Pestañas

Mostrando las entradas con la etiqueta 14 de febrero. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 14 de febrero. Mostrar todas las entradas

enero 28, 2013

Ayer eran versos, hoy son historias

No le tengo miedo al amor. Nunca le he tenido miedo. Es más, ha sido el motor de mis acciones desde que tengo memoria. Y sí, puedo afirmarlo porque no quiero nunca dejar de sentirme feliz, de encontrar una razón para sonreir todo el tiempo. Así como hay gente que me levanta el ánimo cuando estoy triste, me gusta ser ese que te hace reir a carcajadas con sus estupideces, con la locura de estar vivo. Estoy vivo, me gusta recordármelo constantemente.

Y no se trata de fingir, aunque debo reconocer que lo hago bastante bien: Sé fingir una sonrisa, sé fingir tranquilidad, sé fingir orden y templanza, principalmente porque son elementos que nunca abandono y me es fácil recurrir a ellos cuando lo necesito. Asi como algunos y algunas recurren a la ira y al descontrol, yo prefiero ser el que guarda calma. La vida, mi vida me ha enseñado que a la pasión hay que conducirla, y que bien cuidada da muchas alegrías.

Se trata, más bien, de entender que en general hay cosas que exceden tu control. Y cuesta, porque suele pasar que uno se desespera intentando que las cosas resulten exactamente de la forma en que uno quiere. Pero no, la vida no es tan simple ni tiene los brazos abiertos siempre para todos. Hay veces en que, sin importar si lo mereces o no, la vida te golpea y lo hace duro. La felicidad no es constante, son momentos. Por eso hay que atesorarla y vivirla al máximo, porque, como todo en esta vida, es efímera. Es por eso que hay que aprender a estar bien con el hecho de que a veces las cosas no van a salir como creíamos, y el destino nos torcerá la mano y veremos que en realidad estamos parados dando manotazos en el aire y que el siguiente movimiento no depende de nosotros o, aún peor, que no tenemos idea de a dónde nos llevará a parar el paso que queremos dar. Y nos inmovilizamos.

¿Qué hacer? ¿Qué sigue? Y ahí estamos, sin saberlo. No hay más datos, no hay información por tanto una decisión acertada tiene el mismo chance de suceder que una decisión equivocada. Vamos, digamos algo, hagamos un gesto. ¿Se arriesgan?

Depende.

Y es que siempre la vida nos trae decisiones complejas, porque no vivimos solos y todas nuestras decisiones afectan a quienes nos rodean. Asi que hay que pensar bien, porque si te mueves hacia allá puedes perder a esa persona, herir a esta otra, quedarte solo; y lo mismo hacia acá. Y nos quedamos ahí, de nuevo, inmóviles. Presas de un pánico desolador, donde simplemente no hay señales, y las que hay son interpretadas de la peor forma posible porque no hay información, y pedirla no es una opción. Asi que recurrimos a volvernos, a dejar la decisión para más tarde. Prometemos volver, prometemos no olvidar, prometemos darle vueltas y por fin resolvernos cuando tengamos más claras las cosas. Y para esto desplegamos todas nuestras estrategias, porque a tientas podemos errar. Sólo una luz, un resplandor, quizás un destello.

Y por fin lo vemos. Por un segundo, un atisbo, un relámpago, un haz de luz tan pronto como aparece vuelve a la oscuridad. Así es la vida: Cruel. Porque no nos basta, porque nunca podremos decidir sin declaraciones concretas... ¿Y si fue precisamente aquello? Y viene otro relámpago, y nos desconcierta. Porque -otra cosa que debemos aprender- nada es eterno y nuestro destino cambia de opinión constantemente, o, como prefiero pensar, nuestros actos determinan nuestro devenir y estos siempre son cavilantes, dudosos, llenos de inseguridad. ¿Qué seguridad tendremos sobre el futuro si anoche estuve llorando desconsoladamente y hoy parezco haberlo olvidado todo? Pero es que ¿qué otra cosa se espera de mi? Tengo resiliencia, paciencia, soy obstinado y persigo lo que añoro con todas mis fuerzas, pero a veces no depende de nosotros. Y esos destellos fueron pistas insuficientes, y empezamos a suponer...

Definitivamente, ésta parte, las suposiciones, son la peor parte de nuestro estado. Somos ciegos, ciegas, sin bastón. Y lo terrible es que vamos cegándonos de a poco. Porque aunque lo neguemos, aunque sonriamos, aunque pretendamos estar bien nos carcomen las ganas de saber, de dar el paso que hemos estado demorando por cobardes. Sí. Cobardes. Porque hay que reconocer que el miedo también es parte de nuestra experiencia vital. Y lo digo: Tengo miedo.

Tengo miedo de varias cosas, innumerables, quizás. Pero, y aquí viene la tercera lección de mi vida: Si le temo a la araña, arrancar no la hará desaparecer. Por tanto debo encontrar la forma de enfrentarme a ella y elaborar una estrategia para retirarla del campo de juego. El miedo no nos puede vencer, y es eso lo que nos inmovilizó antes. Hay que arriesgarse, porque de otra forma el arrepentimiento llegará con el tiempo y la pregunta por qué pudo haber pasado nos penará cual fantasma.

Contamos con poca información, contamos con nuestras ganas, contamos con el deseo intempestivo de amar. No necesitamos más. Convencerse de aquello será eternamente dificil.

