acercarnos a la “realidad social”. La contribución que hagamos a la sociedad dependerá de nuestra propia interpretación de la ciencia y sus objetivos como productora de conocimiento.

septiembre 17, 2011

Sobre las categorías segregacionales en la población

Hoy conocí a un padre, que escuchaba electrónica y carreteaba en rockstar. Me sorprendió pensar que lo único que me hacía cuestionar su sexualidad era su hijo, su anterior conquista, su penetración, dónde la hacía. Creo que esas mezclas posmodernas, donde las clases marxistas se diluyen en algo que realmente nos agrupa de otra forma se hace cada vez más patentes en mi propia realidad, a medida que voy adentrandome en esos recovecos de la sociedad que sólo se viven, no se leen.

Hace un rato pensaba, a raíz de un comentario que hizo un compañero de carrete, que usualmente no alcanzamos a captar diferencias poblacionales que nos son completamente ajenas a nuestra realidad. A la tuya, quizás. Si me estás leyendo será así. Estoy seguro. Nunca había pensado en que lo único que podía dividir un territorio de otro era la espacialidad geográfica, arquitectónica, incluso a nivel de organización social. Hoy acabo de imaginarme una distinta categoría de división: la pertenencia a tal o cual barra.

Nunca había imaginado que en Santa Sabina, una población aledaña a la mia, podría estar tan cruzada por los equipos de fútbol. Me sorprendió, también, que la barra brava cruazara espacios más allá de la cancha, más allá del estadio. En un territorio, en una pobla, el equipo al que pertenezcas demarca tu zona de acción, tu espectro geográfico de movimiento. Insisto, es una categoría de segregación que es olvidada por los investigadores e investigadoras de barras bravas, que limitan su acción a circunstancias, eventualidades y espacialidades más rigidas que algunos militantes clásicos. Más aún, es toda una reflexión que mis vecinos, muchos de mis amigos, compañeros y profesores no hacen.

Quién pensó, aparte de mi, que el fenómeno de las barras bravas se extendía hacia el territorio, en la población, en un pasaje, en una calle. Quién lo pensó, porque yo no. Acabo de descubrir un nicho importantísimo en el trabajo de los antropólogos, sociólogos y periodistas. Incluso de profesores de educación física. Espero lo aprovechen, que es una idea que me parece digna de explotar. No porque sea mia, porque no traigo conmigo el orgullo de sociólogo. Lo aborrezco.

Un abrazo pa todxs, y por favor, sigan mi ejemplo, fumense un porro y tómense un ponche, que reflexiones como ésta sólo se dan en unas fondas, peñas o carretes con un sentido nuevo: la anarkía relacional.

Me detendré.

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