Asi que aquí estoy, sin un final de película, esperando nada y deseándolo todo. Y no me queda más, porque lo que deseo vive al otro lado del río, y aún no tengo las herramientas para hacerme del puente. Pero lo intento, porque te persigo. Y te tuve, y me tuviste. Y ¡por favor! Si aún no lo sabes lo confieso: Me tienes, completo. Pero soy paciente y cumplo mis promesas. No creas por un segundo que lo olvidé, porque constantemente tengo propósitos en esta materia, y si hacen latir mi corazón de la manera en que lo haces, simplemente no lo abandono.

Y aquí seguiré, intentando hacerme de madera para construir lo que hará continuar ésto. No sé si el rio seguirá con su ancho caudal ni sé si las ramitas que he juntado de tus destellos me alcanzarán para algo más que lo que tengo hoy: Una fogata de recuerdos y deseos. Porque aún ardo. Porque no me extingo.

Una vez escribí versos. Hoy tengo historias.

febrero 14, 2012

Estar soltero un catorce de Febrero

Una estrategia que siempre se ha usado por parte de quienes estamos solteros en el día del amor comercial es justamente eso: Resaltar lo poco significativo que es. Y, de hecho, es verdad: Es muy poco significativo y podríamos escribir millones de entradas en los blogs en contra del consumismo barato que se apodera de trillones de personas en el mundo... Pero esta vez no será así.

Si quejarnos nos hace ver más desesperados (si, lo hace, así es que deja ya de lloriquear) probablemente lo que estemos necesitando es un toque de alegría y cursilerías en nuestro día. Podemos celebrar varias cosas, sin olvidarnos de las muchas injusticias que se ciernen sobre el día a día de mucha gente, pero insisto, podemos celebrar varias cosas.

Esta vez creo que puedo celebrar mi soltería. No negando mis ganas de abrazar a alguien, ni censurando mis propias pulsiones. Puedo celebrar mi soltería porque, ya a casi un año de tenerla a mi lado, la soledad me ha hecho ver y sentir cosas que había dejado de lado. Dicen que para construir una relación con otro u otra hay que, primero, construirla con uno mismo y esa es una de mis frases motoras. Yo me amo, me amo con mis defectos -que sé que tengo, y me amo con mis cualidades. Me amo porque en realidad voy camino a lo que quiero ser, al menos tengo un norte claro. Y eso no significa necesariamente una lista de características a tener en los 40, pero sí significa que estoy en contacto con mis deseos y mis ambiciones, y que, aunque puedan cambiar, siempre estaré escuchando que tienen que decir.

Puedo celebrar mi soltería porque, en días como éste, puedo estar acostado en mi cama disfrutando de internet y alguna película que a mi me resulte interesante. Puedo comer cereales del plato, puedo escuchar música con audífonos. Puedo leer e incluso trabajar si lo quiero. Tengo tiempo y lo puedo destinar a lo que desee. Incluso lo puedo destinar a salir, a conocer a alguien... A suplir las necesidades que identifico en mi cotidiano. Puedo hacerlo y nada me detiene. Y, es más, estoy seguro que nada me detendrá si algún día tengo una pareja. Hoy soy conciente de que mi cuerpo es mi responsabilidad y soy yo quien decide sobre él. Ya entiendo que mis metas en la vida puedo compartirlas, puedo hacerlas converger con las de otra persona, pero nunca he de traicionarme por conservar a alguien: ceder por miedo a perder nunca es bueno. No estoy ni ahí con arriesgar un futuro de infelicidad por un presente de estabilidad.

Estoy feliz de mi mismo porque estudié la carrera que quise, que realmente me movió las entrañas y lo sigue haciendo. Estoy feliz porque me rodeé de la gente que me hizo bien tanto académica como amistosamente. Estoy feliz de eso, de los amigos y amigas que tengo. Estoy feliz de haber recobrado a mi mejor amigo, a ese que sé que estará ahí toda la vida. Estoy feliz porque tengo unos nuevo.
Estoy feliz, también, y puedo celebrar que me acerco a mi independencia. Celebro lo malo que ha sido el proceso, lo tóxico que ha sido el camino, porque hoy me hace pararme más fuertemente frente a las adversidades. Aplaudo lo inhumanos que fueron conmigo, lo crueles que han sido los comentarios que me han hecho por una u otra cosa. Agradezco todas las veces que me demostraron que no quiero ser como ustedes, porque reforzó mis ideales y me hizo querer perseguirlos con más fuerza. De verdad estoy contento de las muchas veces que me hicieron mierda mis argumentos, porque los reconstruí sólidamente y hoy sé quién soy, qué quiero y cómo obtenerlo.

El llanto de mi sobrino me ha recordado que me rodea gente hermosa, gente que vale la pena conocer y no olvidar. Me recuerda que he nacido en un hogar humilde que ha sabido perseguir lo que necesitaba. Agradezco al esfuerzo de mis padres por hacer de mi vida un viaje más cómodo, por haberme enseñado lo que sé y haber formado a una persona como yo, la cual se siente satisfecha de lo que es hoy.

Me deja tranquilo que mi pasado es algo con lo que he hecho las paces. Una vez que miras hacia atrás y atas cabos sueltos, pueden tomar toda tu experiencia, aprender de lo malo y apoyarte en lo bueno para girar la cabeza, mirar hacia adelante y decir: Esto es lo que viene, y es bueno.

Doy gracias, porque en este día de San Valentín estoy soltero, no tengo amante, pero todo lo que soy me enorgullece. Si bien la felicidad no es un estado, sino momentos; creo que puedo decir que soy feliz.

Si hoy es el día del amor, tomémonos un tiempo para mirarnos el ombligo y decir lo mucho que nos amamos y lo mucho que nos tiene contentos ser como somos. Y quizás hay cosas que mejorar, que cambiar, que dejar y eliminar... ¿Qué estamos esperando para empezar? Hoy es cuándo.

RELACIONACIONES